El pequeño león caza (Rembrandt, 1629)
El pequeño león caza (Rembrandt, 1629) | Máquina del Tiempo (Beta)
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Reyes I [17/34] Palabra de Jehová

Primer libro de los Reyes. Capítulo 13
por José de Segovia

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La historia está llena de interrogantes que podemos dejar que sigan siendo incomprensibles:

En la Biblia hay historias tan extrañas a veces como esta. Una historia que sin duda nos deja realmente perplejos. La historia de este hombre, un varón de Dios, del que no se nos da su nombre, anónimo, que viene de Judá a Betel; y en medio de aquel gran acontecimiento, cuando el rey Jeroboam está con toda la pompa celebrando un sacrificio en aquel altar; de repente en aquel momento solemne aparece este profeta y aparece con palabras de recriminación, de condena, de juicio por parte de Dios contra ese altar y contra lo que Jeroboam está haciendo. Podemos imaginar la escena, la escena de tremenda tensión. El rey con el brazo extendido señalando realmente a aquel intruso que venía de esta forma a estropear toda su ceremonia. Pero incomprensiblemente, incapaz de poder volver su brazo, sin poder volver a su postura normal, vemos que entra de repente en pánico, y clama al profeta para que le ayude, y cuando el profeta ora, vuelve de nuevo la sanidad y puede volver de nuevo el brazo a su sitio. Pero vemos que a partir de entonces, a pesar de todos los gestos que hace el rey para congraciarse con el profeta, invitándole a comer, ofreciéndole regalos, sin embargo el profeta lo desprecia, dice que la palabra de Dios específica para él es que no se quede allí más tiempo, que vuelva y salga de allí cuanto antes. Sale de allí, y en la casa de aquel otro viejo profeta, llegan sus hijos, contando lo que ha ocurrido aquel día, algo singular y extraño en medio de la ceremonia. Y aquel viejo profeta pide que le monten su cabalgadura y viene detrás de aquel siervo que había venido de Betel. Y vemos que cuando le encuentra en el camino, en una pausa que estaba, le invita nuevamente; y el profeta le recuerda una vez más el mandato de Dios, de cómo no ha de quedarse más allí, que ha de marchar, pero al mentir aquel profeta, le dice que ha recibido él otra palabra de Dios, otro mensaje que tiene que escuchar. Y sin protestas, ni más sorpresa, el otro profeta va detrás de él. Y allí estando en la casa, aquel profeta que había venido con la mentira, recibe una verdadera profecía, una verdadera palabra de Dios. En medio de la comida anuncia el juicio de Dios sobre lo que el siervo fiel de Dios había hecho. Y le anuncia que no tendrá una muerte tranquila. Efectivamente al ir en el camino se encuentra a aquella fiera, al león, y acaba su vida incomprensiblemente. Y entonces, sin saber por qué, aquel viejo profeta quiere ir a aquel lugar donde está el cadáver del cual ha escuchado a tantos testigos que pasaban por el camino, acerca de su muerte; y cuando va allí se encuentra sorprendentemente que está el cuerpo, pero está el león al lado, y no ha hecho nada con ese cuerpo, ni tampoco siquiera con el asno, el animal que le llevaba. Y ante esta señal, el viejo profeta, anuncia a sus hijos que la palabra de Dios se cumplirá, que él desea ser enterrado allá donde es sepultado ahora aquel siervo fiel porque la palabra de Dios es verdad.

Selección de apuntes:

  1. Por su misericordia Dios puede interrumpir nuestros planes
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  2. Dios habla con solemnidad y claramente
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  3. Dios no busca el juicio como fin último sino nuestro bien
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  4. El único refugio que tenemos en nuestra vida es Dios y su palabra
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  5. Estamos llamados a guardar activamente lo que hemos recibido
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  6. El más grande servicio a la verdad no nos garantiza la seguridad
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  7. Familiarizarnos con lo sagrado puede hacernos perder de vista su singularidad
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  8. Lo importante no es lo que decimos sino lo que hacemos
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Exposición utilizada con permiso de y grabada en Madrid, el 9 de Abril de 2006. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso, aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres. Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará. Cuando el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: !!Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar. Y el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová. Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes. Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente. Pero el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar. Porque así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que fueres. Regresó, pues, por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Bet-el. Moraba entonces en Bet-el un viejo profeta, al cual vino su hijo y le contó todo lo que el varón de Dios había hecho aquel día en Bet-el; le contaron también a su padre las palabras que había hablado al rey. Y su padre les dijo: ¿Por qué camino se fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde había regresado el varón de Dios que había venido de Judá. Y él dijo a sus hijos: Ensilladme el asno. Y ellos le ensillaron el asno, y él lo montó. Y yendo tras el varón de Dios, le halló sentado debajo de una encina, y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que vino de Judá? El dijo: Yo soy. Entonces le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan. Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar. Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el camino por donde fueres. Y el otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua. Entonces volvió con él, y comió pan en su casa, y bebió agua. Y aconteció que estando ellos en la mesa, vino palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver. Y clamó al varón de Dios que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al mandato de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había prescrito, sino que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el lugar donde Jehová te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres. Cuando había comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno. Y yéndose, le topó un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno junto a él, y el león también junto al cuerpo. Y he aquí unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo; y vinieron y lo dijeron en la ciudad donde el viejo profeta habitaba. Oyéndolo el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: El varón de Dios es, que fue rebelde al mandato de Jehová; por tanto, Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y matado, conforme a la palabra de Jehová que él le dijo. Y habló a sus hijos, y les dijo: Ensilladme un asno. Y ellos se lo ensillaron. Y él fue, y halló el cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cuerpo; el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno. Entonces tomó el profeta el cuerpo del varón de Dios, y lo puso sobre el asno y se lo llevó. Y el profeta viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle. Y puso el cuerpo en su sepulcro; y le endecharon, diciendo: ¡Ay, hermano mío! Y después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo muera, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios; poned mis huesos junto a los suyos. Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Bet-el, y contra todas las casas de los lugares altos que están en las ciudades de Samaria. Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino, sino que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares altos. Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y raída de sobre la faz de la tierra.

Primer libro de los Reyes. Capítulo 13

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

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