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Reyes I [02/34] La sangre de guerra

Primer libro de los Reyes. Capítulo 2
por José de Segovia

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Cómo se establece la seguridad en el reino de Dios:

Estamos a punto de acabar un nuevo año. Un año que ha sido sin duda de inseguridad para muchos. En el que mundialmente también hemos vivido un conflicto, en Irak, que ha afectado a muchos de los países de occidente y también de oriente. Y que ha traído a nuestro planeta también una situación de tensión. En ese problema hemos visto que se ha dividido el mundo, las naciones, incluso los países; la opinión de las personas ha sido diferente sobre ese conflicto. Unos han pensado que realmente para mantener la seguridad, no solamente de un país como Estados Unidos, sino del mundo, hacía falta una acción, una intervención activa, en este caso en este país de Irak que se relacionaba con esos atentados terroristas ocurridos en Estados Unidos. Y otra parte del mundo consideraba que no había justificación para semejante acción, que realmente excedía todo lo que significa una medida de prevención de la seguridad. Por lo tanto había una diferencia de opiniones entre cómo se logra la seguridad en el mundo. Algunos piensan que la seguridad se muestra en la defensa, en la respuesta que se pueda dar a los males que se producen, y otros piensan sin embargo que la seguridad se logra activamente, actuando e interviniendo. Y ambos puntos de vista son difíciles de reconciliar. Cada uno argumenta desde su punto de vista y piensa que la suya es la mejor forma de mantener la seguridad en el mundo. Esto que ocurre en los reinos de la tierra es algo diferente en el reino que tenemos delante de estas páginas. Este no es un reino como cualquier otro país que hoy conozcamos. Israel no es Estados Unidos ni ningún otro país que hoy encontramos en el mundo. Es un reino especial, un reino que Dios mismo había establecido. Dios lo había llamado de Egipto, cuando eran esclavos de otro señor, y había formado a ese pueblo. Había constituido esa nación. Pero era una nación especial, diferente a todas aquellas que le rodeaban. Y ese reino, vemos aquí, está en peligro, como tantas veces. El tema de esta mañana es cómo se establece la seguridad en ese reino, en el reino de Dios.

Selección de apuntes:

  1. La obediencia es la clave de nuestra seguridad
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  2. La ley bajo la que está el cristiano no está en duda o encubierta
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  3. La palabra de Dios no conoce ninguna otra salvación distinta a la que hay en Cristo Jesús
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  4. El propósito de la ley de Dios es nuestro bien
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  5. Gracias a la obediencia de Cristo podemos estar seguros en su reino
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  6. Nadie podrá responder ante el juicio de Dios con su propia justicia
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  7. El Señor no medirá nuestras acciones por el éxito que obtengamos con ellas sino por nuestra fidelidad a él
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  8. La obra de Dios implica también la destrucción de los enemigos de su reino
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  9. La voluntad de Dios está por encima de la voluntad de su pueblo
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  10. Nuestra única esperanza en la vida y en la muerte está en la justicia y en la seguridad de Dios
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Exposición utilizada con permiso de y grabada en Madrid, el 25 de Diciembre de 2005. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo: Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre. Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas; para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel. Ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter, a los cuales él mató, derramando en tiempo de paz la sangre de guerra, y poniendo sangre de guerra en el talabarte que tenía sobre sus lomos, y en los zapatos que tenía en sus pies. Tú, pues, harás conforme a tu sabiduría; no dejarás descender sus canas al Seol en paz. Mas a los hijos de Barzilai galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa; porque ellos vinieron de esta manera a mí, cuando iba huyendo de Absalón tu hermano. También tienes contigo a Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová diciendo: Yo no te mataré a espada. Pero ahora no lo absolverás; pues hombre sabio eres, y sabes cómo debes hacer con él; y harás descender sus canas con sangre al Seol. Y durmió David con sus padres, y fue sepultado en su ciudad. Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén. Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y su reino fue firme en gran manera. Entonces Adonías hijo de Haguit vino a Betsabé madre de Salomón; y ella le dijo: ¿Es tu venida de paz? El respondió: Sí, de paz. En seguida dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di. El dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro para que yo reinara; mas el reino fue traspasado, y vino a ser de mi hermano, porque por Jehová era suyo. Ahora yo te hago una petición; no me la niegues. Y ella le dijo: Habla. El entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón (porque él no te lo negará), para que me dé Abisag sunamita por mujer. Y Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey. Vino Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías. Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a sentarse en su trono, e hizo traer una silla para su madre, la cual se sentó a su diestra. Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me la niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré. Y ella dijo: Dése Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías. El rey Salomón respondió y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag sunamita para Adonías? Demanda también para él el reino; porque él es mi hermano mayor, y ya tiene también al sacerdote Abiatar, y a Joab hijo de Sarvia. Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, que contra su vida ha hablado Adonías estas palabras. Ahora, pues, vive Jehová, quien me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y quien me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy. Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, el cual arremetió contra él, y murió. Y el rey dijo al sacerdote Abiatar: Vete a Anatot, a tus heredades, pues eres digno de muerte; pero no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca de Jehová el Señor delante de David mi padre, y además has sido afligido en todas las cosas en que fue afligido mi padre. Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo. Y vino la noticia a Joab; porque también Joab se había adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar. Y se le hizo saber a Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehová, y que estaba junto al altar. Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo: Ve, y arremete contra él. Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová, y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino que aquí moriré. Y Benaía volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así dijo Joab, y así me respondió. Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale y entiérrale, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente. Y Jehová hará volver su sangre sobre su cabeza; porque él ha dado muerte a dos varones más justos y mejores que él, a los cuales mató a espada sin que mi padre David supiese nada: a Abner hijo de Ner, general del ejército de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, general del ejército de Judá. La sangre, pues, de ellos recaerá sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su descendencia para siempre; mas sobre David y sobre su descendencia, y sobre su casa y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte de Jehová. Entonces Benaía hijo de Joiada subió y arremetió contra él, y lo mató; y fue sepultado en su casa en el desierto. Y el rey puso en su lugar a Benaía hijo de Joiada sobre el ejército, y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar. Después envió el rey e hizo venir a Simei, y le dijo: Edifícate una casa en Jerusalén y mora ahí, y no salgas de allí a una parte ni a otra; porque sabe de cierto que el día que salieres y pasares el torrente de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza. Y Simei dijo al rey: La palabra es buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Simei en Jerusalén muchos días. Pero pasados tres años, aconteció que dos siervos de Simei huyeron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a Simei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat. Entonces Simei se levantó y ensilló su asno y fue a Aquis en Gat, para buscar a sus siervos. Fue, pues, Simei, y trajo sus siervos de Gat. Luego fue dicho a Salomón que Simei había ido de Jerusalén hasta Gat, y que había vuelto. Entonces el rey envió e hizo venir a Simei, y le dijo: ¿No te hice jurar yo por Jehová, y te protesté diciendo: El día que salieres y fueres acá o allá, sabe de cierto que morirás? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la obedezco. ¿Por qué, pues, no guardaste el juramento de Jehová, y el mandamiento que yo te impuse? Dijo además el rey a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; Jehová, pues, ha hecho volver el mal sobre tu cabeza. Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová. Entonces el rey mandó a Benaía hijo de Joiada, el cual salió y lo hirió, y murió. Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón.

Primer libro de los Reyes. Capítulo 2

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

Serie: Reyes I

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