Dios mira el corazón: Si consiguiéramos lo que deseamos

Es cierto que si leemos en Deuteronomio 17, Dios había hablado sobre la posibilidad de un rey. Si leemos en el versículo 14 de Deuteronomio 17, Dios había dicho a su pueblo que ′Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano. Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: No volváis nunca por este camino. Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.′ Así que a la luz de Dios, en Deuteronomio, a Dios no le pillaba por sorpresa la idea de un rey. Por lo que realmente el problema con el que nos encontramos en Primera de Samuel 8 no tiene tanto que ver con el hecho en sí de que pedían un rey, sino realmente las motivaciones que había detrás, el momento y la manera en la cual ese rey tenía que ser establecido.

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