Bienaventurados: Cristo a través de las Bienaventuranzas

Todos en esta vida venimos con sueños. Anhelos, aspiraciones, ilusiones, forman parte de la esperanza que nos mantiene vivos todavía, cada mañana. Pero también es cierto que a medida que nos vamos haciendo mayores nos vamos dando cuenta de que muchos de esos sueños, anhelos e ilusiones nunca van a ser realidad. Que forman parte de nuestras esperanzas, expectativas que teníamos. Y de esa manera nos preguntamos qué es lo que queremos, qué es lo que deseamos en la vida. Cuando nos acercamos a estas palabras del Señor Jesús, nos muestran algo muy diferente de lo que nadie de nosotros querría buscar anhelar, desear, envidiar de ninguna otra persona. ¿Quién puede decir que lo que sueña y anhela en esta vida es ser pobre?, ¿pobre en espíritu? ¿Quién diría que lo que anhela es llorar en esta vida? Que lo que quiere es ser manso, tener hambre y sed. Que lo que buscamos es ser misericordiosos, limpios de corazón o pacificadores. Realmente el Señor nos muestra una auténtica antítesis de lo que naturalmente ninguno de nosotros deseamos y buscamos en la vida.

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