Tomás L. de Victoria: ¿Et Jesum?

Madrid, 29 de mayo de 2005. El nombre de Tomás Luis de Victoria (1548-1611) cruzó en poco tiempo las fronteras de España y se extendió por toda la Europa del siglo XVI, siendo uno de los primeros compositores en introducir instrumentos de acompañamiento en las iglesias. Tanto en Holanda como en Inglaterra, su polifonía inspiró a transcriptores que la adaptaron para voz y laúd. Una selección de este repertorio íntimo, nos ofrece ahora el contratenor de Vitoria, Carlos Mena en Et Jesum (Harmonia Mundi), con arreglos para laúd y vihuela del sevillano Juan Carlos Rivera, que siguen la costumbre de la época de adaptar motetes, antífonas y partes de misas. El resultado es un disco bello y hermoso, que refleja el cuidado que Victoria ponía en cada detalle. Pero ¿qué dice de Jesús esta obra, llena de poesía y colorido, para disfrutar rodeado de mucho silencio?
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Oh, esplendor de los apóstoles,
Cristo, redentor de los pueblos,
a quien el apóstol Tomás.
habiendo palpado las cicatrices,
reconoció como el Señor Dios,
protege a tu pueblo,
al que redimiste con tu sangre.
Aleluya

Entre los músicos de su tiempo Victoria ocupa un lugar singular por haber compuesto únicamente música litúrgica sobre textos latinos. Como casi todos los grandes artistas del pasado, sabemos menos de su persona que de su obra. Celosamente escondido tras una vida de espiritualidad, sus escritos apenas hablan de otras cosas que de su trabajo y de su fe. Nacido en Ávila en 1548, fue el séptimo de una familia, huérfana de padre desde que tenía nueve años. Debió incorporarse poco después a la capilla de la catedral como niño cantor. Estudió en un colegio de los jesuitas, hasta marchar a Roma en 1567, para prepararse como sacerdote en el Collegium Germanicum, fundado por Ignacio de Loyola en 1522 para formar clérigos que devolvieran Alemania al catolicismo. Estamos por lo tanto ante la espiritualidad de la Contrarreforma. Victoria canta a Jesús, pero por medio de María…

Y a Jesús,
fruto bendito de tu vientre,
muéstranoslo después de este destierro.

Se alaba al Dios trino (Duo seraphim clamabant), pero también la perpetúa virginidad de María (Senex Puerum portabat). Nada raro, teniendo en cuenta su formación. Ya que cuando Victoria estuvo en el Collegium, la institución contaba con dos centenares de alumnos ingleses, italianos, alemanes y españoles, que estaban siendo preparados para hacer frente a la ′herejía luterana′. Dos eran sus grandes protectores: Felipe II y el cardenal de Waldburg, al que dedicó su primera colección de motetes (Motecta, Venecia, 1572).

Sed valientes en la lucha
y luchad con la vieja serpiente
y recibiréis el reino eterno.
Aleluya.

¿MISTICISMO?

En 1569, Victoria había comenzado a trabajar como cantor y organista en las dos iglesias españolas que había en Roma, a la vez que daba clases en su antiguo colegio y actuaba como maestro de capilla en el Seminario, donde había estado Palestrina. Su talento, obviamente no pasaba desapercibido. A pesar de su continua vinculación a instituciones eclesiásticas, no había sido todavía ordenado sacerdote. Al hacerlo, comenzó a disfrutar beneficios procedentes de las diócesis de León, Zamora, Plasencia y Osma, concedidos por el papa para otorgarle la independencia de un religioso ′secularizado′, pasando a ser miembro de la Congregación del Oratorio de Felipe Neri.



Los clérigos de esta comunidad debían mantenerse por sus propios medios. La Congregación era por eso muy distinta a una orden religiosa tradicional, ya que sus miembros no hacían voto alguno. Mantenido por el papa Gregorio XIII, Victoria se costea la edición de sus obras de su propio bolsillo, atendiendo directamente a su distribución, hasta que Felipe II le nombra capellán del convento de las Descalzas en Madrid. A pesar de lo que muchos piensan, nunca fue sin embargo maestro de capilla de esta institución. En estos años rechazó además ofertas para ocupar el magisterio de capilla en catedrales tan importantes como la de Sevilla o Zaragoza. ¿Por qué?.

Con frecuencia se han interpretado estas negativas como consecuencia del deseo del músico de dedicarse a la oración y la contemplación, de las que brotaría su arte como una suerte de efluvios místicos. Haber nacido en Ávila, como Juan de la Cruz o Teresa de Jesús, hace imposible esquivar el término ′misticismo′ al hablar de Victoria. Sin embargo la abundante documentación económica que ha dejado, lo convierten más en un experto en asuntos de dinero que en arrebatos del espíritu...

No hay que olvidar que Madrid era entonces la recién estrenada capital del Imperio más poderoso del orbe. El convento donde era capellán Victoria, era además el lugar de retiro de la hermana de Felipe II, Maria de Austria. Su posición le daba una libertad de movimientos, que le permitía incluso volver a Roma para atender cuestiones editoriales. Hace entonces su composición más famosa, el Officium Defunctorum (1605), que escribió para las exequias de su protectora, la emperatriz.

¿REINA DEL CIELO?

Las adaptaciones que aparecen en este disco vienen de un laudista holandés del siglo XVI, una colección de manuscritos en cifra italiana de la Biblioteca Británica del siglo XVII y los interpretes de esta grabación, que han recreado esta práctica de la época. Carlos Mena (1971) es tal vez el más prestigioso de los contratenores españoles. Formado por René Jacobs en la prestigiosa escuela de Basilea, ha colaborado con las principales formaciones de música antigua, recibiendo muchos premios por su selección de composiciones luteranas De Aeternitate, siendo ésta su primera colaboración para el sello Harmonia Mundi. Su espiritualidad es sin embargo muy diferente a la de aquella…

Madre nutricia del Redentor,
que eres la puerta accesible del cielo
y la estrella del mar,
socorre al pueblo
que cae e intenta levantarse.
Tú que engendraste,
con admiración de la naturaleza,
a tu santo Creador,
siendo virgen antes y después…

María es engrandecida, no sólo porque merece llevar en sus entrañas al Señor Jesucristo (O magnum mysterium), sino porque es la Reina de los Cielos. A ella claman por eso ′los hijos de Eva desterrados′, como ′nuestra abogada′, para que vuelva a nosotros sus ojos de Madre misericordiosa (Salve Regina). La Biblia, sin embargo da un lugar diferente a María…

Objeto de la gracia de Dios, es escogida para dar a luz al Mesías (Lucas 1:26-33). Pero su persona no es exaltada, por estar libre de pecado, sino que se le muestra la misericordia divina, ensalzada en su Magnificat (vv. 47-50). Ella misma expresa allí su necesidad de salvación. Es ′bienaventurada′, no porque sea una semidiosa, sino por la gracia por la que dio a luz al Hijo de Dios, según la carne. La Encarnación es por eso la intervención personal de Dios en la humanidad pecadora. Ella es tan humana como cualquiera de nosotros.

Los cristianos evangélicos seguimos así no sólo la línea de la Escritura, sino de los cuatro primeros siglos de la Iglesia. A comienzos del siglo V se comienza a honrarla en un culto público y una fiesta especial, pero no es hasta finales del siglo XII que María toma un lugar central en las representaciones que decoran las iglesias. Hasta entonces las pinturas murales tenían como tema central a la figura de Jesucristo en el Pantócrator, pero la Madre empieza a ocupar el lugar del Niño, cuya luz se apaga progresivamente. Es a ella a quien van dirigidas las oraciones que abren y cierran este disco, cuando sólo el ′Cordero de Dios quita el pecado del mundo′. Por eso rogamos:

Ten piedad de nosotros,
Cordero de Dios,
que quitas los pecados del mundo,
danos la paz.
(Agnus Dei)
Entrelíneas

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