Tom Morello: El fracaso y el mandamiento de la desobediencia

Barcelona, 7 de junio de 2017. Ser un profeta en tu propia tierra no es una tarea fácil. Y a menudo subestimamos lo que significa serlo específicamente en los Estados Unidos de América, un país democrático en la teoría - que en la práctica actúa como una dictadura, cuando se trata de encajar las críticas. El guitarrista Tom Morello ha encabezado la lucha contra la candidatura de Donald Trump, pero Tom no es de ese tipo de celebridad que viene fácilmente a la memoria. Tom Morello baja hasta el nivel en el que se gasea recurrentemente a los manifestantes.
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El 24 de junio de 2016 un aficionado preguntó a Tom Morello en Twitter: ′¿Qué influye más en tu música?, ¿la historia o la política?′ Los seguidores de la cuenta guardaron un incómodo silencio al leer finalmente la respuesta de este activista social. Apenas escribió dos palabras: ′La Biblia′. Probablemente no todos sus aficionados lo sabían entonces, pero en realidad no decía nada que no hubiese sido ya probado en otros medios de comunicación como el periódico The Huffington Post.

El profesor de literatura Michael J. Gilmour publicó en el 2011 a través de este medio, un auténtico estudio exegético identificando los textos específicos de los evangelios en los que había estado buscando inspiración Tom Morello. Parte de la familia de este músico es de ascendencia italiana y asiste cada día a misa. Él mismo asistió a la iglesia cada semana desde que cumplió un año, pero abandonaría esa costumbre al mismo tiempo que abandonaba la casa de su madre.

El mundo al revés de Mary Morello

Mary Morello ya había recorrido el mundo literalmente y enseñado inglés en Alemania, España o Japón antes de llegar a Kenia en 1960. Fue allí donde conoció a Ngethe Njoroge, un revolucionario que había luchado en el levantamiento mao-mao contra el Imperio Británico que había causado la muerte a más de 1.800 nativos.

Tom Morello nació como fruto de esa relación, que fue interrumpida un año después en Nueva York. Su padre volvió entonces a Kenia, continuó su carrera política, formó una nueva familia y no quiso saber nada del hijo que dejaba atrás. Mary, por su lado, volvió a Illinois y crió sola a Tom Morello en un suburbio donde, a semejanza de Bob Marley, él era el único y estigmatizado mulato.

A Tom Morello sin embargo no le faltó una buena educación. Su madre hizo extensible su formación y experiencia como profesora también a los amigos de su hijo, pero el único de su promoción en llegar a Harvard fue Tom Morello. Allí obtuvo su licenciatura en Sociología. Tom quiso entonces iniciar una carrera como músico pero al encontrar que una tercera parte de los anuncios clasificados buscaban exclusivamente a músicos cristianos se mudó a California con Adam Jones. Adam Jones había sido uno de aquellos alumnos de Mary Morello y con el tiempo se convirtió en el guitarrista de Tool, una de las bandas más subversivas e interesantes de los 90.

Mientras que Mary Morello luchaba contra la institución censora PMRC, Tom Morello probaba todo tipo de trabajos asistiendo a políticos o bailando con poca ropa, con el único objetivo de pagar sus facturas mientras formaba grupos sin éxito. Tom creía que no se iba a encontrar con músicos cristianos en California pero fue precisamente Jon Knox, el batería de White Heart, quien le presentaría a Zack de la Rocha.

La locura de Beto de la Rocha

El padre de Zack, Robert Isaac ‘Beto’ de la Rocha, llegó a adquirir cierta fama en Los Ángeles, California, como activista, profesor y artista plástico a principios de la década de los 70. Formó parte del grupo Los Four y fue en buena medida precursor del arte de inspiración mexicana que hoy utilizan grandes marcas como Disney o Hollywood para ganar cientos de miles de dólares celebrando el Día de los Muertos.

El alto nivel de reconocimiento que alcanzó no mejoró sus propios ingresos como él había imaginado, y eso empeoró la presión que sufría al no poder sostener a su familia. Según confesó mucho después eso le hizo caer en una profunda depresión. Creyó entonces encontrar una salida en una forma bastante legalista de cristianismo, pero el efecto fue justamente el contrario y pasaría los siguientes 20 años prácticamente encerrado entre cuatro paredes.

Zack de la Rocha recuerda muchas anécdotas donde su padre se precipitaba al fondo de la desesperación, a la angustia de un artista enfrentado al mundo con la idea de que toda forma artística o toda forma de placer es esencialmente diabólica. En cualquier caso cuando los dos se encuentran con Jon Knox, a Tom Morello le da la impresión de que Zack es una persona profundamente espiritual. Más incluso que él. Su lenguaje, al menos, evocaba continuamente los discursos de personas bastante religiosas como Malcolm X o Martin Luther King.

La espiritualidad de Rage Against The Machine

El origen activista de los músicos hacía prever un resultado especialmente explosivo. Tom Morello no tenía al principio esperanzas de llegar muy lejos con Rage Against The Machine pero para su propia sorpresa el single ′Killing in the name′ alcanzó el número 25 del Reino Unido. Bruno Brookes de la BBC, además, se equivocó y emitió en Radio 1 la versión sin censurar del disco, donde Zack de la Rocha gritaba 17 veces seguidas un memorable: ′¡Jódete!, ¡no voy a hacer lo que me has dicho!′.

Fue entonces cuando conocí a Rage Against The Machine. Uno de esos típicos estudiantes acomplejados estaba a nuestro lado, recién llegado precisamente del aburrido medio oeste de los Estados Unidos de América. Sonaba la misma versión por la radio y por la expresión de su rostro debía estar viendo el infierno abierto bajo sus piés. Su reacción ayudó sin duda a hacer ese momento especialmente inolvidable.

Para la cubierta del disco utilizaron la fotografía del monje vietnamita que ganó el premio Pulitzer en 1964. Poco antes una alianza del gobierno de Estados Unidos de América y el presidente católico Ngô Đình Diệm habían favorecido claramente una tensión en contra de la población budista, que culminaría con 9 muertos y 67 heridos de entre los pacíficos manifestantes budistas. Días después, el 11 de junio de 1963, el monje budista Thích Quảng Đức eligió un lugar céntrico de Saigón para prenderse fuego y dejar escrito el siguiente mensaje: "Le ruego encarecidamente al presidente Ngô Đình Diệm que tenga piedad del pueblo y decrete la igualdad religiosa que pueda mantener la fuerza de la patria para siempre".

La desobediencia ha sido un concepto clave en la historia del cristianismo. Los cristianos han sido perseguidos desde el Siglo I precisamente por negarse a inclinarse ante otros dioses. El problema se ha complicado claro cuando el propio gobierno se ha confesado a sí mismo cristiano. Tom Morello no es el primero en sufrir por ese conflicto: ¿cómo seguir el ejemplo de Cristo y enfrentarse al mismo tiempo a aquellos que se llenan la boca y la cartera con su nombre? Músicos que Tom Morello admira ahora como Woody Guthrie, Bob Dylan o Bono, ya se habían planteado esa pregunta antes que él.

Rage Against The Machine contaron a menudo con la colaboración del comprometido director de documentales Michael Moore. En el videoclip ′Testify′, por ejemplo, incluyen declaraciones de George W. Bush y Al Gore seguidas las unas de las otras, poniendo de relieve la poca diferencia que había en el discurso de los entonces dos únicos candidatos al gobierno. Los dos, obviamente, terminan su discurso diciendo exactamente lo mismo: ′¡Qué Dios os bendiga!′.

Rage Against The Machine ganaría tres discos de platino en su país, sólo de su primera grabación, pero Tom y Zack no tardarían en convertir cada pequeña decisión en un nuevo campo de batalla. En pocos años Zack abandonó el grupo y el productor Rick Rubin recomendó como sustituto a una vieja gloria de Seattle: Chris Cornell.

El final de la carrera de Chris Cornell

Chris Cornell poseía una de las voces más prodigiosas del planeta, pero grabó tres de los peores discos de su carrera con ellos. Hacía entonces esfuerzos inútiles por superar su alcoholismo, como parte de una lucha que había mantenido consigo mismo desde su infancia. Una lucha a la que puso punto y final precisamente este pasado mes. Lo hizo colgándose en el baño de un hotel, de una cinta de hacer deporte, hasta no poder respirar más.

Él no pasaba tiempo con sus compañeros de gira después de las actuaciones. Un día cualquiera, en una triste ciudad más, se despidió de 5.000 fans y tardó 15 minutos en llegar al hotel. Su guardaespaldas le ayudó a montar el ordenador y a tomarse un par de calmantes. Llamó a su esposa y le dijo que estaba cansado. Su guardaespaldas tenía llaves, así que Chris Cornell bloqueó las dos puertas que le separaban del pasillo para ganar tiempo.

La prensa y hasta su propia esposa habían sacado a la luz que vivía de la buena fama de sus primeras canciones con Soundgarden y que tenía que salir a actuar para pagar las facturas de sus muchas casas en Seattle, Miami, Londres, París o Roma. Vicky Karayiannis era en realidad mucho más que su esposa. Era también su manager y cuidaba de él. Fue también ella quien le introdujo al final de su vida en la Iglesia Ortodoxa Griega.

Su muerte ha ensombrecido una noticia realmente interesante: Chris Cornell acababa de componer y grabar la música de The Promise, la película sobre el genocidio armenio que está ahora en cartelera. Ese episodio histórico puede resultar de bastante actualidad hoy. En 1915 las juventudes turcas pretendían acabar con los armenios, los asirios y buena parte de los griegos, minorías cristianas en medio de un imperio dominado por el Islam, que no quisieron inclinarse a otros dioses. Hitler de hecho creía que ya habían desaparecido estos pueblos, cuando programó su fracasada campaña para hacer desaparecer a los judíos.

Chris Cornell confirmó hace apenas unas semanas, lo que le había sorprendido mientras se documentaba. Había observado en los videos que muchas de las más de 2.100.000 víctimas civiles, al ser deportadas preferían llevarse fotografías, a llevarse cualquier otra cosa como joyas o dinero. Ese interés en proteger los recuerdos, ya era grande para él mismo cuando estaba en la punta de la lanza de la música alternativa de todo el mundo.

La jaula oxidada de Soundgarden

La primera vez que vi a Chris Cornell fue poco después de las 20:00 del 30 de junio de 1992. Él recorría montado en bici un escenario de más de sesenta metros de anchura, una y otra vez, como una fiera encerrada en la pequeña jaula de un circo. A pesar de haber adoptado un discurso contracultural y anti-capitalista, la industria le había dado a su grupo el mismo lugar que antes le había dado a todas aquellas estrellas que él había criticado. Kurt Cobain de Nirvana tendría una experiencia de fracaso muy similar poco después.

Chris ya era alcohólico en 1992. Confesaba entonces que el verdadero problema era la depresión, no el alcohol, y que el único pensamiento que le daba paz era el recuerdo de su infancia. Trataba entonces de remontarse de forma recurrente a ese momento en el que su única preocupación era montar en bici. Con 10 años ya era tratado de depresión por su madre, que era farmacéutica. Fue expulsado de la escuela católica donde había sido matriculado, pero toda su vida la pasó haciendo referencia a los temas que conoció alli.

Chris Cornell no aprendió entonces algún tipo de seguridad en la religión, pero sí una forma de posicionarse en esa zona de tensión entre la decadencia de lo que había conocido y el anhelo de un ideal inalcanzable. Los primeros dos singles con los que consiguió atención titulados ′Jesus Christ Pose′ y ′Rusty Cage′ son sólo dos ejemplos, que no en vano llamaron la atención de Johnny Cash durante la grabación de ′American II: Unchained′.

La singularidad de Jesús

Tom Morello ha sido uno de los primeros en lamentar públicamente la pérdida de Chris Cornell. La lista de músicos a los que se ha unido en la lucha por la justicia social no sólo es enorme en cantidad sino también en extensión. Incluye nombres que muchos fundamentalistas de izquierdas no habrían querido ver junto al suyo como el de Chris Cornell. Es fácil encontrar a Tom Morello colaborando con Bruce Springsteen o con instituciones activas en los suburbios de Nueva York como la comunidad anarco-cristiana The Catholic Worker. También es extensa en el extremo contrario. No en vano Chuck D de Public Enemy se negó a colaborar con U2, pero sí ha colaborado con Tom Morello. Y si no hay presupuesto, entonces coje su guitarra, sus canciones folk y se expone actuando en cualquier sitio como The Nightwatchman.

Es posible que el sentimiento de minoría desprovista de poder haya despertado en los católicos de los Estados Unidos de América un sentido común más evidente. El 17 de mayo de 1968, por ejemplo, Daniel Berrigan y otros 8 sacerdotes católicos quemaron en un aparcamiento de Catonsville, Maryland, 378 expedientes del ejército como protesta en contra de su intervención en Vietnam: "Esto es una llamada de atención a la Iglesia Católica así como a otras entidades religiosas de América -escribieron en un comunicado- que enfrentan con silencio y cobardía los crímenes de nuestro país. Estamos convencidos de que la burocracia religiosa en este país es racista, cómplice de esta guerra y hostil con los pobres". Berrigan fue el primer sacerdote que entró en la lista de los más buscados del FBI, fue sentenciado a tres años de prisión y ocupó una portada de la revista TIME.

"El hambre y la pobreza no son obras de Dios, son un crimen en un mundo lleno de riqueza" -aseguraba recientemente Tom Morello en la revista Billboard. Darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios deja a menudo insatisfecho al César. Jesús había elegido bien a quien desobedecer y al final de su vida se encontró completamente solo. Muchos dictadores creen haber completado su obra cuando todo el pueblo está ya finalmente haciendo lo que él ha mandado. Jesús, que sí tenía verdadero poder, declaró completada su obra precisamente en la cruz, en un momento en el que incluso sus propios discípulos están escondidos o negándole.

Hay una gran diferencia entre el cielo y la tierra. Así de diferente es nuestra justicia de la justicia de Cristo. Quiera Dios que podamos imitarla todos los días de nuestra vida. Cualquier otra causa está destinada al fracaso. Es cierto que nuestras mejores obras son al lado de las suyas como trapos de inmundicia, pero a un pueblo entregado exclusivamente a la conservación de los valores religiosos, el profeta Miqueas decía así: "Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios".

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