Solaris: La búsqueda del perdón

Barcelona, 1 de enero de 2010. La película Solaris de Steven Soderbergh es una de esas superproducciones injustamente rechazadas por el gran público por razones que todavía hoy se discuten. ¿Por qué no pudo la mano mágica de James Cameron reproducir en esta película el éxito de Titanic o Avatar?
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A diferencia de la primera versión que hizo Andrei Tarkovsky en 1972, esta nueva hace todo lo posible por limitarse a tres o cuatro personajes. Estos pocos personajes además tratan sólo tres o cuatro temas trágicos. La indignación de Stanislaw Lem, que vió completamente cambiada la historia original que había escrito , le llevó a re-bautizar esta película con el despectivo título de "Amor en el Lejano Espacio".

Por su parte, Steven Soderbergh, el director de la nueva versión, no ocultó el poco interés que tenía en temas como la tecnología, a los que era tan aficionado el escritor polaco. Nada, sin embargo, como plantear temas como el amor o la culpa en el lejano y desconocido espacio, podría haber enfatizado mejor la realidad de que por mucho que lo intentemos, ni la voluntad, ni los recursos, ni el progreso, pueden alejarnos de ese nuestro trágico equipaje humano.

A pesar de que en la película los personajes están la mayor parte del tiempo sostenidos en el aire están también completamente hundidos por el peso de la vida desde el primer minuto. James Cameron, que compró los derechos a Stanislaw Lem y produjo esta película, confesaba: ′La película te lleva a los confines más remotos del universo, y lo que te vas a encontrar allí es a ti mismo."

"Kelvin se ve enfrentado a su propia memoria, a una repetición de las cosas por las que uno ha pasado, su culpa, su culpabilidad, los errores que uno ha cometido. Y tiene la oportunidad de cambiarlo, o quizás no′. ′Desde el momento en que Kelvin entra en la estación espacial, se sabe que ahí dentro se corre mucho peligro′, dice Cameron. ′No conoces la naturaleza del peligro nada más entrar. Piensas que podría ser cualquier cosa; podría tratarse de un monstruo o de un asesino. Resulta que el peligro es la propia locura de uno′. ′El tema de la predestinación es crucial′, añade su director, Steven Soderbergh. ′La relación entre Kelvin y Rheya había terminado de muy mala manera.

Cuando ella aparece a bordo del Prometheus, ambos luchan con la idea de que su relación esté yendo por los mismo derroteros por los que transcurrió ésta con anterioridad. Estos temas de la memoria, la culpa, la potencial redención y el tener la oportunidad de hacer algo otra vez y quizás hacerlo de manera diferente, me resultaban muy atractivos. Como uno de los personajes dice en un determinado momento de la película: ‘No hay respuestas, sólo elecciones’′.

Posiblemente esta es una película demasiado dura para todos aquellos que desean escapar de la idea del director pero lo cierto es que para aquellos que queremos enfrentarnos a ella la historia de Solaris es sobrecogedora. A medida que vamos acumulando recuerdos se amontonan más y más preguntas sin responder. Con cada paso que damos hacia adelante, el peso de la responsabilidad por las opciones que hemos dejado atrás nos lleva a menudo a desear una nueva oportunidad. Pero ¿realmente tenemos nuevas oportunidades?, ¿o son sólo torpes imitaciones del pasado?. La culpa nos ayuda a juzgar nuestro comportamiento pero a menudo no es posible restituirlo.

Si hasta en el espacio estamos sólo nosotros mismos, ¿acaso deberíamos ir más allá del espacio para encontrar un amor que sea posible restituir? En la Biblia encontramos al Creador dando una respuesta afirmativa a esta pregunta, una alusión a un amor que sí es posible restituir, no por ser menos valioso, sino precisamente por no ser un amor humano, equivalente y no estar sujeto por ello a las mismas debilidades que el nuestro. La garantía es que es el Creador quien toma la iniciativa y no las personas.

El profeta Isaías escribía esto a un pueblo abatido por la guerra:
"No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido. Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará. Y no me invocaste a mí, oh Jacob, sino que de mí te cansaste, oh Israel. No me trajiste a mí los animales de tus holocaustos, ni a mí me honraste con tus sacrificios; no te hice servir con ofrenda, ni te hice fatigar con incienso. No compraste para mí caña aromática por dinero, ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino pusiste sobre mí la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados." (Is.43,18-25).
Según la Biblia, por medio de Jesús, el perdón de nuestro Creador se hace extensible no sólo a ese pueblo, sino a todos aquellos que asumimos nuestra culpa delante de él, ¿pero estamos dispuestos a asumirla?, y si lo estamos, ¿estamos dispuestos también a que nos sea perdonada?.

"Todo lo que hemos hecho queda perdonado, todo". Oyendo estas palabras no pude evitar recordar unas palabras del apóstol Juan, que ha sido conocido como el apóstol del amor por el énfasis que hacía en sus cartas sobre ese tema. Habiendo estado durante mucho tiempo perseguido, estando preso y teniendo visiones que por su descripción bien podrían parecerse a las que pueden verse sobre la superficie de ese extraño planeta llamado Solaris, escribió: "Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos" (Ap.7,17). Yo, Señor, deseo con todo mi alma estar allí y verlo.

"Lo que hace relevante a Solaris hoy -decía el protagonista, Clooney, cuando era preguntado por la película- es que trata los temas básicos sobre los que constantemente nos estamos preguntando: amor, muerte, la vida más allá,... -cosas para las que no tenemos respuestas. Deseamos definir las cosas y las cosas que no podemos definir nos aterran. Queremos saber la altura o la edad de la eternidad. Todo lo que sabemos como humanos tiene límites -un principio, una mitad y un final."

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