Sin la Sombra: La caída de las torres en cartón pluma

Barcelona, 14 de julio de 2005. Coja un zapato y déjelo caer contra el suelo; asegúrese de que produce un sonido seco y fuerte. Hágalo preferentemente a la hora de la siesta, o por la noche, es decir, cuando sube el volumen de la vida. Espere unos minutos. En cualquier momento, oirá a su vecino de abajo que, entre gritos y nerviosismo, le pedirá que tire el otro zapato para que pueda descansar tranquilo.
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Esta es la metáfora sobre el miedo de la que parte Sin la sombra de las Torres, que apareció en las encuestas realizadas por las Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid a diversos puntos de venta y a críticos de ciertos periódicos... de los cuales muchos ha coincidido en encumbrarla como la mejor publicación en cómic de 2004. Una obra de Art Spiegelman, el célebre autor de la obra maestra del cómic: Maus. Cada cómic de Spiegelman es una reflexión diferente acerca de la maldad del ser humano. Una reflexión consciente, meditada y asimilada, debido entre otras cosas al lento proceso de creación - en una ocasión afirmó que ′trabajo demasiado despacio para responder a los acontecimientos efímeros mientras ocurren; ¡me costó trece años lidiar con la Segunda Guerra Mundial en Maus!′ - y también por las implicaciones autobiográficas que siempre ha imprimido en sus dibujos.

En palabras del autor, como resumen de los temas que trata, ′el desastre es mi musa′. De ahí que a veces se permita ironizar y usar el humor con una libertad que de otra forma no podría lograr. En este cómic en concreto, trata en profundidad el miedo de la sociedad americana que se disparó tras los atentados en el World Trade Center. Largo y tendido se ha hablado sobre ′la cultura del miedo′ y sobre las presiones y las tapaderas del gobierno de Bush. A través de gente como Michael Moore, por ejemplo, en el resto del mundo hemos podido convertirnos en analistas políticos y darnos cuenta de que los americanos están cada vez más locos. Spiegelman usa un soporte como el cartón pluma (ligero a la par que rígido) y el dibujo de gran formato, la caricatura, y menciones continuas a clásicos de la historia del cómic (muy buenos los homenajes a Happy Hooligan, Little Nemo y Krazy Kat), y ante todo un discurso directo y sin trabas. Parece querer decirnos, mientras nos metemos casi literalmente en sus enormes páginas, que el cómic es la única forma de ver el 11-S con objetividad y libertad. Por otra parte, el autor hace un llamado a que el mundo se de cuenta de que se acerca ′el fin del mundo′. Que con las Torres se desplomó también la normalidad. En una de las viñetas, durante un diálogo muy neoyorquino, se habla de la normalidad representada por una mujer que ya echaba de menos el que la atracaran todos los días... un hecho interrumpido por los acontecimientos vividos.

Sin embargo, lo que más interesa del cómic es la idea que transmite de la necesidad de aprender a vivir con el mal. Y aquí es donde un servidor se sitúa en contra. Spiegelman admite como gran verdad que ′cada Edén tiene su serpiente; uno tiene que aprender de algún modo a vivir en armonía con ella.′ Cierto es que el miedo y la amenaza, convertidas en armas políticas, han condicionado en gran manera la visión del mundo y han contribuido a distorsionar, a ocultar, la verdad. Cierto es que el hombre ha quedado degradado en gran parte por su propio egoísmo y su propia sabiduría. Cierto es que, como en Krazy Kat, somos blancos contra los que se lanzan ladrillos constantemente, desde el poder, desde la falta de libertad que acarrea el abuso de la libertad. Desde el mundo polvoriento donde la violencia, el terrorismo, la agonía... crecen y extienden sus raíces. Pero no es verdad que tengamos que convivir armoniosamente con este hecho. Hemos de ser intolerantes con el mal. Con lo que separa al ser humano de su relación con Aquél que lo creó.

No vivimos en un Edén que podamos recuperar alistándonos en una ONG, ni hemos de ′conformarnos a este mundo′ (Ro. 12:2). Spiegelman asegura que está en ello, que le cuesta ir de la mano de lo establecido. Y es que pocas veces, aunque sea de forma indirecta, se oyen voces que animen y llamen la atención a dejar a un lado, sin perder de vista, la sombra de un edificio imponente que se te viene encima; o el impacto de un ladrillo contra la psique o el corazón... cada vez susurran más esas voces que salen en favor de la redención del ser humano, de que éste deje su enajenación mental y recupere su necesidad de creer, de querer cambiar, de unirse a un nuevo coro de nuevas voces. En definitiva, podemos aprender con la adecuada perspectiva, que necesitamos ir contra corriente y no aceptar la postura más fatalista y atractiva que se nos ponga por delante.
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