Sin City: Ciudad del pecado

Barcelona, 14 de julio de 2005. Sin City es el lugar sin ley. Sitio lleno de perdedores y de aquellos seres que han vendido su dignidad y en algunos casos, incluso su alma. Donde viven los ′perdidos, solos y letales′. Sus nubes son de corrupción y sus muros en blanco y negro; pero blanco y negro de verdad, sin matices. Es la dura realidad a la que se enfrenta quien se sumerge en sus páginas por primera vez. Sin City es la obra maestra de Frank Miller, uno de los grandes guionistas y dibujantes de cómic de la década de los 90. Forma parte del clan de siete dibujantes, llamados ′los siete magníficos′ que se reunieron para la fundación de la editorial ′Legend′, a finales de los 80, con el fin de dar rienda suelta a sus ideas sin restricciones de ningún tipo. Es en ese clima de libertad creadora donde se revitaliza por enésima vez el mundo del cómic y aparecen personajes más oscuros a la par que con ese ambiente de cine negro, los cuales forman el entramado de Sin City. Esos mismos personajes son el motor de las historias que tiñen de incertidumbre, desengaño y pesimismo las calles de esta ciudad.
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La primera novela gráfica que inauguró la serie (publicada a principios de los 90) comienza cronológicamente por el final. El resto de personajes van conformando las distintas historias paralelas que se cuelan por los callejones sin salida y se hunden en los pozos de brea. En esta ciudad no existe la justicia y el amor se ve a través de un cristal borroso. Por eso no hay final feliz y todos pecan una y otra vez, sin poner un remedio. Sin creer realmente que exista ese remedio. Para enfatizar este clima de opresión y desamparo, el autor utiliza escorzos imposibles, diálogos breves y densos, una ausencia total de fondos, y un gran expresionismo. Algunos de sus ′héroes′ callejeros, parecen actores de kabuki: hieráticos, fríos... las mujeres son seres débiles que reciben las consecuencias de las frustraciones de los hombres; son bellas por fuera, pero flores marchitas en su interior. Otro elemento más que añadir es el ansia de venganza de todos y cada uno de sus personajes centrales. Lo cual les precipita al mismo tiempo a un infeliz final.

Pretendemos con este artículo lanzar preguntas y reflexionar, más que dar respuestas sencillas. ¿Vivimos en Sin City? ¿Es este mundo tan despiadado y cruel que puede transformar a las personas y convertirlas en seres sin alma, sin fe? Son preguntas que antes o después acabamos planteándonos, especialmente al leer una novela gráfica como esta, o al ver la última película de Robert Rodríguez, codo a codo con Miller, sobre la misma. Es inevitable encontrar comparaciones y paralelismos entre el universo desplegado en la Ciudad del Pecado y la ciudad donde vivimos; tanto más si nuestra ciudad es grande y la sombra de sus suburbios se extienden a lo lejos. ¿Puede influir la ciudad con su ritmo, su clima y sus habitantes en nuestras emociones, en nuestro carácter? He dejado un detalle de los personajes de este cómic para el final. Son seres que se dejan llevar por el aire enrarecido del asfalto de las calles. No ven la luz, porque creen que ha sido tapada y escondida. No creen, porque no quieren creer. En efecto, todos estamos haciendo nuestra vida en un lugar donde se extienden las tinieblas. Pero algunos podemos decir que ′aunque more en tinieblas, Dios será mi luz′ (Miqueas 7:8).

Habitamos en la ciudad del pecado, pero creyendo en Dios podemos salir a la luz, sin que los ásperos muros de la maldad y las nubes de la desilusión puedan hundirnos y nos conviertan en algo que no podamos reconocer. Nuestro Dios ′perdona la maldad, y olvida el pecado... sepultará nuestras iniquidades y echará a lo profundo del mar todos nuestros pecados.′ (7:18-19). No se trata de ser tremendista ni ver cosas donde no las hay. Se trata de ser conscientes de nuestra manera de vivir y se coherentes con nuestra manera de pensar. Personajes como Marvin representan fielmente una actitud muy fácil de identificar: el que se esconde en su gabardina, con las solapas cubriéndole inútilmente de un frío persistente; el que se llama a sí mismo cobarde y que ve, como única salida, descender más aún a su infierno personal. A su desván, junto con lo viejo inalterable, que es como el polvo asentado y difícil de limpiar. Ocurre que a medida que el cómic se está convirtiendo en un medio más accesible (está desapareciendo el aire underground que siempre le ha caracterizado) y llega a mucha más gente, los personajes están recuperando ese aspecto anti-heroico y de humanidad que logra una identificación mayor con el lector. En otras palabras, el cómic contiene una carga importante de moralidad, e invita a la reflexión tanto como un buen libro. Una vez tenemos claro este punto, podemos hacernos la pregunta del millón de dólares: ¿Se puede ser diferente? Yo creo que sí.

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Comentario de Marvin

"hOLA SABEN SOLO QUISIERA SABER SI ME PUEDEN ENVIAR EL LIBRO DE LA OBRA PORFA ME VA A SERVIR EN UN TRABAJO DEL COLEGIO SE LOS AGRADECERE MUCHO PORFAVOR EN VERDAD ME VA HA SERVIR."

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