Sangre Sabia: La sangre sabia de Flannery O′Connor

Madrid, 30 de junio de 2011. Se acaba de editar en DVD la película Sangre sabia (Wise Blood), del director norteamericano John Houston. Se trata de una fiel adaptación del libro de la escritora católica Flannery O′Connor (1925-1964). En Estados Unidos se han publicado ya numerosos estudios sobre la obra de esta autora, por escritores evangélicos, mientras sus libros acaban de ser reeditados en castellano. No podía ser mejor momento para introducirse en el inquietante mundo de O′Connor…
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La generación perdida

Esta hija única de una acomodada familia sureña de origen irlandés es contemporánea de Truman Capote, Saul Bellow y John Salinger; o sea, forma parte de la llamada ′generación perdida′ de la literatura norteamericana. Y es en ella donde más aparece el elemento religioso, hasta llegar a ser casi obsesivo y desquiciante. Muchos lo han atribuido a su origen irlandés, pero si esto justifica algo será tal vez su catolicismo, no sus inquietudes espirituales.

Su obra es tremendamente corta, a causa de su muerte prematura tras una larga enfermedad. No ha dejado nada más que dos novelas: Sangre sabia y Los violentos serán arrojados (desafortunadamente traducida en España como Los profetas; que a pesar de sonar algo bíblico, no es lo mismo). A éstas hay que añadir dos colecciones de cuentos: Un hombre bueno es difícil de encontrar, y su obra póstuma Todo lo que se levanta debe converger (Las dulzuras del hogar, en otra ′afortunada′ traducción de Lumen).

Cuando llega a ser conocida en Estados Unidos es en los años sesenta. Antes había publicado una primera novela corta en 1947 (no traducida al castellano), pero será en el año 52 con Sangre sabia que empiece a ser reconocida por la crítica, llegando a ser verdaderamente popular a partir de 1960. No obstante, en España sigue siendo poco conocida.

La Iglesia sin Cristo

La famosa expresión que se convierte en el mensaje central del joven predicador Hazel Motes, en Sangre sabia, es todo un paradigma. Como dice la propia autora en el prólogo a su segunda edición: ′Que la creencia en Cristo sea para algunos hombres una cuestión de vida o muerte, ha sido un constante obstáculo para aquellos lectores que prefieren pensar que es una cuestión de escasa importancia′. Porque la negación sistemática de toda fe cristiana, que hace la Iglesia sin Cristo, finalmente no hace más que reafirmarla.

Esta oscura historia no es ni mucho menos una sátira humorística del ′predicador de dólar′; es la experiencia atormentada de un hombre en búsqueda de la paz espiritual. La paranoia que Motes ha heredado de su padre, una especie de evangelista de inconfundible sabor pentecostal, parece haberle marcado una visión un tanto esquizofrénica de la fe, en la que el arrepentimiento es todo un proceso de penitencia.

Los personajes que le rodean no son menos sombríos e inquietantes: el predicador que afirma haber sido cegado por Cristo, no siendo ciego en realidad; su desesperada hija, que se aferra a Hazel como la salvación para su soledad; el triste Enoc, que ha puesto toda su confianza en la figurilla disecada que quiere que sea ′el nuevo Jesús′; el desalmado que busca ser un pobre impostor, para usurparle en su papel de predicador; la desgraciada patrona, o la misma prostituta.

En busca de paz

Si hay una impresión clara en la novela y en la película es la inquietud sobrecogedora de Hazel y todos los que le rodean, pero sobre todo en él. Su conciencia de pecado le hunde como una losa, haciéndole revolverse desesperadamente. Todo el final de su vida, desde el momento que se ciega con cal viva, es un largo proceso de penitencia y arrepentimiento en busca de paz.

Las piedras que vuelve a meter en sus botas, como cuando era niño; los alambres con los que rodea su pecho; su vagar bajo la tormenta, son todo ejercicios de autosufrimiento, ansiando limpieza espiritual. Hasta que, en su agonizar, vemos claramente en el libro que parece haber alcanzado una cierta paz.

Aparte de las muchas lecturas que la historia tiene, sea en su aspecto de comercialización de la religión, fanatismos sectarios, la cultura evangélica del Bible Belt norteamericano (la zona mayoritariamente protestante de Estados Unidos), con todos sus elementos folclóricos, o bien su aspecto más existencial, de profunda soledad humana, es una vida que se antoja realmente terrible. Sin nada por lo que vivir, y nada a lo que agarrarse.

Pero, sobre todo, encontramos un aspecto distorsionado de la fe -propio de una escritora católico-romana como O’Connor-: la justificación por las obras. El angustioso ejercicio de penitencia que parece hacer falta para llegar al arrepentimiento. Esa negrura de corazón que aterra a Motes es el mismo sentimiento y convicción de pecado de Agustín o Lutero. Con la diferencia que ellos se vieron ′justificados, pues, por la fe′ -con Pablo- ′teniendo paz para con Dios por medio de su Señor Jesucristo′ (Romanos 5:1). Y, bíblicamente, no hay otra forma de encontrar paz para con Dios, y para contigo mismo.

Este artículo es una adaptación de un texto publicado en la revista Panorama Evangélico (nº 63) el año 1987, que ha transcrito Anna de Kraker, con permiso del autor, quien lo ha revisado también para su publicado actual.
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