Philip Pullman: ¿El buen Jesús y Cristo el malvado?

Madrid, 22 de abril de 2011. A Philip Pullman parece que le divierte la controversia. Tras molestar a muchos cristianos con su trilogía contra Dios y la Iglesia, La materia oscura, publicó la Pascua pasada en Edimburgo, el libro que ahora publica también en Barcelona esta Semana Santa, bajo el provocativo título de El buen Jesús y el Cristo Malvado (Reservoir / Mondadori, 2011). Nos cuenta ′una historia′ -dice en grandes letras la contraportada- de ′Jesús y su hermano Cristo, de cómo vivieron y de cómo murió uno de ellos′.
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Como a la mayoría de la gente que le gusta inflamar la indignación religiosa, Pullman tiene una relación muy compleja con la fe. Por un lado, dice que sus ′libros son sobre matar a Dios′ y que ′lo que intenta es socavar la base de la fe cristiana′. Por otro, reconoce que ′sería un completo idiota si quisiera socavar el cristianismo′. Ya que ′se estaría también socavando a sí mismo′. De hecho, confiesa ser ′un ateo cristiano, más particularmente un ateo de la Iglesia de Inglaterra, o aún más específicamente un ateo del Libro de Oración Común de 1662′, que le fascina especialmente.

En una entrevista además, con un conocido especialista evangélico británico sobre su obra, Tony Watkins -que ha escrito un libro sobre él-, cuenta cómo tuvo interés en los grupos cristianos que se reúnen en casas y buscó uno de ellos en Oxford, la ciudad donde vive. Le impresionó al principio la relación que tenían y la ayuda que se daban, unos a otros. Aunque luego se decepcionó al verles ′hablar en lenguas′ -lo que considera un fraude-. Por lo que dejó de asistir a sus reuniones…

¿EL BUEN JESUS?

La premisa sobre la que se basa esta novela, no es especialmente original: Jesús era un buen hombre, un maestro sabio que animaba al pobre y al oprimido. No pretendía otra cosa. Otros utilizaron sus historias para crear un movimiento para cambiar el mundo y controlar a la gente. Partes están retorcidas, otras exageradas, pero algunos elementos -como su divinidad y resurrección- están totalmente inventados. Lo que Pullman nos presenta, no es nada nuevo, pero lo hace de una forma original y diferente.

María tuvo gemelos. Uno, lo llamó Jesús, y al otro Cristo. Sus vidas se cruzan a menudo, pero siguen un curso diferente. Jesús era fuerte y saludable. Tras una infancia traviesa, se hace carpintero, convirtiéndose luego en predicador y sanador itinerante. Aunque no se considera alguien importante, la gente empieza a hablar de él como el Rey Jesús, haciendo su ejecución algo inevitable.

Para hacer este libro, Pullman ha leído los evangelios en tres versiones distintas. Al releer los Hechos y las cartas de Pablo, le llamó la atención la forma cómo el apóstol se refiere a Jesús como Cristo. Llega a la conclusión que con ese nombre, Pablo ya no se refiere a Jesús, el hombre, sino Dios. Sobre esto se establece el cristianismo.

¿EL MALVADO CRISTO?

Pullman decide reescribir la historia de Jesús, mostrando esta tensión por medio de dos personajes. Es el hermano de Jesús, Cristo, el que manipula los sucesos y distorsiona las historias, para fundar la Iglesia. El relato sigue más o menos fielmente la historia de los evangelios, hasta que Cristo tienta a Jesús en el desierto -en vez de Satanás- a utilizar su carisma, para unir al mundo en ′el Reino de los fieles′ (p. 41).

Cuando Pedro sugiere que Jesús es el Mesías, Jesús se apresura a silenciarle. Sin embargo, Cristo, no queriendo que la verdad arruine una buena historia, añade el papel de Pedro en edificar la Iglesia. Es Cristo, no Judas, quien traiciona a Jesús. Y tras la crucifixión, pretende ser él, para convencer a la gente que ha resucitado de los muertos.

La conclusión es clara. La Iglesia se basa en la fabricación de una historia. Para el autor de La materia oscura, la Iglesia es algo malo. La religión organizada es siempre controladora y manipulativa. No hay duda que la experiencia de Pullman con la Iglesia ha sido tremendamente decepcionante. Su libro no es por lo tanto una amenaza para el verdadero cristianismo, sino un estímulo al creyente para pensar en qué ha convertido la religión a Cristo.

VOLVER A LAS FUENTES

El hecho de que un ateo como Pullman se esfuerce tanto en negar la divinidad de Jesús, muestra la atracción que tiene todavía Jesús, incluso para aquellos que rechazan la religión. Como el autor nos desafía, tenemos que volver a las fuentes, para saber de verdad quién es él. Y es a esa luz que debemos evaluar también esta novela.

Es curioso la forma cómo este libro vuelve a contar los incidentes de los evangelios. Lo hace de un modo breve y contenido. El tono bíblico y la presentación del libro, dan la impresión a veces de estar leyendo una antigua traducción de la Escrituras, con algunos detalles adicionales. El relato, sin embargo, cambia a veces considerablemente. Hasta el punto de que en ocasiones, distorsiona totalmente la Historia original.

No sólo hay referencias al trasfondo de la Historia, citando el Antiguo Testamento, sino también relatos basados en los llamados evangelios de la infancia, especialmente el de Tomás. El problema es que este libro se escribió dos siglos después de los evangelios de la Biblia. ¿No es evidencia eso de que estas historias son inventadas, en vez de parte de la historia original de Jesús? ¿Cómo se puede dudar de la historicidad de los evangelios, por estar escritos unos años después, y luego dar crédito a unos textos, hechos dos siglos después?

ATAQUE A LA RELIGIÓN

Pullman piensa que lo que leemos en los evangelios, no es lo que realmente ocurrió. El verdadero Jesús histórico es un buen hombre, realmente inspirador. Es la Iglesia primitiva, la que inventa la encarnación y la resurrección. Es la vieja antítesis entre el Jesús de la Historia y el Cristo de la fe, sólo que presentada de otra manera. La arrogancia es la misma: ′Creo que mi versión está más cerca de lo que Jesús realmente dijo′, afirma el autor, sin modestia alguna. ′La versión de los evangelios ¡es tan diferente de lo que normalmente dijo!′, asegura Pullman, con la pretensión de alguien que pudiera ser testigo de aquellos acontecimientos.

Cuando Jesús llega a Getsemaní, se da cuenta de que todo se ha vuelto en contra suya. El personaje pierde la fe y se compara al necio que dice en su corazón: ′no hay Dios′ (Salmos 14:1; 53:1). Su conclusión es que ′cuando el necio reza y no recibe respuesta, decide que la gran ausencia de Dios significa que Dios no está en ningún lado′ (p. 154). Se pregunta entonces si el sueño de Cristo de hacer una iglesia, no sería correcto. Aunque lo rechaza, pensando que llevará a la crueldad y al abuso de poder.

Es fácil para los cristianos ponerse a la defensiva, cuando se ataca a la Iglesia. El problema es que aunque Pullman confunde su origen, muestra la realidad de que la estructura eclesial ha abusado de su poder y autoridad. Lo que pasa es que el Jesús que se enfrenta a la religión, no es otro que Jesucristo. El verdadero cristianismo se basa en la vida, muerte y resurrección de Jesús, quien es realmente el Cristo.

EL LEÓN ES EL CORDERO

El Jesús que entra en Jerusalén (Marcos 11:1-10), se presenta como un Rey Siervo. Vemos su majestad en humildad. Jesús combina en su carácter rasgos que consideramos realmente incompatibles. En él vemos su poder, revelado en completa mansedumbre; su perfecta justicia, en una gracia sin límites; su absoluta soberanía, en profunda sumisión; toda su suficiencia, en una entera confianza y dependencia de Dios. Pero estos extremos no provocan la ruptura mental y emocional de una personalidad dividida. Todo lo contrario, en él está la humanidad completa, con toda su hermosura.

Juan descubre que el León de Judá es el Cordero que está sentado en el trono (Apocalipsis 5:5-6). El rey manso entra en la ciudad para limpiar el templo (Marcos 11:11-17), mostrando la ira del Cordero (Apocalipsis 6:16). Puesto que él es tanto el descanso, como la tormenta; la víctima, como el que sostiene la ′espada encendida′ (Génesis 3:24), que nos separa de la presencia de Dios, desde el Edén perdido. Podemos aceptarle o rechazarle, pero ′la bondad y la severidad de Dios′ (Romanos 11:22) están en su misma persona. El es verdadero Dios y verdadero hombre.

O le matamos, como aquellos religiosos, que condena Pullman, o le coronamos como rey de nuestra vida. Lo que no podemos decir es que es sólo una buena persona. Los maestros de la ley que conspiran contra él, para matarle (Marcos 11:18), estaban equivocados, pero su reacción tiene sentido. El Jesús que une tan aparentes extremos de carácter en un ser integrado y equilibrado, demanda esa misma respuesta extrema de nosotros. O le quitamos de en medio, o nos entregamos a él. No hay otra opción posible.
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