Peter Gabriel: La vuelta

Madrid, 3 de mayo de 2005. Un artista que tarda diez años en hacer un trabajo, o no es profesional, o tiene tanto dinero que puede permitirse el lujo de tomarse el tiempo que quiera. El músico británico Peter Gabriel es todo un mito para aquellos que estamos ya camino de usar audífonos, pero para las nuevas generaciones su nombre suena más a arcángel de videojuego que a leyenda del rock. Porque el cantante de Genesis ya no se disfraza de nada. A los 50 años ya no es tan fácil arrojarse sobre el público, y seguir cantando. Gordo y calvo, ahora parece Buda. Pero su nuevo álbum, Up (Arriba), revela una actitud serena y trascendental, que busca sentido a la vida.
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Cuando en 1969 grabó su primer disco, Gabriel tuvo sólo un día para preparar la presentación de Genesis. Con ellos hizo obras tan importantes para la música popular contemporánea como The lamb lies on Broadway (El cordero yace sobre Broadway) en 1974. Pero un año después anunciaba su separación del grupo, ya que acababa de tener una hija, había comprado una casa de campo, y prefería cultivar su huerta a seguir siendo un ídolo del rock sinfónico. Muchos críticos pronosticaron entonces la defunción de la banda, pero su siguiente álbum con Phil Collins como cantante, tuvo más éxito que todos los anteriores. Gabriel inicia entonces una carrera en solitario, lejos de multitudes, hasta que en los años ochenta vuelve a conectar con el gran público que no le ha visto nunca disfrazado de planta, zorro, o de libélula. Ahora hace lo que quiere.

En sus estudios a las afueras de Bath (Inglaterra), Gabriel compone músicas para películas o la Cúpula del Milenio de Londres, pero sobre todo produce a artistas de todo el mundo. En un conjunto de casas de piedra en torno a un río, rodeadas de bosque, graba música étnica para su sello Real World (Mundo Auténtico). De hecho, hace ya veinte años que fundó la organización de WOMAD (Mundo de Música, Artes y Danza) para promover conciertos que puedan dar a conocer a artistas de tantos rincones olvidados del planeta, que pasarían sino desapercibidos, en una escena fuertemente controlada por la industria. ′Ahora la radio depende de intereses comerciales′, dice Gabriel. ′El pop ha dejado de ser radical y la televisión es un desastre′. Por eso en una de las canciones de su último álbum hace una parodia de los excesos a los que está ahora llegando la telebasura (The Barry Williams Show). Vivimos un tiempo en que ′las ideologías, las religiones establecidas, todo se ha puesto en tela de juicio′.

Peter Gabriel está buscando su lugar en el mundo. Durante un tiempo ha vivido en Dakar. Ha recorrido Etiopía, China y Brasil. Y este trabajo que ha publicado ahora, lo comenzó en Senegal, lo continuó grabando en los Alpes, y luego en un viaje por el Amazonas con un estudio flotante. Por eso en su última gira utilizó una coreografía del director y cineasta canadiense Robert Lepage, en que abría una maleta en la que desaparecían los músicos al final del concierto. Un tránsito que refleja su canción del último disco Más que esto: ′Desperté y el mundo afuera estaba oscuro / todo tan silencioso antes del amanecer / abrí la puerta y caminé hacia fuera / el suelo estaba frío / Ande hasta que ya no pude más / a un sitio donde nunca había estado / presentía algo en el aire / más que esto / mucho más que esto / hay algo más allí / cuando todo lo que tengas haya desaparecido / Ahora estamos ocupados haciendo planes / sobre fundamentos que permanezcan / pero nada se desvanece tan rápido como el futuro / y nada se agarra como el pasado, hasta que veamos / más que esto′ (More than this).

Gabriel tiene un padre con 90 años, y un hijo que va a cumplir ahora su primer año. Por eso en el disco ′hay cuatro o cinco canciones que hablan de la muerte, y otras que son referencias al nacimiento, a la vida′. Dice que la muerte ha estado más presente en su vida estos últimos diez años, ya que sus amigos se hacen mayores y mueren. El tema que abre el álbum recuerda su experiencia de horror desde la infancia: ′Tengo miedo de lo que no conozco / odio ser despreciado / tengo miedo de ser un hombre diabólico / y me aterroriza lo divino′ (Darkness). La siguiente canción, Crecer, sigue el viaje del individuo desde su nacimiento a la muerte, buscando su papel en la vida. Y en Cielo azul siente que ha perdido su tiempo y su lugar en el mundo, cansado de viajar.

El cantante muestra en Sin salida como la vida rutinaria es salvajemente destrozada por un accidente de coche, que nos recuerda el débil hilo que nos sostiene. Esa experiencia de luto le lleva a buscar ′algo más allá′, en el tema que estaba ya en la película City of Angels: ′Dicen que la vida sigue / sufro por ti / me dejas / echando de menos lo que se ha ido / el coche en que viajamos / una casa en la que vivimos / el rostro que ocultamos (I Grieve). Peter Gabriel ha leído mucho esoterismo, pero dice que no tiene un pensamiento mágico. El misterio que le atrae es ′el mayor enigma que existe, la naturaleza misma′. Ya que ′somos pequeñísimas criaturas que integramos un organismo cuya forma ignoramos′. Pero le preocupa sobre todo el problema del dolor.

′¿Hasta dónde necesitamos que los demás sean responsables de nuestro sufrimiento?′, se pregunta Gabriel. ′De algún modo esto se remonta a la infancia, cuando buscamos culpables para las cosas que hacemos′. Sus canciones reflejan por eso una tragedia moral, como Signal To Noise. Es la impotencia de descubrir tu falta de control: ′Sabes que odio hacerte daño / odio ver tu dolor / pero no sé cómo parar′ (No self-control). Por eso ′calle tras calle / noche tras noche / camino bajo la lluvia / no sé cómo parar′, dice en una canción del año 80. Anhela compasión ′buscando misericordia / en los brazos de Papá / soñando en la calle misericordia′ (Mercy Street, 1986).

Este es el aspecto de Peter Gabriel que más me conmueve: su sincera confesión de fracaso. No olvidemos esa tremenda realidad espiritual que hay detrás de sus muchos esfuerzos por la ecología y los derechos humanos. Es misericordia lo que él y nosotros necesitamos. Y eso es algo que sólo el cielo puede darnos. Porque ′cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia′ (Tito 2:4-5).

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