Mike Warnke: El fraude del vendedor del diablo

Barcelona, 20 de agosto de 2011. Mike Warnke no era un comediante como otro cualquiera. El gobernador de Tennesse había llegado a declarar el día 29 de junio de 1988 como el día de Mike Warnke, y en el año 1992 esta celebridad era contratada para más de doscientas actuaciones anuales en las que contaba chistes, relataba espantosas historias de su vida y recogía fondos para una organización de ayuda a los damnificados del satanismo que ni siquiera existía.
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Mike Warnke, que podría considerarse como padre de una de las industrias más rentables en Estados Unidos, la de los chistes cristianos o ′Christian Comedy′, publicó su primer libro en 1973 en Logos International Fellowship, la misma editorial que había publicado los éxitos de Nicky Cruz.

El libro, titulado "The Satan Seller" ("El vendedor del Diablo"), contenía una supuesta autobiografía donde su autor aparecía como un alto sacerdote liderando a un grupo de mil quinientos adoradores de Satanás y se veía envuelto en violaciones, asesinatos y muchas otras actividades que finalmente configuraban un personaje francamente esperpéntico. Según sus propios cálculos, y no sería de extrañar, llegó a vender más de tres millones de copias sólo de este primer libro. Su testimonio, llevado también a la televisión, la radio y las escuelas, indudablemente, marcó también un antes y un después en el pánico que la población norteamericana sentiría ante el satanismo.

Al contrario que aquel predicador en la Biblia, que deseaba parecer más pequeño para que la figura de Cristo pareciese mayor, Mike Warnke hacía esfuerzos sobrehumanos por ocupar todo el campo de visión de una nación consigo mismo, aunque sólo fuese por la impopularidad de sus pecados pasados.

La tragedia de Mike Warnke

En esa misma época JPUSA era popularmente conocida como una organización superviviente del despertar religioso de los hippies, que conservaba en Chicago un edificio de ayuda a los más pobres, un macro-festival de música y una revista cristiana llamada Cornerstone Magazine donde se mantenía el espíritu contracultural de los setenta.

Jon Trott y Mike Hertenstein de JPUSA fueron los dos periodistas que, alertados por los comentarios de varios de sus lectores, se encargaron durante dos años de seguir paso a paso los sitios que Mike Warnke decía haber visitado. Entrevistaron a los testigos, consultaron los registros de información y desmintieron los hechos con pruebas que fueron recogidas primero en un número especial de la revista en 1992 y posteriormente en un libro de 476 páginas titulado "Selling Satan: The Evangelical Media and the Mike Warnke" (Cornerstone Press Chicago, 1993).

El alcance de esta investigación implicaba a otras personas que le habían encubierto y el impacto en la iglesia evangélica de los Estados Unidos fue sobrecogedor. El gigante discográfico Word Inc., que en un primer momento quiso defender a su popular cliente, anunció el 5 de agosto de 1992 la suspensión de la venta de sus discos y videos después de una entrevista que mantuvo con él. Poco después el periódico Lexington Herald-Leader aportó datos más concretos sobre el fraude económico, Mike Warnke admitió parte de los cargos y en septiembre de 1992 su institución Warnke Ministries tuvo que cerrar. Cientos de creyentes, que declaraban haber llegado a la iglesia conducidos por las historias de Mike Warnke, observaban espantados cómo su fe se removía bajo sus pies. Muchos de ellos todavía hoy se niegan a creer lo que pasó.

Lo que el público quiere oir

Diecinueve años después de ese escándalo, aunque con más dificultad y bajo una nueva institución llamada Celebration of Hope, Mike Warnke continúa encontrando público para su extravagante historia. Eso creo que hace inevitable que tengamos que replantearnos nuevamente cuál es el valor que tiene para nosotros la verdad. ¿Es la verdad un principio rector en nuestras vidas?, ¿o quizás preferimos adaptarla a nuestra propia comodidad?.

Es obvio que para muchos la verdad no tiene demasiado valor, al menos no tiene tanto valor como nuestros propios intereses. En la Biblia, por el contrario, encontramos a un Dios que sí está constantemente defendiendo la verdad a cualquier precio y lo hace especialmente entre aquellos que hablan falsamente en su nombre. "Guardaos de los falsos profetas" -decía Jesús a sus discípulos. "No todo el que me dice: -¡Señor, Señor!-, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: -Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?- Entonces les declararé: Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!" (Mateo 7, 15-23).

Para los apóstoles la verdad estaba por encima de sí mismos: "Estoy maravillado -escribía ya el mismo apóstol Pablo- de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema." (Gálatas 1:6-9). Es de ellos de quien también en otra ocasión escribía: "Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal." (Filipenses 3, 18-19).

La Biblia asegura que cuando la verdad depende de nosotros, o de otras personas, podemos garantizar el fracaso. Asegura que podemos estar seguros de que en un momento o en otro las personas podemos fallarnos a nosotros mismos y a los que nos han creído. Conscientes de eso los apóstoles predicaban una verdad que estaba fuera y por encima de sí mismos. ′Nosotros -escribía el apóstol Pablo para diferenciarse de los otros predicadores, que sí daban a su audiencia lo que ellos querían- predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura′ (I Corintios 1,23).

El periódico Skeptical Inquirer reparaba en que el secreto del éxito de Mike Warnke era primeramente que le daba a su público lo que ellos querían. El caso de Mike Warnke es en el fondo un extravagante símbolo de algo mucho más cotidiano en nuestras vidas que merece la pena ser considerado. Las personas que fuera o dentro de la iglesia se proponen a sí mismos o proponen a sus instituciones como el camino, la verdad o la vida, al igual que las personas que las siguen, están ineludiblemente destinadas al fracaso. No importa la disposición que tengamos a creerlo. "Yo -decía Jesús de sí mismo- yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí." (Juan 14, 6).

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