Lourdes: Lourdes, ¿historia de un milagro?

Madrid, 14 de abril de 2010. Cerca de un millón de peregrinos visitan Lourdes cada año buscando curación para todo tipo de males, desde que una niña aseguró haber visto a la Virgen en este lugar. La película de la austriaca Jessica Haussner, Lourdes, retrata pausadamente toda la parafernalia que rodea este santuario católico. Es más, se pregunta sobre el sentido del milagro en un mundo lleno de dolor y enfermedad. ¿No hay algo en el fondo arbitrario e injusto, en que una persona se sane y otra no?, se pregunta la joven directora. ¿Es esta realmente la historia de un milagro?
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En medio de los chirriantes y fuertes colores de películas como Avatar, los suaves tonos de un film como Lourdes tienen un efecto balsámico para los irritados ojos del espectador. Desde el hipnótico plano que inicia la película, Haussner nos acerca a una visión despojada y austera de las vicisitudes de un grupo de peregrinos que acude a este enclave de apariciones marianas al sur de Francia.

Desde una imagen en ángulo superior vemos cómo el grupo de enfermos, que ha llegado en autocar, va entrando en el comedor de la residencia donde se alojan, muy lentamente. Allí son atendidos por voluntarios de la Orden de Malta uniformados, que les acompañarán durante toda su estancia en Lourdes. Nos encontramos así con la triste mirada de Christine (Sylvie Testud), una joven que lleva más de media vida sentada en una silla de ruedas, a causa de la esclerosis múltiple. Veremos todo a partir de ahora, a la altura de sus ojos…

Por medio de la observación ritual de los distintos personajes, la directora trata de mantener la objetividad y el rigor de un documental. Aunque se trata de una ficción, su verosimilitud es irrefutable. Nos sentimos como uno más del grupo de peregrinos. Observamos con ellos a los voluntarios: Cécile en su enfermo fervor religioso, Kuno en su inmadurez emocional y María en su inconsciencia adolescente. Vemos al ser humano tal y como es, capaz de la mayor entrega y generosidad en un minuto, para mostrarse terriblemente egoísta e insensible a continuación.

LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD

La brillante directora de Viena se revela una vez más como una maestra de la sutileza. La admiración y la envidia se unen en esta historia, donde cada personaje busca salir del aislamiento, para encontrar la efímera experiencia de la felicidad. Porque en Lourdes, el milagro que busca Christine es la esperanza de la mejoría. Su deseo de curarse es el anhelo de alcanzar la felicidad.

La amarga sorpresa es que, cuando está mejoría llega, no trae más que un período corto de ilusión. Sus proyectos de retomar sus estudios, crear una familia y aprender a tocar el piano, se estrellan ante la brevedad de la alegría. Para la autora de Lourdes, ′la felicidad es algo muy frágil′, puesto que ′la mayoría de las veces es más una fantasía que algo que realmente se alcanza′.

Jessica piensa que ′la esperanza te traiciona, porque hace que pienses que hay soluciones o incluso salvación en el sentido cristiano, donde no las hay′. Su intención no es por lo tanto religiosa. ′Lo que tenía en mente era hacer una parábola sobre el deseo de felicidad y la pérdida de ésta′. Lourdes trata por eso ′sobre los esfuerzos que hace la gente para alcanzar una vida satisfactoria en contraste con un destino que parece ser arbitrario y algunas veces, incluso, brutal′.

¿POR QUÉ NO YO?

′El milagro es fundamentalmente injusto′, para Haussner, ′¿por qué una persona se cura y otra no?′ A la autora de Lourdes, los milagros le parecen ′arbitrarios, sin lógica ni razón aparente′. Los creyentes dicen que un milagro es un acto de gracia, pero el cura de Lourdes habla de la necesidad de tener una cierta actitud para poder recibirlo. ¿Qué hay que hacer entonces?

′¿Rezar, como la madre de la joven apática de la película?′, se pregunta la directora, ′¿escoger la humildad como Cécile, o por el contrario, no hacer nada, como Christine?′ Cuando comprende que su felicidad puede acabar en cualquier momento, la protagonista se plantea si tendría que hacer alguna cosa especial para ser digna de su curación. ¿Qué es entonces un milagro? La película mantiene una evidente ambigüedad sobre la realidad o no del milagro. Su perspectiva es típicamente postmoderna. La prueba es que ganó el premio de la asociación católica SIGNIS, a la vez que el Brian, que otorga la Unión de Ateos y Agnósticos Racionalistas. La fe convive aquí con el escepticismo, como suele ocurrir en este tiempo.

De hecho, vivimos en una época en que los representantes de la fe -como son los teólogos-, son los primeros en negar la realidad de los milagros. Aunque no faltan milagreros -tanto entre los católicos, como ente los evangélicos-, tenemos que tener en cuenta al hablar de Lourdes, que la Iglesia de Roma tampoco es especialmente crédula ante ellos…

UN POCO DE HISTORIA

A partir del 11 de febrero de 1858, Bernardette Soubirous pretende haber visto a la Virgen dieciocho veces en la gruta de Massabielle en Lourdes. La decima vez, Catherine Latapie se recuperó inexplicablemente de una parálisis en el brazo. Desde 1859 un profesor agregado a la Facultad de Medicina de Montepellier, Vergez, se encargó del control de las supuestas curaciones. Confirmaron siete los primeros cuatro años, que fueron reconocidas por el obispo de Tarbes y Lourdes.

A partir de 1905 hay una oficina permanente con un médico en Lourdes, para controlar regularmente las declaraciones de curación. Es éste quien decide si se pone en marcha el expediente de autentificación, que inicia el proceso de reconocimiento de un milagro en la Iglesia de Roma. El Comité Médico Internacional de Lourdes cuenta en la actualidad con veinte especialistas, que examinan los casos declarados espontáneamente en la oficina.

Como se ve en la película, el fundamento científico se basa en un examen médico anterior y posterior a la supuesta curación. Se consideran las probabilidades estadísticas y las terapias obtenidas, hasta llevar el caso a una reunión anual en la que se examina y reconoce completamente al paciente. Para hacerse una idea de las cifras, basta decir que el 2008 se presentaron sesenta personas en la oficina, pero sólo cinco se consideraron en la reunión anual. De las siete mil declaraciones que se han hecho en la oficina desde su creación, la Iglesia de Roma sólo ha reconocido 66.

EL MILAGRO COMO PARADOJA

′Los milagros representan una paradoja′ para Haussner, ′una fisura en la lógica que nos conduce hacia la muerte′. Para ella, ′esperar un milagro es en cierto modo la esperanza de que todo va a terminar bien y de que hay alguien que vela por nosotros′. Por eso en la película ′Dios significa destino′, dice la autora de Lourdes. ′Y el destino es obviamente injusto e impredecible′.

Con honestidad y sin el menor rastro de cinismo, Lourdes nos acerca a las miserias de la enfermedad y la infelicidad, común a todo ser humano. Puesto que aquí el auténtico milagro es encontrar sentido a nuestra dura existencia, donde apenas se vislumbra la sombra de la Providencia. Como en la novela de Zola, Lourdes ofrece ′el delicioso pan de la esperanza, por el que la humanidad tiene un hambre que nada puede saciar′. Puesto que se trata del ′insaciable anhelo humano de felicidad′.

UN SOLO MEDIADOR

Para aquellos que creemos en Dios como se ha revelado en la Escritura, pero no en una Madre de Dios que nos sirva de mediadora y reciba nuestra veneración (hiperdulía, según Roma), no hay otro mediador entre Dios y los hombres que Cristo Jesús (1 Timoteo 2:5). Él es el Pan de Vida que puede saciar todos nuestros anhelos.

′El que a mí viene, nunca tendrá hambre′, dice Jesús (Juan 6:35). Porque el que cree en Él, tiene vida eterna (v. 47), no sólo en tiempo, sino en calidad. La esperanza de ′una vida plena, feliz y que tenga sentido′, que está detrás de la búsqueda del milagro -como dice Haussner-, no se puede alcanzar más que por Aquel que es la Vida misma.

Si Dios en Lourdes no es más que otro nombre para el Destino, no hace falta esperar al final de la Historia para ver esa salvación de la que habla la directora austriaca. Ha venido por Cristo Jesús, al resucitar de los muertos. Él es la ′esperanza viva′ (1 Pedro 1:3), cierta y segura de lo que ha de venir. Quien tiene al Hijo, tiene la vida.

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