Los Lunes al Sol: La gran triunfadora de los Premios Goya

Madrid, 3 de mayo de 2005. La gran triunfadora de los Premios Goya de este año ha sido la película Los lunes al sol, que recibió la Concha de Oro del festival de San Sebastián. La obra de Fernando León de Aranoa muestra un claro compromiso con la realidad, que ha ganado el aprecio de un público cada vez más cansado de tantos mundo de evasión y fantasía, que han llenado últimamente las pantallas de todo el mundo. La historia que interpreta Javier Bardem nos lleva a Galicia, donde un grupo de parados se ven en la calle con la reconversión de la industria naval. Tres años después se vuelven a reunir en un bar para contar y beber sus penas…
Escrito por .



′Estoy harto de que al cine se vaya sólo a olvidar problemas′, dice su director. ′Naturalmente no hay que ir a que te maltraten, pero el cine español había dado un poco la espalda a la miseria que nos rodea y que no queremos ver′. Nacido en mayo del 68, la larga coleta y aparente desaliño de Fernando León, nos recuerda otras épocas, cuando el arte solía ir acompañado de la palabra compromiso. Su aspecto austero y melancólico oculta de hecho una gran ternura y sentido del humor. Tras estudiar en mi Facultad, Ciencias de la Información en Madrid (donde a tantos nos contagiaron esta pasión por el cine, desde la época de Fernando Trueba, hasta la posterior masificación que sufrió luego Alejandro Amenabar), comienza a colaborar en TVE, donde trabaja como guionista desde los diecinueve años, hasta hacer su primer corto, Sirenas, en 1994.

Desde su primer largometraje, Familia (1997), León de Aranoa ha caminado siempre de la mano de su fiel productor, Elías Querejeta, sin el cual el cine español no sería probablemente más que una sucesión interminable de comedias y astracanadas sin fin. Su galardonado cortometraje captó la atención de Gracia, la hija de Elías, que hizo que su padre se encargará del largometraje que se ha llevado ahora al teatro. Este impresionante cuadro de soledad, más allá de todo convencionalismo social, pone en escena un tema muy cercano a los Querejeta, la desintegración familiar. Esta original ópera prima presenta ya unas extraordinarias dotes de observación, no exentas de crítica social, a la luz del asombroso empeño de sus personajes en creer que todo se puede comprar con dinero. Su apasionado éxito de crítica le valió también el reconocimiento del festival de Valladolid, donde siempre se ha apreciado el cine social.

Su segunda película, Barrio (1998) es una crónica sobre la dura realidad cotidiana de unos jóvenes que viven en la periferia de la gran ciudad. Fernando León refleja en ella todo un mundo marginal, atenuado por la mirada ingenua de unos adolescentes más sensibles que violentos. Estos chicos anhelan, comentan y envidian paraísos soñados, que les son inaccesibles, viviendo en un barrio obrero. Su sufrimiento y diversión conmueve al espectador con su singular capacidad para crear poderosas emociones con una increíble economía de recursos. La desesperanza empíeza también a reinar sobre su universo, pero su mensaje se comunica sin embargo con una gracia y sutileza tal, que le aleja del burdo espectáculo de mitin, en que a menudo ha caído el cine de denuncia. Lo poético irrumpe aquí en los momentos de más triste sordidez, dandole un tono de desenfado a la tragedía.

Todas las narraciones que conforman Los lunes al sol (2002) convergen en un mismo problema, la falta de trabajo. Como es hábitual en otras películas del mismo director, la obra se estructura dramáticamente en torno a un mismo escenario, en este caso el bar donde pasan las horas los desempleados. Esta teatralidad da lugar a veces a una cierta artificialidad, que le diferencia del realismo inglés de autores como Ken Loach o Mike Leigh, donde los personajes son menos atractivos fisicamente, y no hablan como Santa con metáforas poéticas. La intención en ese sentido de Fernando Leon no es precisamente documental, ya que los actores no parecen obreros, como cuando Bardem muestra su lado vulnerable, leyendo un libro a un niño en la cama antes de dormir. Pero es una historia que te hace pensar, en primer lugar sobre el sentido del trabajo.

¿Para qué trabajamos?. Es evidente que hay algo que hacer para poder vivir, pero para los protagonistas de Los lunes al sol, el trabajo es mucho más que eso. Es una necesidad, pero también implica una dignidad. Nuestra autoestíma y valor personal está íntimamente ligado a ello. Freud pensaba que el amor y el trabajo son las dos actividades centrales que dan sentido a la vida. Ya que tu empleo te da una idéntidad y un status personal, a tus propios ojos, como a los de los otros. El trabajo tiene un sentido social, que va más allá de la necesidad económica. Por lo que el problema del paro tiene que ver también con nuestro sentido de valía personal. Ya que el trabajo te da un sentido de propósito en la vida que pone en evidencia algo más que tu capacidad productiva.

El trabajo en la Biblia comienza con la creación de Dios. Su obra no es tanto cuestión de esfuerzo, sino que tiene algo del juego y la creatividad que caracteriza el arte. Como un jardinero cósmico, Dios se revela como un cuidadoso artesano, cuyo firmamento proclama la obra de sus manos (Salmo 19:1; 8:3). Es un trabajo que continua a lo largo de la Historia en una obra de providencia, juicio y redención. En el Nuevo Testamento, Cristo es también un obrero. Carpintero hasta los treínta años, habla una y otra vez de su trabajo (Juan 4:34; 5:17; 9:4). Su obra es única, pero también todo un modelo de creatividad, orden y construcción, que beneficia a los hombres y a otras criaturas. Y como hemos sido creados a imagen de Dios (Génesis 1:26-27), necesitamos trabajar. Es tanto un derecho como una obligación, para todo hombre.

Esa expectativa de trabajo tiene su origen en un Dios creador. Por eso la falta de ocupación, bien por decisión personal o a la fuerza, es algo totalmente anormal y antinatural. Hay un mandato cultural (Génesis 1:26-28; 2:15), que ha investido al trabajo de una dignidad, sin la cual no podemos vivir. La Biblia no lo ve como un castigo, ni una maldición. Según la famosa ética protestante del trabajo, éste es parte del propósito original de Dios para la vida humana. Tras la caída, supone sudor y esfuerzo (Génesis 3:17-19), lo que provoca un sentimiento de frustración y futilidad (Eclesiastés 2:22-23), pero mantiene una dignidad que alcanza a todo tipo de actividad humana.

Hay por lo tanto un derecho al trabajo, pero no nos engañemos, tampoco es un medio de salvación. No puede librarnos de nuestros males, ni crear un mundo nuevo. No da la felicidad, ni la seguridad, por lo que tampoco debemos hacer de él un ídolo a quien sirvamos. La economía se ha sacralizado tanto en nuestra sociedad, que el paro es casi una forma de excomunión. Y como dice Galbraith: ′Si continuamos creyendo que el propósito del sistema industrial -la expansión del rendimiento de trabajo, el aumento del consumo que le acompaña, el avance tecnológico, la imagen pública que lo sostiene- está en relación directa con la vida, entonces toda nuestra vida estará al servicio de estos fines′. Esa es la gran lección de la idolatría (Salmo 135:14-18). Si confiamos en la obra de nuestras manos, seremos dominados y conformados por ella, siendo recreados a su imágen. Necesitamos trabajar, pero el trabajo no da sentido a la vida.

Entrelíneas

CINE Los Lunes al Sol Escrito por el () . Hasta el día de hoy esta página ha tenido 3201 visitas. Puedes seguirle también en .


PALABRAS CLAVE:

TRADUCCIÓN AUTOMÁTICA DE GOOGLE:

Escucha y descarga cientos de PODCASTS


DÉJANOS TU OPINIÓN



ESCRIBE AQUÍ TU COMENTARIO (ÚNICO CAMPO OBLIGATORIO)

TU NOMBRE

EMAIL (NO SE MOSTRARÁ)

ENVIADME NOTIFICACIÓN DE OTROS COMENTARIOS:
NO

Por razones de seguridad, por favor, escribe las letras y los números de la imagen anterior en el siguiente recuadro.

¡Gracias!