Jorge Volpi: El Apocalipsis de Volpi

Madrid, 18 de diciembre de 2004. La idea del fin del mundo ha despertado siempre la imaginación de muchos autores. Ante el fervor milenarista del cambio del siglo, el mejicano Jorge Volpi publicó una apasionante novela, que ahora se publica en edición de bolsillo. El juego del Apocalipsis. Un viaje a Patmos. (Plaza & Janés / Ave Fénix, 2002) nos presenta a una pareja que gana un viaje a la isla griega donde San Juan recibió la revelación del Apocalipsis. Solos en un hotel, conocen a un grupo de un millonario francés, que bajo la dirección de un profesor de Oxford, buscan el origen histórico de esta supuesta leyenda, en un misterioso juego que desemboca en tragedia.
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Jorge Volpi (México, 1968) se dio a conocer como parte de una nueva generación de escritores mejicanos que se intentó promover bajo el nombre del crack, intentando emular al famoso boom latinoamericano. Son jóvenes cosmopolitas, a los que no interesan las etiquetas comerciales de tipo étnico y exótico, que tanto han explotado los autores del llamado realismo mágico. Pero de entre todos ellos destaca Volpi, agregado cultural en París, a partir del Premio Biblioteca Breve de Seix Barral en 1999 por esa singular novela sobre la ciencia y la mentira que es En busca de Klingsor. Antes había escrito ya tres libros: A pesar del oscuro silencio (92), El temperamento melancólico (96) y La imaginación al poder. Una historia intelectual de 1968. (98). .

El juego del Apocalipsis surge como el subtítulo dice, de un viaje a Patmos. Su reclusión en un cuarto de hotel entre Skala y Jora, inmerso en una intensa lectura de libros relacionados con el tema, da origen a esta novela. Volpi hace así referencias ′de la escatología mística del monje calabrés Joaquim de Fiore a la escatología racional de Hegel y Marx; de las catastróficas visiones de Savonarola a las crípticas cuartetas de Nostradamus; del sangriento sitio de Münster, ocupado por los delirantes anabautistas de Thomas Müntzer, al sangriento sitio de Waco, donde se parapetaba el enfebrecido David Koresh; del mesianismo irredento de los Testigos de Jehová a las profecías interplanetarias o ecológicas de los seguidores de la New age; y de los oscuros suicidas de la secta Heaven´s Gate a los irracionales atentados del metro de Tokio′. .

Aunque Volpi cita sobre todo el Apocalipsis. Para ello usa su personaje ′un bonito ejemplar de bolsillo, en la versión conocida como de la Biblia del Oso, traducida por Casiodoro de Reina en 1569′ (p. 38). El autor ha pasado sin embargo ′muchos años en escuelas católicas′, que le han hecho ′ver el Apocalipsis como una verdadera fuente de misterio′. Así ′la escatología como fin de la historia está presente en toda la novela como un referente que modela a su pesar, el destino de los personajes′. Ya que para el escritor mejicano, ′el Apocalipsis como desvelamiento representa el fin de la historia, de ahí que una vez recibido sólo se pueda fundar otra, individual en unos casos, general en otros′. D. H. Lawrence lo describe por eso como un texto revolucionario, tal y como recuerda el profesor Terry en una de sus charlas a bordo del barco de esta historia..

El Apocalipsis es para Volpi, ′una imagen de la lucha entre el bien y el mal que se lleva a cabo en el corazón de todos los seres humanos′ (p. 124). Esta es la lectura espiritual de Agustín que hace que los personajes desvelen partes oscuras de sus vidas en un juego aparentemente perverso. ′Los seres humanos vivimos dominados por ese juego de apariencias, en el cual uno va revelando su personalidad y sus cartas, poco a poco′. Así los personajes de su novela ocultan sus intenciones, escudados tras sus máscaras, hasta que la realidad de sus vidas es puesta de manifiesto en ese apocalipsis interior. .

La verdad es que todos llevamos máscaras en esta vida para intentar ocultar aquella realidad de nosotros que nos disgusta. Algunos aparentan autosuficiencia, otros buscan compasión. Unos se esconden bajo una supuesta frialdad intelectual, otros bajo un aspecto físico imponente. Muchos dan la impresión de divertirse siempre, y otros de profunda indiferencia. Y hay quien ha desarrollado tal esquizofrenia que asume diferentes personajes según el lugar o la persona con que se encuentre... .

Queremos ser libres, pero no nos atrevemos a mostrarnos tal y como somos. ¿Por qué? La realidad es que no nos gusta cómo somos, porque muchas veces hacemos lo que no debiéramos, pero no queremos renunciar a nuestras ilusiones sobre nosotros mismos. Preferimos pensar que tenemos un gran corazón, aunque nuestros mejores deseos estén podridos de egoísmo. Creemos ser libres, pero estamos esclavizados por tantas cosas que nuestra libertad no es sino la ilusión de querer volar saltando sobre un precipicio. .

Jesús cuenta una historia sobre alguien que deja su casa buscando libertad. Quiere lo que su padre le da, pero le molesta su presencia tanto, que le gustaría que estuviera muerto. Por eso reclama su herencia para irse lejos. Allí pierde todo lo que tiene, y siente hambre, pero entonces ya nadie le da nada. Descubre que la libertad se acaba en manos de los intereses de otros. Esa es la experiencia de muchos que buscan su libertad en la droga, el sexo o el misticismo. Pero la verdad es que la mayoría se contenta con comer con los cerdos, aunque a veces sienta nostalgia de casa y la libertad, no de tener el estomago lleno, sino de confiar en una persona a la que realmente importas..

Toda nuestra búsqueda del amor apunta a esa realidad última de una relación profunda y verdadera que nos haga verdaderamente libres. Pero el único que puede dar significado a nuestra vida es Aquel que nos ha creado. El filosofo ateo Sartre decía: ′No puedo dudar que Dios no exista, pero todo mi ser clama al Dios que no puedo negar′. Al reconocer que estamos perdidos, nos damos cuenta quiénes somos en realidad. Y ese es el primer paso para conseguir la verdad que nos hará libres, de la que nos habla Jesús. .

Nadie quiere reconocer su culpa, pero al querer vivir independientemente de las reglas de Dios no incumplimos una serie de leyes impersonales, sino que ofendemos a Aquel que nos ama tanto que ha dado lo que más quería por nosotros: su propio Hijo. Ese es el misterio de la cruz, algo tan extraño como aquel padre que corre loco de amor y compasión hacia el que ha roto su corazón. Sus brazos abiertos de aceptación incondicional nos ofrecen la libertad de no tener que aparentar nunca más lo que somos. Es así como el Padre nos acepta en su familia y en su fiesta, cuando nos presentamos ante él tal y como somos. Y la sorpresa es que el no nos va a hacer entonces pagar por todo lo que hemos hecho, como en una historia parecida que Buda cuenta, sino que por Cristo nos recibe en su misericordia, dándonos la vida y la justicia que nosotros no tenemos, como un regalo inmerecido.

Nuestra libertad tiene un precio, pero la buena noticia es que Alguien lo ha pagado por nosotros. Y eso nos debiera hacer tan agradecidos que ya no vivamos más que para agradar a Aquel que nos ha liberado. Es así como el cristiano, siendo libre, quiere servirle por amor. Esa fe no nos hace esclavos, sino hijos de un Padre amante. .

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Comentario de Josué Aarón Escobar

"Muy interesante, sin duda me fascinará este tipo de novela con un toque al apocalipsis, excelente introducción de la mezcla que hace el autor del librp."

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