John Updike: Entre la infidelidad y la gracia

Madrid, 3 de mayo de 2009. El autor fallecido el pasado 27 de enero, John Updike (1932-2009), tenía fama de ser el novelista más luterano de la literatura norteamericana contemporánea. Aunque sus grandes obsesiones fueron siempre el adulterio y la peculiar interpretación de la teología reformada que hizo Karl Barth (1886-1968). Su prolífica obra gira en torno al conflicto del pecado y la gracia, pero suele ir acompañada de explícitas descripciones sexuales, que llenan libros como Parejas (publicado por Anagrama en Barcelona en los años setenta), en una literatura que muchos consideran obscena. Updike habla de la vergüenza y la culpa en pastores y teólogos infieles, que en medio de la crisis, se preguntan por la realidad de su fe.
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Ya desde su segunda novela, Corre, Conejo (1960), la literatura de Updike está llena de pastores claramente barthianos como el luterano Fritz Kruppenbach, que desprecia la pastoral tradicional como ′entrometerse en la vida de la gente′. La conocida aversión a la ética del teólogo de Basilea, resuena en las opiniones de este tipo de ministro, para el que ′no hay nada más que Cristo′. Puesto que ′toda otra actividad y decencia, no es si no obra del diablo′. La teología neo-ortodoxa, no sólo transforma el pensamiento académico de muchos profesores alemanes, si no también la vida de hombres como Updike.

Cuando el escritor deja Nueva York en 1958, para irse a vivir a una granja de Ipswich (Massachusetts) sufre una seria crisis existencial, que le lleva al borde del suicidio. Updike dice que dos libros le salvaron la vida: Temor y Temblor (1843) de Kierkegaard, donde el filósofo danés se enfrenta a la fe de Abraham, y La Palabra de Dios y la palabra del hombre (1928), una de las principales obras de Barth. El comentario a la Carta a los Romanos de Barth (publicado por la BAC en Madrid en 1998), se convirtió en el libro de cabecera de Updike, que coloca en la mesilla al lado de su cama, para leer algunas de sus frases cada día…

LA TEOLOGÍA HOY

Cuando leí La versión de Roger (1986) en inglés, yo estudiaba teología en la facultad de una universidad de Holanda a finales de los años ochenta. Recuerdo vivamente la impresión que me produjo la inquietante historia de este profesor de teología barthiano en Princeton, Roger Lambert, experto en Tertuliano, que es desafiado por un estudiante evangélico que cree que puede hacer un programa informático para descubrir la existencia de Dios. Sus reflexiones sobre la divinidad y el cuerpo, nos llevan del erotismo a la resurrección de Cristo, en cuadros de una sexualidad explícita, casi pornográfica. Algo increíble, si uno no conoce el estilo de vida del mundo de la teología académica, en una época tan extraña como la nuestra…

′Hay fe y hay fe′, dice un aforismo al final de La versión de Roger. ′Y lo que pensamos que creemos es sólo una pequeña parte de lo que creemos′. La descripción de una facultad de teología actual, que hace en este libro Updike, es real como la vida misma. ′Recibimos santos′, dice el profesor, pero ′mandamos ministros, obreros en la viña de inevitable ansiedad y descontento′. Para este teólogo, ′la muerte del cristianismo estaba prevista desde hace tiempo, pero siempre habrá iglesias que sirvan de almacenes para la cosecha perenne de la infelicidad humana′.

UNA FE EN CRISIS

El libro más serio de Updike sobre la religión es La belleza de los lirios (1996), una curiosa novela que sigue cuatro generaciones de una familia norteamericana, tratando de explicar la pérdida de la fe protestante a finales del siglo XX. El primer protagonista es un pastor presbiteriano, Clarence Wilmot, que estudió con uno de los gigantes de la teología evangélica del siglo XIX en Princeton, Benjamin Warfield, que describe ′erecto como un general prusiano, con patillas blancas como la nieve′. Clarence tiene los 44 volúmenes de los comentarios de Calvino, pero ha perdido la fe…

Updike dice que el pastor perdió su fe por la lectura de obras críticas de la Biblia. Al dejar el ministerio, se convierte en un triste vendedor puerta a puerta. Su pérdida de fe coincide con la aparición del cine en Estados Unidos. Clarence se convierte entonces en un verdadero cinéfilo. En cualquier oportunidad, huye al cine, como el opio que le evade de la memoria de una desaparecida trascendencia. Ante ′el sangriento egoísmo de un caos cósmico′, el cine y la televisión ′se convirtieron en nuestra religión′, dice Updike.

Lo que abunda sin embargo en su literatura es la descripción minuciosa, clínica y dolorosa del sexo, lleno de una intensidad visual y sincera comicidad, sobre el que rondan siempre las sombras del vacío. ′La naturaleza nos tienta con el sexo para hacer que sigamos caminando hacia el abismo′, dice Piet en Parejas, pero su desnudez ′está bajo la mirada de Dios′. En Corre, Conejo, cuando el joven Harry abandona a su mujer, se acuesta con una prostituta del pueblo, Ruth, pero la relación se ve interrumpida por un debate teológico sobre la existencia de Dios, inspirado por la gente que acude a la iglesia bajo la ventana…

NEO-ORTODOXÍA

Aunque Updike tuvo una educación luterana, y asistía a una iglesia episcopal, su teología es claramente barthiana. Con todo lo bueno, pero también todo lo malo de la neo-ortodoxia de Barth. El Dios de Updike es un Dios trascendente, pero soberano. ′Nunca entendí las teologías que absuelven a Dios de los terremotos y tifones, de los niños que mueren de hambre′, afirma el escritor en una de sus más conocidas entrevistas. ′Si ciertamente es Dios quien lanza el rayo fulminante, este Dios está por encima del Dios bueno, que podemos venerar y despierta nuestra simpatía′. Para Updike, ′hay un Dios feroz, por encima del Dios amable′. No es un Dios fruto de nuestros deseos e imaginación...

El problema es que con el cristo-nomismo de Barth (Cristo como la única ley), su fe parece carecer de implicaciones éticas. Todo suena sospechosamente a una justificación de nuestra infidelidad. Algunos se preguntan si esta visión de la gracia de Barth no tuvo algo que ver con la dudosa relación que el teólogo de Basilea mantuvo durante años con su secretaría. Como el personaje de Updike, Piet en Parejas, uno puede ver la mano de Dios en una iglesia que arde en llamas, como una liberación de la moralidad que te hace sentir culpable por tu infidelidad. Pero ese en definitiva, es un Dios a nuestra conveniencia…

¿GRACIA BARATA?

Bonhoeffer habla por eso de una ′gracia barata′, que es ′la justificación del pecado y no del pecador′. El teólogo luterano, ejecutado por los nazis, ve ′la gracia barata′ como ′la predicación del perdón sin arrepentimiento′. Es ′la gracia sin cruz′. Mientras que la verdadera gracia es ′cara, porque ha costado a Dios la vida de su Hijo′. Y ′lo que ha costado caro a Dios, no puede resultarnos barato a nosotros′…

Dios acepta a Pedro en su infidelidad, pero le dice al principio y al final, como sus primeras y últimas palabras: ′Sígueme′ (Marcos 1:7: Juan 21:22). Su gracia nos llama a seguirle. Por eso Bonhoeffer se pregunta si ′el precio que hemos de pagar hoy en día, con el hundimiento de las iglesias organizadas ¿significa otra cosa que la inevitable consecuencia de la gracia conseguida a cualquier precio?′. La gracia se hizo barata, cuando dejamos de seguir a Jesús. Si ′la gracia es cara′, es ′precisamente porque es pura gracia, la gracia de Dios en Jesucristo′.
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