Johann Sebastian Bach: Las Pasiones de Bach

Madrid, 8 de enero de 2004. Al llegar Semana Santa se multiplican los conciertos por toda nuestra geografía de música religiosa. Dentro y fuera de los templos vuelven a resonar obras creadas desde una fe profunda. Normalmente, los ejecutantes no suelen ser creyentes, y debemos suponer que son actos estrictamente culturales, es decir, un espectáculo más sin connotaciones litúrgicas. Pero no deja de sorprendernos que se sigan programando las Pasiones de Bach en estos días. Será por la tradición, dirán algunos, pero lo curioso es que se trata de claras manifestaciones de una fe diferente a la que oficialmente proclama la mayoría del público, como es el protestantismo. Algo que nada tiene que ver con el folklore que una y otra vez se recupera en estas fiestas.
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A lo largo de estas dos semanas, y sólo en Madrid, sin salir del Auditorio Nacional, ganan por tanteo las Pasiones del luterano Bach al católico Scarlatti por tres a uno. La Orquesta Nacional y las tres universidades públicas de la capital se han combinado en esta ofensiva, que deja abierta la posibilidad de elegir según la capacidad económica y la exigencia artística de cada uno. Haca tan sólo unos años, una Pasión de Bach requería tal cantidad de recursos para su interpretación. que pocos presupuestos podían permitírselo. Pero la divulgación de las investigaciones musicológicas han hecho aceptables para el aficionado versiones mucho más sencillas, casi de cámara, que desde hace un tiempo se multiplican por todos los auditorios en estas mismas fechas. Si usted vive en una ciudad con apenas vida cultural, puede también recurrir a excelentes grabaciones, como la nueva versión de Harnoncourt de la Pasión según San Mateo, que ahora ha publicado Teldec. Pero ¿qué se propuso Bach con estas obras?.

A un especialista como Luis Carlos Gago, le molesta bastante la utilización de Bach como ′estandarte religioso′, por el que ′ha llegado a ser bautizado como el quinto evangelista′. Sin embargo tiene que reconocer que la Pasión según San Mateo es un ′ejemplo supremo de su inquebrantable fe luterana′. No olvidemos que fue el ferviente creyente evangélico Mendelsshon el que rescató esta obra del olvido en 1829. Permanentemente dedicado a la causa y liturgia protestante, muchas de las composiciones de Bach parten de melodías de corales de iglesia. Su música se convierte así en uno de los más importantes vehículos para la transmisión de las ideas reformistas. No olvidemos que sus cantatas solían interpretarse entre la lectura del Evangelio y el sermón, por lo que sus textos hacen referencia siempre a la Biblia.

Nacido en Eisenach en 1685, el mismo año que Haendel, Bach vino al mundo en la misma ciudad que Lutero tradujo la Biblia al alemán y escribió tantos himnos 150 antes. Huérfano de padre y madre desde los diez años. En aquella época ser músico era un oficio más. Johann cantaba desde pequeño en el coro de la iglesia y el colegio, tocando el órgano desde los cinco años. Al suprimir la Reforma el latín de los cantos eclesiásticos, nacen las corales en forma de sencillas melodías que podían ser fácilmente aprendidas en su idioma por la congregación, para que en palabras de Lutero, ′la palabra de Dios permanezca viva en los corazones por medio de la canción′. Sus corales dan por eso una impresión no sólo de unidad, sino también de una firmeza y robustez, que simboliza la imagen de Dios o Cristo como una roca, o fortaleza.

Bach veía su música así como un servicio a Dios. Ya que se considera así mismo como un artesano que trabaja como cristiano para la gloria de Dios. Esa es la perspectiva protestante de un sentido de vocación que se basa desde la Reforma en el sacerdocio de todos los creyentes. No se trata ya de la divinización del arte barroco. Porque es tan cristiano fregar como predicar. Tampoco es una herramienta para la evangelización, sino un acto de adoración en la vida diaria, que muestra el fruto del Espíritu en la vida de una persona. Es por eso que sus Conciertos de Bradenburgo no son menos cristianos que sus Pasiones. Ya que la verdadera fe no es algo para vivir en las fiestas, sino en la vida de cada día. La cuestión es sí es ese mi cristianismo. ¿Conozco el sentido de la Pasión, que tiene Bach?. ¿Es el Evangelio para mí una cuestión de buenas obras y esfuerzos?, ¿o es lo que Jesús sufrió un día por mí?. En ese caso hay liberación para mí en esa cruz, porque no se trata de los sacrificios que haga yo por él, sino de lo Cristo ha hecho una vez y para siempre por mí.
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