Jesús en el cine: Sensacionalismo, trivialidad, o simplemente falsedad

Madrid, 8 de enero de 2004. Jesús en el cine ha mostrado lo peor de Hollywood: sentimentalismo, sensacionalismo, trivialidad, o simplemente falsedad. Pero tenemos que reconocer que las películas sobre Cristo han sido sin embargo el medio que más claramente ha conformado la idea popular que la mayor parte de la gente tiene hoy sobre el Evangelio. Por eso merece la pena considerar ¿qué imagen nos da de Jesús el cine?.
Escrito por .

Dos temas abundan especialmente en el cine primitivo: la Biblia y la pornografía. La primera le da respetabilidad al nuevo arte, mientras la segunda lo hace terreno vedado para la mayor parte de los cristianos. No obstante a principios del siglo XX hay ya algunas mujeres guionistas, como Gene Gautier (Del pesebre a la cruz, 1912) o Jeannie McPherson (Los diez mandamientos, 1927), que se especializan en el terreno bíblico. De hecho, la primera película seria de ficción que se hace en el siglo XIX está basada en una representación de la Pasión que se suele celebrar en Bavaria. Y antes de que Cecil B. de Mille hiciera su famoso Rey de reyes (1927), había ya 39 versiones de la historia de Cristo. Una de las grandes estrellas del cine mudo fue por lo tanto Jesús de Nazaret.

El género bíblico no hay duda que siempre ha tenido un gran éxito comercial. Aunque su épica combina una extraña mezcla de exhibicionismo, erotismo y vulgaridad, con la ingenuidad de una estampita piadosa. En su autobiografía, De Mille se defiende de estas acusaciones, argumentando que la utilización que él hace del sexo y la violencia dan sin embargo una verosimilitud de verdadera humanidad a los personajes bíblicos. Pero su manipulación es evidente. Jesús se ve en Rey de reyes desde la perspectiva de una María Magdalena, que vive como una rica cortesana, con Judas como su amante. Una de sus más conocidas escenas la presenta montada en un carro de cebras, intentando rescatar a Judas de las garras del Carpintero. Imaginación, desde luego, no le falta...

Cristo es representado hasta entonces como en una serie de cuadros vivientes. A menudo se utilizan por eso sombras y nieblas, que contribuyen a crear una atmósfera de misterio, pero en realidad lo que se intenta es impedir ver con claridad la figura de Jesús. Su representación está de hecho prohibida en países como Gran Bretaña hasta después de la segunda guerra mundial. Ante estas limitaciones algunas cintas recurren a mostrar una mano, un píe, o una espalda, como se hace todavía con Mahoma. Por lo que la época dorada del género viene por lo tanto en los años cincuenta con películas de ambiente cristiano como Ben-Hur (1959), ¿Quo Vadis? (1951), o La túnica sagrada (1953). Muchas de estas historias son adaptaciones de novelas históricas, pero el Evangelio mismo suele brillar por su ausencia, aunque se presuma de conocer perfectamente el contexto del cristianismo primitivo.

Así George Stevens, dice haber leído más de treinta traducciones del Nuevo Testamento antes de hacer La más grande historia jamás contada (1965). Para ella asegura haber consultado a 36 pastores protestantes, y al Papa Juan XXIII, además de discutir el guión con el propio Ben-Gurion. Pero cualquier parecido con el texto bíblico no es más que mera coincidencia... Para entenderlo, basta leer la descripción del rodaje. Stevens le decía a los actores que imaginarán que en vez de Jesús, tenían delante de ellos ¡al astronauta John Glenn recién aterrizado del espacio!. Su papel lo representa un actor sueco, habitual de las películas de Bergman, Max von Sydow, con unos diálogos tan libres como los del ídolo del público adolescente, Jeffrey Hunter, que hizo otro Rey de reyes. En esa nueva versión que hace Nicholas Ray en nuestro país en 1961, los protagonistas son realmente Judas y Barrabás, que hacen de políticos revolucionarios intentando convencer a Jesús de su causa.

Ya que no nos engañemos, la imagen de Jesús incluso en las películas evangélicas, como la famosa versión literal de Lucas que ha hecho Ágape, suele ser siempre un joven rubio de ojos azules de Wisconsin. Su aspecto es más bien blando, pacífico y asexuado. Y la verdad es que su blanca figura resulta francamente etérea. Por lo que las pasiones humanas parece que se reservan para personajes más interesantes como Judas, Pedro o Barrabás. La gran excepción es por supuesto la de Pier Paolo Pasolini, cuyo Evangelio según San Mateo (1964) sigue siendo una de las obras más interesantes de la historia del cine. El texto literal del Evangelio es llevado por este director italiano a la pantalla, en una pobre producción en blanco y negro, que ha mantenido sin embargo su increíble poder de fascinación hasta el día de hoy. Gran parte de su atractivo viene por ese estilo de cinema verité, por el que utiliza actores no profesionales, como el estudiante español Enrique Irazoqui, para interpretar a un Jesús mediterráneo, desconocido en la iconografía tradicional de Hollywood.

No deja de ser significativo que tenga que ser un artista comunista y homosexual como Pasolini, el que nos desvele algo de la frescura que produce la lectura directa del Evangelio. La cinta se la dedica a Juan XXIII, pero fue ′una novedad desconcertante y escandalosa en Italia′. Ya que según dice, ′nadie esperaba un Cristo así, porque nadie parecía haber leído el Evangelio según Mateo′. A diferencia de las reacciones que tuvo en Inglaterra, Pasolini creía que ′los italianos demostraban así leer el Evangelio por primera vez′. Y la prueba es que su obra sigue siendo una excelente introducción al texto bíblico, a pesar de la lejanía que ahora produce su estilo neorrealista.

Curiosamente, las versiones que se ven hoy más claramente desfasadas, son aquellas que intentaron actualizar su imagen a la estética juvenil de su tiempo. Me refiero por supuesto a Jesucristo Superstar (1972) y a Godspell (1973), dos cintas bastante teatrales, que se basaron en dos óperas rock que prescinden de la divinidad de Cristo y omiten su resurrección. Su estética hippy no es ahora más que una curiosidad de la época, que nos presenta una imagen patética de Jesús, más propia de un payaso que del asombro que produce el Cristo de los Evangelios. Esa línea blasfema culmina para mí, con esa terrible parodia satírica que es La vida de Brian (1979).

Tengo que reconocer que la película del grupo humorístico británico Monty Python me pone francamente nervioso. Y en el fondo me resulta bastante más inquietante que La última tentación de Cristo (1988), ya que se trata claramente de una burla, mientras que la obra de Scorsese sigue siendo en cierta forma la aproximación religiosa de un ex-seminarista católico. Y la influencia de ambos trabajos ha sido también finalmente muy distinta. La última tentación es un producto destinado a un público minoritario, que sólo ha llegado al público de las salas de arte y ensayo, mientras que Monty Phyton ha marcado la opinión popular acerca de Jesús de toda una generación. Ya que nos presenta a un hombre ridículo, que algunos confunden con el Mesías, formando así una nueva religión. Y ¿no es esa en definitiva la idea que tiene la mayor parte de la gente sobre Jesús?. Se trata en definitiva de alguien sin malas intenciones, pero víctima finalmente de un error... Pero ¿qué diremos de su mensaje?. La conocida canción desde la cruz, ¡Mira siempre el lado bueno de la vida!, lo que hace es mostrar la reducción al absurdo de ese optimismo cristiano que sólo habla de paz y felicidad, cuando nuestra vida es al fin y al cabo miserable.

Martin Scorsese es un director de origen italiano que quería ser cura, hasta que le expulsaron del Seminario de la Catedral del Upper West Side de Nueva York. La novela en que está basada La última tentación es de un autor griego llamado Nikos Kazantzakis, que fue excomulgado de la iglesia ortodoxa por esta novela en 1955. A ambos lo que les fascina de Jesús es la lucha entre el espíritu y la carne. Como dice su guionista, Paul Schrader, ′en este sentido no se trata de una película religiosa o trascendental′, sino ′psicológica′. Ya que trata ′acerca de los tormentos interiores de la vida espiritual′. Schrader estudió teología en la Universidad de la Iglesia Cristiana Reformada en los Grandes Rápidos, pero luego se alejó de su origen calvinista holandés, aunque sigue obsesionado en todas sus películas por su sentido de culpa, en busca de una experiencia de gracia y redención. En ese sentido su obra me conmueve, aunque se manifiesta siempre en un ambiente de opresión y dolor, un tanto enfermizo.

Jesús en el cine no es en definitiva más que un reflejo del hombre. Así como las biografías sobre Cristo nos hablan más de su autor, que del verdadero Jesús histórico que pretenden descubrir más allá de los Evangelios. Ya que su naturaleza es imposible de transmitir visualmente. ¿Por qué cómo se representa a alguien que es Hombre y Dios al mismo tiempo?. El cine por otro lado, no lo olvidemos, como todo arte lo que intenta es definir y redefinir al hombre. Es algo que nos ayuda a comprender y comunicar el sentido de la vida, pero que sólo podemos vernos a nosotros mismos en su reflejo. Y Cristo es alguien único, no ha habido nadie como Él. Es la Palabra viva (Juan 1) hecha carne. Visualmente por lo tanto, Jesús en el cine es la exaltación de la divinidad del hombre, y la proclamación de la humanidad de Dios. Y las películas cristianas no son sino una excusa para la evangelización, y no una expresión del cine como arte. Para conocer a Cristo tenemos que ir todavía a su Evangelio. Es la única fuente histórica, pero también la única Palabra que da vida, y vida en abundancia.


Entrelíneas

CINE Jesús en el cine Translated by EvangelicalFocus. Escrito por el () . Hasta el día de hoy esta página ha tenido 5408 visitas. Puedes seguirle también en .


PALABRAS CLAVE:

TRADUCCIÓN AUTOMÁTICA DE GOOGLE:

Escucha y descarga cientos de PODCASTS


DÉJANOS TU OPINIÓN



ESCRIBE AQUÍ TU COMENTARIO (ÚNICO CAMPO OBLIGATORIO)

TU NOMBRE

EMAIL (NO SE MOSTRARÁ)

ENVIADME NOTIFICACIÓN DE OTROS COMENTARIOS:
NO

Por razones de seguridad, por favor, escribe las letras y los números de la imagen anterior en el siguiente recuadro.

¡Gracias!