The Squid and the Whale: Una historia de Brooklyn

Madrid, 25 de octubre de 2008. En el barrio neoyorquino de Brooklyn, una familia se viene abajo en los años ochenta. Los padres se divorcian y los hijos asumen con amargura la custodia compartida. Una historia de Brooklyn es una película ahora disponible en DVD, que cuenta una experiencia que no es nueva, pero que ha marcado la vida de muchas personas. Es el caso de Noah Baumbach, un joven director de cine, cuyo debut es un ajuste de cuentas con la generación de sus padres. Su resentimiento nos muestra que no somos todavía conscientes de las consecuencias traumáticas que ha producido el divorcio en algunas personas. La visión de una cinta como ésta es dolorosa, pero necesaria, para comprender el efecto que tienen nuestras decisiones en la vida de nuestros hijos…
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Aunque Una historia de Brooklyn se desarrolla en los años ochenta, nada tiene que ver con una película como Kramer contra Kramer. La amargura de la historia de Baumbach rompe brutalmente con la gazmoñería con la que el cine ha tratado hasta ahora el divorcio. No se abusa aquí de los ingredientes dramáticos, ni de la comedia de enredo. Su guión aborda frontalmente el asunto, recreando su propia experiencia, pero con la voluntad de construir un discurso, que pretender ser analítico y distante, hasta el punto de llegar a ser exhaustivo. Su estética realista le da una mirada limpia y transparente, que retrata la humanidad de unos personajes, que sufren, ríen, se avergüenzan y luchan para sobrevivir. Todo respira autenticidad.

Ésta es claro, una película independiente, a años luz de la mayor parte de las gansadas, que nos llegan del otro lado del Atlántico. Muy recomendable e insobornablemente honesta, no carece de autocrítica, sino que resulta una historia adulta, que huye de todo intento de justificación, para explicar por qué se rompe una pareja, unida durante dieciocho años. Todo eso sí, desde la perspectiva de unos hijos, para los que el matrimonio podría durar eternamente. Una solemne reflexión, para estos tiempos de divorcio-express y matrimonios con fecha de caducidad…

DUELO EN LA CUMBRE

En la escena clave que cierra Una historia en Brooklyn aparece un diorama del Museo de Ciencias Naturales de Nueva York. Se titula Choque de titanes y alude al duelo que podría traer un encuentro entre una ballena y un calamar gigante, en lo más recóndito de las profundidades marinas. El nombre de estos animales es el titulo original de la película, que como suele ser habitual, los distribuidores españoles han cambiado, en este caso por el de un célebre libro de Paul Auster, no sé si para alimentar los equívocos o ahuyentar a los aficionados de la fauna marina…

Los Berkman son un matrimonio judío liberal de neoyorquinos intelectuales de clase media, judíos, licenciados en literatura inglesa. Bernard (interpretado por el felizmente recuperado, Jeff Daniels) se dedica a dar clases en el instituto. Hace años publicó una novela de cierto éxito, a la que no ha logrado dar ninguna continuación. Joan (la siempre maravillosa Laura Linney) se está haciendo un hueco en el mundo literario, que empieza a reconocer su talento. Hay entre ellos una cierta competición, que muestra él patéticamente en un partido de tenis, con el que comienza la película. Los dos buscan conquistar el amor de sus hijos, intentando seducirles por medio de un lenguaje, que utiliza la expresión de sentimientos para manipularles…

El menor, Frank se aferra a una madre, que va de una relación a otra, pero mantiene el apartamento familiar. El mayor, Walt se identifica más con su padre, al que imita todas sus expresiones pedantes, que nos revelan un inmenso ególatra, incapaz de asumir sus frustraciones. Viven en un lugar desvencijado, de paredes sin empapelar, donde Walt padece la inestabilidad emocional de la adolescencia, atraído por una compañera de clase, a la que no sabe tratar bien. Mientras Frank descubre la masturbación, su madre se enrolla con su profesor de tenis (el divertido William Baldwin) y el padre anda con una de sus alumnas (Anna Paquin)….

COSTES HUMANOS

En el cine, lo realmente complicado es hablar de personas. De personas de verdad, porque para monstruos y naves espaciales, no hacen falta más que efectos digitales… Para esas películas, todo es cuestión de presupuesto, ya que se juega seguro. Una historia de Brooklyn se tira sin embargo sin red. Sus diálogos son pasmosamente naturales. Nacen de la cotidianeidad de quien ha vivido estas experiencias en primera persona. Hay a veces ramalazos de humor negro e incisiva ironía, pero es para evitar toda caída en un dramón tramposo. Baumbach maneja las elipsis, imprimiendo a sus imágenes una aplastante sensación de realidad. Nos enfrentamos aquí al agrio mundo del divorcio, con una increíble sutileza y lucidez.

Aunque el director niega por supuesto, que la historia es autobiográfica, no sólo es hijo de divorciados, sino que también nació en la familia judía liberal de un escritor de Nueva York llamado Jonathan Baumbach, en 1969. Sus padres vivieron de hecho en una comuna a finales de los sesenta, que era una especie de colonia de artistas llamada Yaddo, con los padres de Laura Linney, que es también hija de un dramaturgo. La película se rodó en tres semanas en el barrio donde vivían, una parte de Brooklyn, que se llama Park Slope, su propio instituto (Midwood High) e incluso la casa de un antiguo amigo. Por si todo esto fuera poco, Jeff Daniels utiliza incluso la ropa de su padre. Noah Baumbach está ahora casado con una actriz famosa, Jennifer Jason Leigh, que ha hecho muchos papeles ariscos, bastante atormentados, pero no ve redención alguna para su padre en la película…

Este es un retrato descarnado del divorcio. Una película intensa, que mira a los personajes con desarmante comprensión. Su confusión nos revela la tragedia de nuestros errores. Aunque es cierto que nadie se salva por la salud de su matrimonio, ni se pierde por su fracaso, no es extraño que el Manual de Instrucciones diga que nuestro Creador lo aborrece (Malaquías 2:16). Es la ruptura de un pacto. El matrimonio no es un invento humano, ni una convención social (Génesis 2:24; Mateo 19:6), pero su sabiduría es evidente. Por lo que no debemos ver nuestras promesas de fidelidad como una sentencia por vida al aburrimiento, sino como la oportunidad de compartir profundamente una intimidad, sin la cual nadie puede crecer con seguridad y confianza.
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