Harry Potter: Redimiendo a Harry Potter

Madrid, 25 de julio de 2009. Cuando se estrena en los cines de todo el mundo la película basada en el sexto libro de la serie de J. K. Rowling, Harry Potter y el misterio del príncipe, las críticas de muchos cristianos, parecen haber sido sustituidas por una creciente alegorización de un relato, cuya conclusión tiene muchas similitudes con el Evangelio. No es cuestión ahora de desvelar el argumento, pero sí de hacer algunas reflexiones generales para ese público mayormente adulto, que no ha leído los libros, pero se pregunta qué hay detrás de la complicada historia que intenta descifrar, cada vez que ve una nueva película. ¿En qué consiste la magia de Harry Potter?, ¿nos puede llevar a un interés malsano en la brujería o el ocultismo?, ¿cuáles son los valores de esta obra? y ¿en qué cree realmente Rowling?
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Como todas las buenas historias, Harry Potter no sólo entretiene, sino que nos dice mucho acerca de nosotros mismos. Nuestro carácter, relaciones, prioridades, comunidades y hasta espiritualidad, están reflejados en estos libros. Hay que darse cuenta que la magia en la fantasía no es generalmente más que un recurso literario para hablar de otros temas, en este caso nuestros temores más profundos…

En El prisionero de Azkaban, el profesor para la Defensa contra las artes oscuras, Remus Lupin, introduce a sus alumnos de tercer año al estudio de los boggart. En las siempre precisas palabras de Hermione, estos seres ′pueden tomar la forma de aquello que crees que más miedo te da′. Lupin explica que por eso habitan en lugares oscuros y espacios cerrados. Los boggarts no tienen realmente forma, sino que asumen la que tiene aquello que más aterroriza a las personas con las que están en contacto. Para Neville, en el armario toma la forma del profesor Snape. Para Ron, tras su terrible experiencia en La cámara secreta, es una araña peluda, que se come a la gente.

Para Lupin y Harry, no toma sin embargo la forma directa de lo que temen, sino de lo que representa su temor. Para Lupin se convierte en ′una esfera de un blanco plateado que flotaba en el aire′, o sea una luna que aterroriza al profesor, por lo que puede llegar a hacer cuando se convierte en hombre-lobo. Y para Harry, el boggart se vuelve en un dementor, unas de esas criaturas que ′sorben el alma′. Aunque lo que más teme es al siniestro Señor de las tinieblas, Lord Voldemort. El profesor se adelanta a su pensamiento, pero Harry le dice que aunque había pensado en primer lugar en Voldemort, se ha dado cuenta que a quien teme más es a los dementores. Lupin lo explica diciendo que ′eso sugiere que lo que más miedo te da es…. el miedo′

En cierto sentido, los libros de Harry Potter son como un boggart. La amenaza que representan viene de los temores que traemos los lectores con nosotros. Aquellos a los que les aterroriza más la brujería y el ocultismo, tienen miedo del peligro que esta literatura representa. Aquellos que temen el abuso y la corrupción, que puedan sufrir sus hijos, los ven como una pendiente deslizante hacía una sociedad enferma. Los padres que muestran preocupación, como en Carolina del Sur, por su ′serio tono de muerte, odio, falta de respeto y pura maldad′, lo que ven no es Harry Potter, sino sus propios miedos. Miedos, todos tenemos. La cuestión es: ¿cómo nos enfrentamos a ellos?

LA MAGIA DE HARRY POTTER

El mundo mágico de Harry Potter es muy diferente, tanto en el tono, como en el contenido, a series para adolescentes como Embrujadas o dibujos infantiles como los de W.I.T.C.H.. Se trata de la magia que ha alimentado durante siglos los cuentos infantiles. La propia palabra que la escritora utiliza en inglés, así lo sugiere, cuando habla de un mago (wizard), y no de un brujo (warlock). La expresión viene de una palabra medieval para describir a un sabio. Ya que hay un propósito claramente moral en estas historias.

Muchos han comparado la magia de Potter con la que se encuentra en libros como las Crónicas de Narnia del escritor cristiano inglés C. S. Lewis, una fuerza que puede ser usada para bien, o para mal. La misma magia por cierto, que vemos en El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien, aunque algo más sofisticada allí, por la dualidad y realismo de sus personajes. Es como el anillo, una fuerza esencialmente neutra, una forma de poder, que como dice Lord Acton, tiende a la corrupción. Una forma de hecho de interpretar la magia de Tolkien, es ver su carácter simbólico como representación del uso del poder.

El problema es que la magia en la obra de Rowling, no se puede enclavar siquiera en ninguno de los dos tipos de magia de los que habla Lewis - la de la invocación y la del encanto -. Podríamos decir de hecho, que en este sentido no están tan desencaminados aquellos que comparan la serie con novelas como las de las Torres de Malory de Enid Blyton (la descripción de la vida de unas chicas en un internado británico a finales de los años cuarenta, narrada curso a curso en cada libro, exactamente como la serie de Potter). Una historia como la de El misterio del príncipe tendría más que ver en ese aspecto con los problemas de la adolescencia, que con los rituales de brujería que condena la Biblia (Deuteronomio 18:10-11).

Hay que darse cuenta que incluso en una obra como Macbeth, las brujas predicen al futuro rey de Escocia. Lo predicen, pero no lo hacen realidad. Porque la obra de Shakespeare no es una historia sobre brujería, sino sobre el poder, la ambición y la culpa. Así también Hermione, cuando le resta importancia a la magia, diciendo que no es sino ′¡libros!, ¡e inteligencia!′, quiere decir que ′hay cosas más importantes′, como ′la amistad y el valor′. Es de eso de lo que trata Harry Potter…

Es la historia de un chico dotado, pero vulnerable, con quien nos identificamos fácilmente en su orfandad e indefensión. Nos conmueve su necesidad de cuidado y protección. Y reconocemos tanto en él, como en sus amigos, los problemas de venir de una familia disfuncional y la extraña experiencia de la adolescencia.

Ya en La piedra filosofal, lo que se resalta es el esfuerzo y sacrificio. Es el valor y la ingenuidad de Harry, la habilidad para el ajedrez de Ron y la lógica de Hermione, los que logran que Harry llegue finalmente a la cámara, para enfrentarse con Voldemort. Es la ambición de Quirrell y el odio de Voldemort, el que hacen fracasar sus planes, para lograr el Elixir de la Vida. Así como en La cámara de los secretos, son los conocimientos de Hermione, el valor de Ron y el fénix de Dumbledore, los que permiten a Harry enfrentarse a la imagen del joven Voldemort en la Cámara, siendo vencido finalmente por un diente de su propio y mortal basilisco. La magia no es el elemento fundamental que resuelve sus problemas.

¿ALEGORÍA CRISTIANA?

Los personajes de este mundo, normalmente utilizan estos poderes con los que han nacido, simplemente con un gesto, moviendo la mano y diciendo una palabra o una frase en latín, que han aprendido en la escuela (Reparo para arreglar unas gafas, lumos para encender una luz o incendio para encender un fuego). Hay ocasiones sin embargo en que los encantamientos son algo más complejos. Para combatir así la influencia de los dementores (criaturas oscuras que causan desesperación y ′sorben el alma′), Harry tiene que recordar algo bonito, mientras dice Expecto Patronum, que es explicado como ′poner por delante un guardián′. John Granger sin embargo, en su libro Buscando a Dios en Harry Potter, lo traduce como Busco o deseo a mi Salvador o Libertador.

Autores como él, ven ahora simbolismos cristianos por todas partes, donde antes comentaristas como Richard Abanes, sólo veían los peligros de la brujería, al escribir sobre Harry Potter y la Biblia. Para Granger, por ejemplo, los animales mágicos son símbolos cristianos antiguos. El unicornio, cuya sangre bebe Voldemort para subsistir, se convierte así en una imagen de la Eucaristía. O el grifo de la casa de Gryffindor, mitad águila, mitad león, representa a Cristo como Señor de los cielos y la tierra. Pero ¿se puede usar de esa manera la historia de Rowling?

No hay duda que la autora se declara cristiana. Y aunque hasta este último libro no ha hecho referencia específica al cristianismo, ha dicho recientemente que toda la serie está influenciada por la Biblia. Es una gran admiradora de C. S. Lewis, miembro de la iglesia anglicana en Escocia, donde ha bautizado a su hija y asiste con cierta regularidad. De hecho en una entrevista de 1999 cuenta cómo encontró una amiga en la iglesia, que le ayudó mucho cuando escribió Harry Potter.

La influencia sin embargo de su fe en la serie, creo que tiene más que ver con categorías generales, como la lucha entre el bien y el mal, que con una intención alegórica. Rowling juega constantemente con la dualidad de caracteres, mostrando que son capaces del bien y el mal, pero distinguiendo claramente entre ambos. Las cosas no son siempre lo que parecen en estos libros, pero el bien y el mal están bien diferenciados. Es el tema central de El cáliz de fuego, donde el sabio profesor Dumbledore intenta explicar a Harry que ésta no es una opción fácil, pero es la elección a la que se enfrenta desde el mismo momento en que llega a Hogwarts.

Mucho más equilibrado me parece por eso el libro de Connie Neal, El Evangelio según Harry Potter, que busca simplemente analogías en los grandes temas de la serie con el cristianismo. Así cuando considera a su personaje como el Escogido por la Profecía, que le identifica como aquel que tiene el poder para derrotar al Señor de las tinieblas, muestra que si bien hay similitudes con la persona de Jesucristo, también hay diferencias. En ese sentido, dice que el sacrificio de Harry se parece más al de un libertador de la época de los jueces, que al del Cordero sin mancha de la Cruz.

Ya que Harry está lejos de ser perfecto. De hecho, no es tan diferente al Tom Riddle, que se convertirá en Voldemort. Los dos son criados por muggles, fuera del mundo de la magia. Y están siempre inclinados a romper las reglas. Aunque mientras Tom se vuelve cada vez más egoísta, duro, corrupto y criminal, Harry reconoce su propio mal, adquiriendo una conciencia que le lleva a descubrir el poder del amor.

EL PODER DEL AMOR

El mensaje más poderoso de estas historias es el poder insuperable del amor, al que Harry debe su vida y por el que el mal es vencido por un acto de autosacrificio. No podemos encontrar el Evangelio en la serie de Harry Potter, pero son historias que nos llevan a preguntarnos cuál es la verdad y realidad de nuestra vida. No por medio de una alegoría cristiana como la que hace Lewis en Narnia, donde un personaje como Aslan es una clara representación de Cristo. Lord Voldemort no es en este caso el diablo, ni Azkaban el infierno. Aunque en su descripción vemos vestigios de una visión cristiana del mundo, pero sobre todo nuevas formas de explorar el problema del bien y del mal. Ya que las historias de Harry Potter son profundamente morales.

Harry es como todos nosotros, vulnerable y limitado. Necesita gafas para ver. Le conocemos como un bebé indefenso, que tiene que crecer en un duro medio familiar, abusado e incomprendido, con un sentimiento de orfandad, que le acompaña el resto de su vida. Cuando encuentra a sus amigos en el colegio, ninguno de ellos es perfecto, ni capaz de hacer nada por si mismo. Los personajes no son así sólo verosímiles, sino que sentimos por ellos simpatía. Hay una identificación con ellos. Ya que lo que nos atrae de este mundo es precisamente su humanidad. Porque a pesar de su valor, Harry está lleno de dudas. Su debilidad nos atrae más que su fortaleza.

Toda creación literaria es en el fondo también una creación moral. Y Harry Potter no es una excepción. No hay acusación más injusta por lo tanto sobre la obra de Rowling, que decir que defiende un universo de relativismo moral, en el que no hay absolutos. Ya que en el mundo de Potter existe el bien y el mal. Pero su moralidad no es nada simplista, sino tremendamente realista. Parte del presupuesto bíblico de que vivimos en un mundo caído. Las cosas y las personas no son lo que aparentan: aquellos que parecen malos, tienen rasgos que los redimen, y los que parecen buenos, muestran grandes debilidades. Es el caso de personajes como Sirius Black, Lupin o Snape.

Si somos honestos con nosotros mismos, tenemos que reconocer en nosotros esa misma ambigüedad. Nos identificamos con las palabras de Pablo a los Romanos: ′Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago′ (7:19). Por lo que ′si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos′ (1 Juan 1:8). Todos hemos fallado. No somos ángeles, ni demonios. Nuestro mundo moral es más complicado que algunas historias infantiles. Los últimos dos libros de la serie profundizan en ese aspecto oscuro de Harry. Pero ¿quién podrá combatir ese mal?

Eso es lo que diferencia al Evangelio de todo moralismo. La historia de la salvación no es la de una superación humana, por la que nos esforzamos por ser cada vez mejores personas, sino la de una redención costosa, por la que Uno ha librado a otros con un amor sacrificado.

Es el sacrificio de los padres de Harry, el que salva su vida; por el que Black y Lupin están dispuestos a morir, antes que traicionar a sus amigos; y Harry, Ron y Hermione constantemente ponen en peligro su vida, por los demás. Es el poder redentor del amor, por el que Uno ha dado la vida por sus amigos (Juan 15:13). ¡Cuánto más si ′siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo′! (Ro. 5:10). Pero esa sangre revela, como diría Lewis, una ′magia más profunda′...

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Comentario de pilar bernal maya

"Buen articulo escrito por un cristiano sobre Harry Potter. Por fin un poco de cordura en el ámbito evangélico. A mí siempre me gustó. Desde el primer libro_movie... saludos"

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