Glitch: Los oscuros límites de la normalidad

Barcelona, 17 de enero de 2018. La normalidad es un recurso que muchos se imaginan como algo sólido a lo que aferrarse pero ¿existe realmente? Y si existe, ¿es realmente segura? ¿Hasta qué punto la normalidad es una invención para que muchos puedan quedarse tranquilos? Netflix nos ha hecho el favor de poner ese tema en bandeja sobre la mesa de muchos hogares, con una serie cuyo difícil título es una sola sílaba con cinco consonantes: Glitch.
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La normalidad es especialmente difícil de defender en los aspectos más superficiales como las apariencias, los gustos o las opiniones. Ya lo dijo Clint Eastwood: ′Las opiniones son como los culos. Todos tenemos uno′. Los argumentos más sólidos de la normalidad, los descubrimos claro cuando se tratan aspectos más vinculados a la ciencia. ¿Quién se atrevería hoy en día a dudar en público de argumentos como este, tan recurrente en la serie: el hecho de que los seres vivos son aquellos que ′nacen, se reproducen y mueren′?

La realidad de los seres humanos, sin embargo, es que hay algunos que no llegan a nacer, bastantes que no se reproducen y, lo queramos aceptar o no, muchos cuyo cadáver no llega a encontrarse nunca. La Biblia habla de algunos casos de personas que no llegan a morir o resucitan después de haber muerto, que han servido de inspiración a los guionistas de muchas series como Forever, Resurrection o Second Chance, donde los seres humanos tratan de evitar la muerte de mil formas diferentes. Sólo la serie Supernatural tiene ya 13 temporadas.

El término ′glitch′ se utiliza para identificar un error en un proceso tecnológico, algo que ha buscado la alquimia durante siglos y que todavía hoy buscan muchos científicos para reutilizar en beneficio de la humanidad. El escritor vasco Miguel de Unamuno ya proponía en ′Del sentimiento trágico de la vida′ una muy extensa relación, con decenas de formas diferentes en las que las personas han mostrado su anhelo de eternidad. Las recientes series sobre zombies, vampiros o personas que son arrebatadas como en The Leftovers, han superpoblado la programación de la televisión como una confirmación de que ese anhelo sigue siendo vigente.

La dramática pérdida de Tony Ayres

Glitch no es una serie de terror, ni siquiera de género gótico como la escenografía podría sugerir. Es mayormente un drama, un ′drama de resucitados′ -como decía Louise Fox. La resurrección de los protagonistas se produce, eso sí, rodeada de incógnitas y en unas circunstancias que aseguran al espectador estar pisando un terreno que no es seguro. Los retos a los que se enfrentan los personajes de Glitch son enormes desde la primera escena. Podría decirse sin embargo que son superados por los retos a los que enfrentó en su infancia el productor ejecutivo Tony Ayres.

Tony Ayres nació el 16 de julio de 1961 en una colonia portuguesa que es hoy parte de China. Su inestable madre trabajaba como cantante de un club nocturno, hasta que conoció al marinero que les llevó a Australia. Después de varios intentos fracasados, su madre consiguió finalmente quitarse la vida. Tony tenía entonces once años. Tres años después, durante las vísperas de su nueva boda, el padrastro del futuro productor murió de un ataque al corazón. El jovencito Tony acabó atendido por la desconsolada e inestable sustituta, que en lugar de una boda tuvo que celebrar un entierro. Toda esa pesadilla parecía que podía llegar a su fin cuando fue adoptado por su profesor de historia, pero eso era porque todavía ¡no sabía que el profesor era realmente un alcohólico!

Tony Ayres se había convertido en un director reconocido por su activismo LGBT y había tenido oportunidad de haber pensado bastante en la muerte en 2012, cuando un amigo le sugirió la idea central de la serie Glitch. ¿Podrían los muertos volver a la vida? Y si pudieran ¿querrían resolver algún asunto pendiente?, ¿podrían volver a morir? Todos esos temas se pusieron sobre la mesa cuando en 2015 se decide a escribir el guión de Glitch con la australiana Louise Fox.

Los miedos que alimentaron el éxito de Louise Fox

Otro activista del mismo movimiento LGBT, el francés Robin Campillo, ya había grabado once años antes el largometraje Les Revenants, traducida al castellano como ′La resurrección de los muertos′. La escritora Louise Fox asegura que conoció la serie francesa del mismo título cuando trabajaba en el guión, pero que la ignoró por no tener a mano los subtítulos en inglés.

A lo que sí prestó atención fue a otras dos series norteamericanas, que también se adelantaron a su trabajo con la misma temática. Al cruzarse con ellas se convenció a sí misma de que jamás encontraría espacio para Glitch en el mercado, pero ¡se equivocó! A diferencia de las otras, la primera temporada de Glitch es perfectamente capaz de mantener al espectador emocionado, pendiente de respuestas que apenas se empiezan a responder al final de la temporada.

No es casualidad que las relaciones personales estén deliciosamente cuidadas en Glitch. Louis asegura que nunca había mostrado interés en el género de la ciencia ficción hasta que vió la popular serie Lost, cuya primera temporada le alcanzó a ella y a más de veinte millones de espectadores más. La lectura íntegra del Salmo 23, por ejemplo, es un claro homenaje que Louis Fox rinde a Lost en el capítulo 3 de la primera temporada de Glitch. La escena original, para aquellos que la quieran ver, está en The 23rd Psalm: el capítulo 10 de la segunda temporada de Lost.

La isla perdida de Carlton Cuse

El productor ejecutivo Carlton Cuse fue el principal guionista detrás de la serie Lost en general y de la mencionada lectura del Salmo 23 en particular. Se crió en una familia católica pero su encuentro personal con la fe se produce realmente al conocer a la familia de su esposa. Asegura que su concepción del pecado, la culpa y la redención están intencionadamente incluidos en la obra que firma aunque no de una manera explícita. Todos conocéis ya el principio de Lost. Un accidente de avión durante un vuelo entre Los Angeles y Sydney, deja recluidos a los pasajeros en una misteriosa isla.

Carlton niega que la isla donde se pierden sea una reinterpretación del purgatorio. Le gusta imaginar la isla más como un mundo paralelo similar a lo que es Narnia de C.S. Lewis. Un lugar al que pudieran acceder otros posibles personajes en el futuro. Raelle Tucker había alcanzado un éxito enorme con la serie de vampiros True Blood cuando Carlton Cuse se puso en contacto con ella para grabar la serie The Returned. Juntos harían precisamente la versión americana de la serie francesa sobre resucitados, que hizo temblar a Louis Fox mientras terminaba de escribir Glitch en 2015.

Son extraños los tiempos en los que lo sobrenatural es tratado principalmente fuera de la iglesia. Cuando el personaje de María, por ejemplo, entra en una iglesia y asegura que acaba de resucitar, la tratan con condescendencia ofreciéndole ′un té calentito′. Los teólogos se atropellan para dejar de hablar del infierno, al mismo tiempo que los científicos aseguran para todos, a corto-medio plazo, una atmósfera propia del mismo Apocalipsis. Sólo tenemos que oir los detalles de la volcánica superficie de Venus, el planeta más cercano a la Tierra. La atmósfera del planeta que algunos confunden con una apacible ′estrella de la mañana′, es sólo un ejemplo para entender que lo salvaje y lo sobrenatural no está tan lejos de nosotros.

El provecho de la eternidad

No en vano los poetas han girado siempre en torno a la muerte como el último y más importante de todos los dramas posibles. El acierto particular de series como Glitch es plantear además una cuestión no tan popular: ¿en qué aprovecharíamos el tiempo si al menos pudiésemos volver de la muerte? El escritor argentino Jorge Luis Borges ya había sugerido que la inmortalidad necesariamente acabaría produciendo un aburrimiento monstruoso en las personas. Razones no le faltaban. Al fin y al cabo las generaciones se suceden unas a otras, demostrando únicamente que el hombre es incapaz de hacer algo realmente nuevo.

Si la normalidad no puede salvarnos, entonces ¿cuál es el error que podría hacerlo? Series como Glitch permiten plantearnos que lo valioso para los seres humanos no sería necesariamente conseguir la vida eterna. Los milagros en el pueblo judío durante el Éxodo o durante la vida de Jesús, por ejemplo, son errores en la normalidad que parecen tener también un efecto muy limitado. Cubren necesidades muy específicas que con el tiempo vuelven a dejar lugar a la insatisfacción. Se podría entender de esos textos bíblicos que lo que necesitamos no es una vida eterna, sino más bien una nueva vida que merezca realmente ser vivida y que sea eterna.

Los evangelistas presentan a Jesús haciendo precisamente eso. Jesús se muestra como Señor sobre la muerte pero también sobre la vida. La forma en la que describen incluso su nacimiento o su muerte, demuestra que Jesús estaba lejos de poder pasar a la historia por su normalidad. Ya que hay pocas cosas más normalizadas que el pecado, ayuda descubrir que aquel que se presentaba como Salvador del mundo no fuese precisamente normal. Horas antes de ser entregado a la muerte Jesús hacía una larga oración diciendo: ′esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero′.

La ineficacia de las creencias

Las apariencias son engañosas y según la Biblia la vida después de la muerte nos aguarda grandes sorpresas. En la Biblia, al igual que en la serie Glitch, vemos que el Sol se levanta igualmente para creyentes y no creyentes. Creer en Dios no aporta una gran diferencia a la vida de las personas. Si somos honestos tenemos que reconocer que la mera creencia de que Dios existe, es una obviedad enorme en un entorno en el que hay realmente cientos de miles de dioses.

Incluso la importancia del conocimiento del Dios verdadero es relativa. Cuando se basa en el papel que jugamos nosotros, la creencia deja de ser realmente eficaz porque somos seres inestables por naturaleza. Lo relevante es el papel que juega Dios en la eternidad, pues sabemos que su palabra es inquebrantable. "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?′ - escribe el apóstol Pablo en su carta a los Romanos.

El sello que firma esa promesa es importante no sólo por quien lo pone, sino también por el precio que tuvo que pagar para hacerlo. ¿Quien pagaría con la vida de su propio hijo, algo en lo que no tiene interés por conservar? Si nosotros siendo malos trataríamos de guardarlo, ¿cuánto más podremos esperar del buen Dios?

′El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: ‘Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero’. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."

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