Espartaco: La verdadera libertad

Barcelona, 31 de julio de 2010. Se cumplen los 50 años del estreno de la película de Stanley Kubrick basada en la novela de Howard Fast "Espartaco" justamente el mismo año que triunfa en televisión una nueva serie llamada "Spartacus: Sangre y Arena" . A pesar de que los jóvenes y atractivos gladiadores televisivos parecen ahora preocupados casi exclusivamente por el sexo opuesto la novela de 1951 circuló clandestinamente en Estados Unidos por el alto contenido socio-político que le aportó su subversivo autor.
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Es bien sabido que los ciudadanos romanos, afligidos por el aburrimiento y la grosura, se habían acostumbrado a maltratar a sus semejantes esclavizándolos y exponiéndolos a crueles juegos de luchas a muerte. Según la historia original, relatada por historiadores como Plutarco, el esclavo tracio Espartaco lideró desde Capua un levantamiento de un grupo de 70.000 esclavos contra el Imperio Romano entre los años 73 y 71 a.C.

Durante los dos años de conflictos en los que tropas del imperio estuvieron en un constante jaque Espartaco encarnaba el símbolo de la dignidad pero con su muerte se convirtió también en el símbolo de la eterna derrota en la lucha para conseguir la libertad aun contando con las aparentemente más dignas aliadas: razones, actitudes y aptitudes.

"¡No soy ninguna bestia!, ¡no soy un animal!" -grita en la película el personaje de Espartaco a sus opresores. Durante los discursos finales de Craso y Espartaco, que en la película se entrecortan y alternan entre sí para poner en evidencia las diferencias entre esclavistas y esclavos, Kirk Douglas exclama aquello de "sé que todos somos hermanos y que todos somos libres". Adopta una pose idealizada de concebir la humanidad y la libertad que es más propia del que cree vencer a gigantes cuando tan sólo está estrellándose contra molinos de viento.

"El sacrificio de Espartaco" no es, como adelanta una voz en off al principio de la película, "el triunfo de la humanidad". Sabemos que el Imperio Romano no tardó después de estos acontecimientos en empezar a caer sobre su propio peso, sabemos que los derechos humanos impiden hoy la reutilización de las ruinas de aquellos circos, pero sabemos también que 1930 años después de la muerte de Espartaco todavía seguía existiendo el derecho a la esclavitud en otro de los imperios más civilizados del planeta.

"La muerte es la única liberación para el esclavo; por eso no la teme, por eso venceremos" -dice Espartaco en la película. Ciertamente la muerte ofrece una vía escapatoria a muchos oprimidos. La completa y verdadera libertad, sin embargo, no está en nuestras manos ni tampoco en manos de nuestros opresores a pesar de lo que ellos mismos puedan creer. Cuando el prefecto romano Poncio Pilatos amenazó de muerte a su más famoso preso, a Jesucristo, fue inmediatamente sorprendido por una lapidaria frase: "Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba".

Al ser derrotado el ejército de Espartaco 6.000 esclavos fueron crucificados a lo largo de la Vía Appia entre Capua y Roma como forma de escarmiento y advertencia. ¿Vive Dios ajeno a estas formas de violencia? Dios promete en la Biblia hacer justicia a los que sufren violencia pero a menudo nos parece que no lo hace tal y como desearíamos que lo hiciera.

La muerte de Jesucristo como forma de liberar a la humanidad no resulta hoy mucho más paradójica de lo que le resultó al principio a sus propios seguidores. ¿No deberían haber muerto más bien los romanos que les oprimían?, ¿en qué podía beneficiar al mundo una muerte más?, ¿qué podían esperar entonces?. El apóstol Pablo escribió que si Cristo no había resucitado los cristianos eran los más dignos de lástima que había sobre la tierra. Los seguidores de Jesús comenzaron a esperar la liberación, no a partir de su muerte, sino precisamente después de ver con sus propios ojos que Cristo había resucitado y que con ello había triunfado no sólo sobre su propia muerte sino también sobre la de aquellos que creían en él.

La posibilidad de creer ésto, la posibilidad de además, dejar de confiar en nuestras propias razones, actitudes o aptitudes, al mismo tiempo que se abandona el temor al opresor, es a lo que la Biblia llama "verdadera libertad".

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Comentario de Inocencio Santino

"los hijos de lucifer siguenaltivos y pujantes, esclavisando a sus opositores,ejemplo,,los castro de Cuba, Venezuela con maduro, Correa- en oriente medio rusia, paises gobernados por el mal, como se ensañan con los cristianos,aca en Peru de a igual,ayer un esplisovo estallo en una basilica en España, seguira hasta la Batalla de Armagedon."

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