Elliott Smith: Entre la autocomplacencia y la autodestrucción

Barcelona, 20 de febrero de 2011. La novia de Elliott Smith le contó a la policía que ella se había encerrado en el baño debido a una discusión que habían mantenido y que, al salir alarmada por un grito de él, le encontró de pie, con un cuchillo clavado en el pecho y una nota escrita con este texto: "Lo siento mucho. Amor, Elliott. Dios perdóname"
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Steven Paul ‘Elliott’ Smith nació el 6 de agosto de 1969 en Omaha, Nebraska; pero al separarse sus padres un año después, su madre se lo llevó a Texas. Es allí donde conoció a Charlie, su temido padrastro. Prefería ‘no recordar a nadie relacionado con esa época’ con sus amigos, pero en ocasiones confesaba a algunos estar torturado con recuerdos de violencia o abusos sexuales. Públicamente también escribió sobre su padrastro en canciones como Flowers for Charlie, No Confidence Man o Some Song: ‘Charlie te golpea semana tras semana, y cuando crezcas serás un esperpento’.

Su familia materna formaba parte de la Comunidad de Cristo y asistió durante su infancia a la Iglesia Metodista de la que según recordaba de mayor sólo había aprendido el amor a la música y el "miedo al infierno". A falta de una gran cicatriz que le recordase no volver a ese lugar se hace un tatuaje del mapa de Texas en su brazo derecho y con 14 años se instala con su padre en una ciudad mucho más moderna: Portland, Oregon.

En Portland, junto con unos amigos, comienza a experimentar con drogas y grabaciones en una mesa de mezclas de 4 pistas."Las drogas estaban en mi mente, pero no estaban en mi mente sólo debido a mi relación con ellas" -confesaba- "Ellas eran parte de mi mente porque son un vehículo muy útil para hablar acerca de otras cosas que son más difíciles de nombrar"

Elliott Smith, siempre en busca de superar sus depresiones, tocó durante varios años en diferentes grupos de rock hasta que en 1994 grabó su primer trabajo en solitario titulado "Roman Candle". Su sonido dramático y austero en la línea de Nick Drake contrastaba peligrosamente con el demoledor sonido de Seattle de moda encabezado por Nirvana o Pearl Jam. A pesar de ello dos años más tarde era nominado para un Oscar a la Mejor Canción Original por su canción "Miss Misery" incluida en la banda sonora de la popular película de Gus Van Sant "Good Will Hunting". Tratando de definir su actuación durante la entrega de los premios Elliott Smith no pudo dejar de añadir: "No estuvo mal dar una vuelta por la luna por un día".

Su disco "Either/Or" es titulado en honor a uno de sus escritores favoritos, el filósofo cristiano Sören Kierkegaard, a quien había leído muy intensamente durante los cuatro años de estancia en Hampshire College, Massachusetts; una facultad privada que imparte cursos personalizados y a la que asistió siguiendo a su novia.

El libro titulado "Either/Or", que se ha publicado en castellano como "O lo uno o lo otro", fue escrito por Sören Kierkegaard bajo diferentes seudónimos que encarnaban lo que para él eran los dos primeros estadios de la vida de una persona: el estético y el ético. La intención del autor original, según confesaría abiertamente años más tarde en su libro "Mi punto de vista", no era sino mostrar la necesidad que tienen esos protagonistas de pasar al último y más alto de los estadios: el religioso.

"Si no hay nada más que aquello que puedes ver, entonces el mundo se presenta muy pequeño" -reflexionaba Elliott Smith cuando era preguntado sobre la religión. Respecto a la iglesia, sin embargo, Elliott Smith se mostraba bastante distante: "Tengo mi propia opinión sobre ella. Fui criado en un hogar religioso. No voy a la iglesia. No encajo necesariamente en ninguna estructura oficial de espiritualidad. Pero tengo mi propia versión de ella, en la que soy el único miembro. No veo la razón por la que no deba creer cualquier cosa que yo desee. Además no me importa si no tengo razón en lo que creo."

Para un poeta es mucho más apropiado hablar del amor que de la verdad. Elliott Smith, atrapado en el estadio estético de la vida descrito por Sören Kierkegaard, sufría continuamente el fracaso en su camino hacia la autocomplacencia. Su aspecto demacrado por el abuso de las drogas y la consecuente falta de apetito no era ningún secreto los últimos años de su vida. Alguien recuerda que durante la última actuación su novia tuvo que llevarle a la silla del escenario y que difícilmente podía terminar sus canciones. Elliott Smith expresaba de una manera especialmente poética el habitual drama del alcohólico: que precisamente la poca gente que se acerque a ti para ayudarte te haga verte más sólo, enfermo y marginado.

Incapaz para recibir más ayuda que la del temporal olvido, Elliott Smith invocaba su propia destrucción. Palabras como éstas, incluidas en su canción Christian Brothers (que es al mismo tiempo una bebida alcohólica y una referencia a la iglesia), son especialmente significativas: "Christian Brothers going to take him down / But it can-t help me get over / Don-t be cross, it-s sick what I want / Well, I know how much you care / Don-t be cross, it-s sick what I want / I-ve seen the boss blink on and off / Come here by me, I want you here / Come here by me, I want you here / Nightmares become me, it-s so fucking clear".

"¿Crees, como los poetas, que el amor es lo único que da sentido al universo, y que sin él sólo somos un puñado de moléculas agitándose unas contra otras?" - le preguntaba un periodista después de un concierto en Los Ángeles en el 2000. "Sí" -contestó él. "Amor o alguna especie de acción creativa"... "Si yo estuviese seguro de que el amor no fuese a cruzarse en mi camino, no le vería el sentido a hacer nada".

"El mundo es ruidoso y mudo" -escribía Antonio Machado a los poetas-. Muy por encima de ese infranqueable muro de ruido, formado por falsas promesas, por bienintencionadas llamadas a las que nadie puede ni podrá nunca responder, o por llamadas a la autodestrucción como la de Elliott Smith, se levanta una única voz, nítida, con una sencilla proposición: "Venid a mi" -dice Jesús a lo largo de los tiempos- "todos los trabajados y cargados, y yo os haré descansar".

"El que invita" -escribía Sören Kierkegaard sobre esa invitación- "invita a todos, y a cada uno en particular o como individuo. De esta manera se pone en marcha por los muy solitarios, un camino tan solitario que solamente uno, uno solo, y nadie fuera de él, lo conoce; en el que solamente hay un rastro, el rastro del desgraciado que huyó por ese camino: también hasta allí llega la invitación, que encuentra fácil y seguro el camino de vuelta, facilísimo, y conduce al fugitivo hacia el invitante. ¡Venid acá, venid vosotros todos, también tú y tú y tú, el más solitario de todos los fugitivos!. Así se difunde la invitación por todas partes y queda plantada en todas las encrucijadas, y llama. Y al igual que la llamada de la trompeta bélica se dirige a las cuatro direcciones de la rosa de los vientos, así resuena la invitación por todos los ámbitos donde hay una encrucijada, y no con un sonido indeterminado -porque entonces ¿quien querría venir?-, sino con la autenticidad de la eternidad".

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