Peter Jackson: El Retorno del Rey

Madrid, 14 de marzo de 2005. Durante más de medio siglo la obra de J. R. R. Tolkien ha ejercido un continuo y profundo impacto en varias generaciones de lectores. Nadie podía sospechar sin embargo hace tan sólo unos años, que la fascinación que muchos sentíamos por El Señor de los Anillos desde la adolescencia, llegaría a ser un fenómeno social de las dimensiones que ha llegado a tener esta trilogía, gracias a su adaptación al cine por un director casi desconocido, el neozelandés Peter Jackson. La extraordinaria acogida que ha recibido estos días la tercera y última parte de esta serie de películas, El retorno del Rey, nos lleva a preguntarnos una vez más: ¿cuál es el secreto de El Señor de los Anillos?, ¿cómo explicar su todavía asombrosa atracción? y ¿donde encontramos la fe de Tolkien en esta fantástica historia?
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Para entender El Señor de los Anillos tenemos que comprender que esta novela es para Tolkien mucho más que una historia. Su obsesión por esta obra viene de la profunda conciencia que tiene el autor de sentirse parte de esta historia. Esta ficción es para él mucho más que la integración de la poesía épica y la saga heroica en la novela moderna. Tolkien entiende que las leyendas y los mitos encierran una verdad que sólo puede captarse de ese modo. Eso es lo que explica su continua repetición, ya que su mensaje no puede ser aprehendido de una sola vez. Son historias con las que tenemos que crecer, ya que abordan toda una visión del mundo y de la vida que implica una idea de búsqueda. El Señor de los Anillos supone por eso una búsqueda no sólo en su redacción, que le llevó prácticamente toda su vida, sino también para su lectura. Es un viaje que nos lleva a la búsqueda misma del sentido de nuestra vida.

Todos sabemos en el fondo de nuestro corazón que nuestra vida no es simplemente una realidad biológica que nos lleva mecánicamente de la cuna a la tumba. Todos buscamos algo, porque nuestra imaginación siempre nos lleva más allá de los límites de lo conocido y lo evidente. Deseamos el infinito, anhelamos la restauración y realización venideras de un paraíso perdido, por el que no podemos dejar de sentir una continua nostalgia. El Señor de los Anillos construye así un puente maravilloso entre los paisajes fantásticos del ensueño nórdico con nuestra era, la Edad de los Hombres. Su trilogía empieza y acaba en la Comarca, un arquetipo de la Inglaterra rural que Tolkien amaba. Desde allí empieza una búsqueda, no para encontrar un tesoro, sino para perderlo. El anillo de invisibilidad adquirido por Bilbo en El Hobbit, es el Anillo de Poder forjado por el Señor Oscuro en los fuegos del Monte del Destino. Su capacidad de corrupción es tal que alcanzará a toda la Tierra Media, a menos que sea destruido en el lugar donde fue creado. Frodo emprende así su búsqueda, como Portador del Anillo, ayudado por su sirviente Sam y sus amigos Merry y Pippin.

El Retorno del Rey lleva a esta historia al clímax con la destrucción del Señor Oscuro y la coronación de Aragorn como rey de los hombres. Esto es plasmado con extraordinario poder en el final de esta serie de películas que ha hecho Jackson. Es cierto que hay una dimensión en la novela que el director ignora, que muestra cómo la corrupción ha alcanzado a la Comarca, por lo que la trilogía acaba en el libro con una especie de anticlimax, ya que su restauración es todavía una tarea pendiente al terminar la obra. El cine pierde así esa faceta escatológica por la que la salvación es una misión ya cumplida, pero aún no consumada, como espera la fe cristiana que Tolkien mantenía con su fervor de converso a la religión católica romana. Pero por lo demás la película es un magnifico reflejo del drama literario que Jackson ejecuta como una verdadera sinfonía.

Las adaptaciones literarias se quedan generalmente en oberturas, pero aquí se alcanza un largo movimiento final, cuya visión resulta tremendamente satisfactoria y fascinante. La audiencia se ve literalmente sobrecogida por el aliento oscuro que hace estremecer a Frodo en el valle de Morgul. La batalla de Pelennor se desarrolla también a tal escala que desvela todo el horror genocida de este conflicto. Es verdaderamente una "guerra para acabar con todas las guerras". Es cierto que hay detalles como los elefantinos mumakil un tanto exagerados, y el tratamiento que se da por ejemplo a los barcos negros no es tampoco el más apropiado, pero hay otros como el enfrentamiento de Eowyn al rey brujo de Angmar, que son realmente excepcionales. Creo además que la película deja claro que esta historia no trata de ciudades, jinetes oscuros o inmensos ejércitos. Para Jackson los protagonistas son los hobbits. Es chocante por eso cómo Frodo empieza a dudar de Sam a causa del poder del Anillo, hasta llegar al emocionante momento en que se dan cuenta que ya no hay vuelta posible. La tristeza de esta ocasión, así como la dolorosa separación entre Merry y Pippin, transmiten realmente la impresión de que nadie sabe cómo va a acabar esta historia.

El sacrificio que implica la destrucción del Anillo va acompañado de ese sentido de angustia que percibimos en el Evangelio a medida que Cristo se va a acercando a la cruz. La sensación de desolación en torno al Monte del Destino le hace a uno sentirse verdaderamente rodeado de tinieblas. Tanto Frodo como Portador del Anillo, a quien el Concilio Blanco confía la misión de su destrucción, como el hombre Trancos, al principio sólo un extranjero misterioso que guía y acompaña a los hobbits, pero que luego se levanta como un verdadero héroe ganando el trono de la Tierra Media, así como el mago Gandalf son en cierta forma figuras crísticas. Todos ellos ofrecen su vida por otros, pasando a través de la oscuridad en una especie de muerte y resurrección. Gandalf contra el Balrog demoníaco sobre el angosto puente de Moría, Trancos a través de los Senderos de los Muertos y Frodo a través de la impenetrable oscuridad de Ella Laraña bajo Minas Morgul, sumido en una inconsciencia que Sam no puede distinguir de la muerte. 

El mensaje de esta obra es que tal y como Jesús nos enseñó, el futuro pertenece a los humildes. El Señor de los Anillos nos muestra así como "los últimos serán los primeros", empezando por Sam, el más humilde de todos, un siervo sin pretensiones ni ambiciones, que por amor a Frodo deja la Comarca, haciendo un sacrificio por el que el mal ha de ser enfrentado y vencido. Gollum representa sin embargo la debilidad y maldad que acechan el alma de cualquiera que esté dominado por el poder del Anillo, símbolo de orgullo y de poder. Representa todo lo que nos arrastra al reino del Señor Oscuro. Forma los cimientos de nuestra Torre Oscura, por lo que debiéramos buscar renunciar a ese Anillo, pero es algo que nos resulta imposible sin ayuda. Ya que en cierto modo no es Frodo quien salva la Tierra Media, y mucho menos Gollum, que le arranca el Anillo de un mordisco, y al hacerlo se precipita en el Fuego. Tampoco Sam, aunque haya aprendido la compasión de Frodo. El desenlace es al final un triunfo de la Providencia sobre el Destino.

La caída del hombre ha abierto un abismo, pero Tolkien ve en la revelación cristiana el encuentro de la Leyenda con la Historia, presentando a Cristo como el puente que trae la restauración anhelada. El Evangelio en ese sentido es mucho más que un mito, porque Dios no viene para participar en una contienda mitológica, sino para penetrar en su encarnación como hombre en el corazón mismo de la lucha humana. El abismo es aterradoramente real, todo lo consume y llena de oscuridad. En él se pierde cada esperanza y expectativa. En su centro reina la noche que hiela el alma. Nos arrebata todo consuelo, ya que todo lo engulle y aniquila. Pero erguida en el centro del vacío se yergue la cruz de la contradicción. Se levanta como la promesa de una flagrante negación de la vacuidad en la que yace empantanada. La fantasía de Tolkien nos trae así "un lejano destello, un eco del evangelium en el mundo real".

La película comunica en ese sentido la idea de Tolkien de que el arte ha de "encender otra vez la vieja llama" que ilumine la oscuridad de este mundo. El retorno del Rey trae la locura de una esperanza que triunfa sobre la desesperación. "Los barcos han venido para llevarte a casa", canta Annie Lennox sobre los títulos de crédito. ¿Cómo nos sentiremos cuando nos llegué ese día?. Jackson decía hace poco en una entrevista que él vería nuestra historia más bien como la de un "largo fracaso", pero Tolkien concebía la vida después de la muerte en un "lugar llamado cielo, donde el bien que ha quedado incompleto en esta vida sea hecho completo". Y lo cierto es "el viaje no termina aquí", como dice Gandalf. La muerte es "sólo otro camino, que todos debemos tomar", y "cuando se cierre la cortina gris de lluvia de este mundo, y se vuelva como cristal plateado, entonces lo veremos". Estaremos ante esas "costas blancas; y más allá un lejano país verde, bajo un rápido amanecer".

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Comentario de Anonimo

"la tengo las 3 peliculas y esta muy buena "

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