El Pianista: Polanski y el Horror

Madrid, 3 de mayo de 2005. Han hecho falta muchos años para que Roman Polanski, hijo de judíos polacos víctimas de los campos de concentración, pudiera regresar al horror del genocidio nazi. El pianista, la película con la que ha intentado exorcizar tan dolorosos recuerdos, llega ahora a nuestras pantallas después de obtener la Palma del Oro del festival de Cannes. Su historia está basada en las memorias del músico polaco Wladyslaw Szpilman, y se desarrolla durante la ocupación alemana de Varsovia, pero es en realidad un viaje al fondo del terrible misterio del mal.
Escrito por .



Los padres de Polanski eran polacos, aunque nació en París en 1933. Eran judíos no practicantes, pero cuando volvieron a su tierra fueron recluidos en el ghetto de Cracovia. Es allí donde transcurre su infancia, y dice que descubrió ′lo que era el miedo físico un día en el que los alemanes hicieron una redada de mujeres en el ghetto′, y ′en vez de escaparme como los otros, me quedé petrificado′. Vió ′una anciana al final de la fila que no podía seguir, un oficial la empujó, ella cayo gimiendo y suplicando al alemán en yiddish′, cuando ′él sacó su pistola y la disparó en la espalda′. Polanski recuerda cómo ′la sangre brotó como un géiser y la anciana cayó′. Entonces salió corriendo y se refugió en la casa más cercana. ′Me acurruqué en un rincón nauseabundo bajo la escalera de madera y me quedé allí sin fuerzas, durante varias horas′.

′Lo que más temía entonces′, dice Polanski, ′era que me separaran de mis padres′. Sus peores pesadillas se cumplieron en 1941, cuando tenía ocho años. ′Mi madre fue apresada en el transcurso de una redada′, y ′nunca volvió de los campos′. Su padre era enviado en el 43 a Mathausen, y él fue escondido en el campo por una familia católica muy pobre. ′Durante muchos años he querido hacer una película sobre este período de mi vida y de la historia polaca′, sostiene este director cuyo cine se basa siempre en la literatura. Los libros que leía, dice que ′generalmente contaban experiencias demasiado cercanas a las mías′. Pero él buscaba acercarse a esta historia desde una cierta distancia. Es sobre todo esa frialdad la que ha sorprendido a sus críticos.

El pianista describe los hechos que Polanski recuerda de su infancia, pero no es otra historia más sobre el Holocausto. El espectador asiste con los ojos de este músico a la degradación humana a la que poco a poco se va sometiendo la población judía. Su historia, como la del director, es la de un superviviente. Va escapando de mil muertes mediante situaciones absurdas, siempre por la intercesión de alguien, gracias a una misteriosa Providencia. Polanski se confunde así con Szpilman. No es fácil separar su vida de su obra. Después del violento asesinato de su novia Sharon Tate a manos de la secta de Charles Manson, Polanski rueda el relato de La semilla del diablo en 1968. Su experiencia de la maldad le lleva a hacer Macbeth el año 70. Y cuando tiene que huir de Estados Unidos, acusado de violar a una menor, rueda su morbosa Luna de hiel en 1992, para enfrentar luego al torturador con su víctima en La muerte y la doncella (1994).

El cine de Polanski nos sumerge en los demonios de la mente humana. Nadie como él ha indagado en los fantasmas del espanto. Su mirada claustrofóbica hurga en las zonas oscuras de nuestra existencia para mostrar la verdad de nuestra vida. ¿Cómo se llega a lanzar a un anciano inválido por la ventana, antes de ponerse a disparar contra el resto de su familia?, como hacen los nazis en El pianista. Para Polanski, hasta en su personal recreación de los Piratas en 1985, la violencia no proviene del destino y de los elementos naturales externos, sino que proviene del corazón del hombre. Es por eso que para él, no hay buenos ni malos, ya que todo el mundo es malo.

El escritor español Antonio Muñoz Molina ha vivido fascinado muchos años por ese misterio del mal, como demuestran sus novelas Plenilunio y Sefarad. Una de las ideas esenciales de esta última es que todos podemos ser víctimas y verdugos. Tras tantas lecturas sobre el Holocausto, el autor concluye que ′ahora se sabe que en la Alemania nazi no había tanta Gestapo como se creía′. Ya que ′la mayor parte de las denuncias contra los judíos las hicieron honestos ciudadanos′. Una de las víctimas del genocidio dice que ′cualquier cara normal podía ser la de alguien de la Gestapo′.

Para llegar a entender esto, no hay más que mirar dentro de nosotros. El germen de todos los males anida en nuestro corazón. No hay nada de lo que podamos decir: ′esto yo no lo haría nunca′. Pero Cristo Jesús ha muerto para acabar con esa maldad, y llevarnos a una vida nueva, libres ya de todo lo que nos separa de la bondad de Dios. Todos nuestras miserias pueden ser lavadas por ese sacrificio perfecto, al llevar nuestros fantasmas ante su cruz. Tras esa tumba vacía podemos entrar en la luz admirable del reino victorioso del Resucitado, que habrá de juzgar un día a vivos y a muertos. Entonces como hoy, en Él estará nuestra única esperanza.

Entrelíneas

CINE El Pianista Escrito por el () . Hasta el día de hoy esta página ha tenido 3793 visitas. Puedes seguirle también en .


PALABRAS CLAVE:

TRADUCCIÓN AUTOMÁTICA DE GOOGLE:

Escucha y descarga cientos de PODCASTS


DÉJANOS TU OPINIÓN



ESCRIBE AQUÍ TU COMENTARIO (ÚNICO CAMPO OBLIGATORIO)

TU NOMBRE

EMAIL (NO SE MOSTRARÁ)

ENVIADME NOTIFICACIÓN DE OTROS COMENTARIOS:
NO

Por razones de seguridad, por favor, escribe las letras y los números de la imagen anterior en el siguiente recuadro.

¡Gracias!