El Intercambio: El valor de la verdad

Madrid, 1 de junio de 2009. Acostumbrados a que Hollywood nos presente siempre a los predicadores como auténticos sinvergüenzas, uno no sale de su sorpresa ante la admirable figura que nos presenta el actor John Malkovich en el papel de un pastor presbiteriano que habla por la radio, en la última película de Clint Eastwood, El Intercambio. El film protagonizado por Angelina Jolie, se basa en una historia real que nos presenta el drama de una madre que se enfrenta con la ayuda de este pastor, a un terrible caso de corrupción policial en los años veinte. La cinta parece destinada a ser todo un clásico. Ya que demuestra la maestría de un director, considerado ya por todos como el último de los grandes cineastas americanos.
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En 1928 desapareció un niño de nueve años en Los Ángeles llamado Walter Collins. Su caso conmovió el sistema legal de una ciudad llena de corrupción. Su historia había sido olvidada, hasta que al ir a quemar los viejos archivos del ayuntamiento, un empleado contactó con un antiguo periodista llamado Michael Straczyinski. Los papeles conservaban la transcripción de una audiencia con esta mujer llamada Christine Collins, que decía que el chico que le había devuelto la policía, tras su desaparición, no era su hijo. La historia es tan increíble que Straczynski se dedicó un año a investigar el caso, hasta que escribió el guión de esta película, que primero iba a hacer Ron Howard, pero finalmente ha dirigido Clint Eastwood.

El intercambio es un relato magistral, que combina el drama criminal con una reflexión sobre la naturaleza del mal. Aunque no tiene la dimensión trágica de Mystic River y carece de un final tan devastador como Million Dollar Baby, es un claro ejemplo de cómo una obra menor de Eastwood es mayor que las mejores producciones actuales que se hacen hoy en el cine americano. Con narraciones paralelas, que no parecen serlo, y poca acción para su larga duración, el director mantiene sin embargo la incertidumbre y el interés sobre el desarrollo de unos acontecimientos que se van complicando de forma casi absurda, pero fatal. Estamos ante una ′historia real′ que nos deja por una vez la impresión de haber sido efectivamente real.

EL CASO COLLINS

Las historias de desaparecidos están llenas de extraños casos, pero pocas hay tan increíbles como la de Walter Collins. Aquella tarde soleada de marzo, la madre le dio a su hijo una moneda para ir al cine, antes de ir a su trabajo como operadora telefónica. Su desaparición conmovió una ciudad, donde tres meses antes un psicópata había secuestrado una chica de doce años, dejando su cuerpo descuartizado. Las pistas sobre Walter no iban a ningún sitio. Unos decían haberle visto en San Francisco, Oakland, o envuelto en periódicos en la parte de atrás de un coche, conducido por un italiano en una gasolinera de Glendale. El padre, que estaba en prisión, creía que era una venganza de algunos antiguos convictos. Cuando en agosto aparece un niño que dice ser Walter…

Aunque tenía un cierto parecido, la madre dice que no era su hijo. Los registros dentales y los testimonios de muchos que le conocían, así lo aseguraban. La policía sin embargo la hace pasar por loca para que deje de incordiar, siendo ingresada en un hospital psiquiátrico, hasta ser liberada por la ayuda del pastor presbiteriano Gustav Briegleb, que es presentado en la película como alguien que tiene un programa de radio. En realidad era un amigo suyo, el pastor metodista R. P. Schuler, quien hablaba por la radio. Ambos colaboraron en las denuncias contra el vicio y el crimen de una ciudad con una policía totalmente corrompida.

La tragedia de los Collins fue seguida por la prensa de forma intensiva. Straczynski ha estudiado toda la documentación médica, pero ha tenido que imaginar cómo fue su estancia en el sanatorio mental. Tal vez por eso, los pasajes en el manicomio tienen algo de exagerado. Es la única impostación, en una interpretación generalmente sobria. No hay duda que Angelina Jolie hace aquí su mejor papel. Eastwood parece que la eligió porque su físico le recordaba a una mujer de los años veinte. Su personaje hace que verdaderamente nos identifiquemos con el amor de una madre angustiada e impotente, ante un sistema que le niega todo derecho.

EL PASTOR BRIEGLEB

Briegleb era un ministro presbiteriano que predicó en Los Ángeles veinte años, la última época de su ministerio, que acaba con su muerte en 1943. Había sido ordenado primero en una iglesia congregacional en 1905. No se sabe muy bien cuándo se hizo presbiteriano. Puede que fuera en su época en Filadelfia, o al llegar a la iglesia presbiteriana de Westlake (Los Ángeles) en 1917. Eastwood, que se crió en la ciudad en los años treinta, recuerda que tenía la iglesia cerca del estadio olímpico.

Su primera aparición en la prensa es por una campaña en contra de un club de baile llamado La Rata Rosa. Junto con el pastor Schuler, se enfrenta también a un negocio de juego, que había en una tienda de circo. Ambos fueron testigos en muchos juicios por este tipo de causas. Schuler fue demandado incluso por sus críticas a un juez en un programa de radio, llegando a entrar en prisión. Briegleb era un gran enemigo de Hollywood. En 1921 acusó a un actor que hacía de vaquero por ridiculizar a pastores que apoyaban la censura. Ya que William Hart, había hecho una película en que un pastor roba una diligencia para construir una iglesia.

No todas las campañas de Briegleb tienen justificación hoy en día. Por ejemplo, su ofensiva contra Hollywood tenía algo de antisemita. Ya que resaltaba que los judíos dominaban la industria. Sin embargo tenía sermones, como el que hizo un domingo por la noche en 1926 que defendía a la mujer y denunciaba el machismo, bajo el sugerente titulo de Tres mujeres sabios y sus tontos amigos. Briegleb tomó también partido en la división que hubo en la Iglesia Presbiteriana en los años treinta, oponiéndose a la junta misionera independiente de Gresham Machen, antes de fundar la Iglesia Ortodoxa Presbiteriana. Murió a los 61 años en Los Ángeles, donde está ahora enterrado.

Un nieto de Briegleb todavía vive. Aunque desconoce los detalles de la historia, le extraña que Malkovich le interprete con bigote, ya que nunca lo llevó. En la película se le ve predicando en la Iglesia Presbiteriana de San Pablo. La mención que hace en el sermón del caso viene de los registros de sus mensajes los domingos por la noche, cuando solía comentar actos criminales actuales como ilustraciones de sus predicaciones, aunque no se retransmitían por radio (¡y menos aún se daban aplausos!).

PREDICACIÓN PROFÉTICA

El desafío de Briegleb a un sistema corrupto recuerda a la denuncia profética del Antiguo Testamento. Hombres como Jeremías, denuncian a los gobernantes de su tiempo, defendiendo con valor la verdad y la justicia. En la película Briegleb no habla de la verdad de Jesucristo, pero muestra su preocupación por el débil, el oprimido y el marginado. En ese sentido no está lejos del corazón de Dios (Jer. 22:16).

Briegleb tiene tanta autoridad en Los Ángeles como el capitán de policía Jones, pero su diferencia es enorme. Uno basa su autoridad en su propia versión de la verdad, independientemente de la evidencia; el otro fundamenta su autoridad en su servicio a la verdad. Uno busca desvelarla, el otro encubrirla.

La corrupción que hay hoy en día no es menor que la de los años veinte. El hombre no cambia. Y la verdad tampoco. El intercambio nos recuerda nuestra necesidad de la verdad, y cómo no nos debemos dejar cegar por nuestros prejuicios. Debemos seguir la verdad, cueste lo que cueste. Y proclamarla con valor.
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