Dexter: Ese oscuro pasajero

Barcelona, 5 de febrero de 2011. ′Es esa luna otra vez, suspendida, rolliza y a escasa altura en la noche tropical, llamando desde un cielo coagulado a los oídos temblorosos de esa querida voz que susurra desde las sombras, el Oscuro Pasajero, acomodado en el asiento trasero del Dodge K de la hipotética alma de Dexter′.
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Así arranca Querido Dexter, segunda entrega de una saga de novela negra de alta calidad escrita por Jeff Lindsay, marido de una sobrina de Ernest Hemingway, acerca de las complicaciones rutinarias de un asesino en serie al que en principio no debemos temer, pues su menú consta únicamente de criminales en serie como él. Este jugoso punto de partida dio pie a una serie que comenzó a emitirse en la cadena Showtime desde 2006 y ha ido creciendo en espectadores, tanto que para septiembre de 2011 está prevista la emisión de su sexta temporada tras ver como la anterior se ha convertido en el programa más seguido de la cadena temática.

La serie muestra el punto de vista del ′vengador′ Dexter Morgan (Michael C. Hall), de día un importante forense especialista en examinar las pistas que deja la sangre en los escenarios de crímenes terribles investigados por la hermanastra de éste, Deborah (interpretada por Jennifer Carpenter, quien encarnó el escalofriante papel de la protagonista de El exorcismo de Emily Rose). A lo largo de su vida ha conseguido esconder su identidad, aunque reconoce que "no hay secretos en la vida, sólo verdades ocultas que yacen bajo la superficie". El primero en percatarse de las inclinaciones a la crueldad de Dexter fue su padre adoptivo Harry, astuto agente de policía, el único en ver que el chico es ′una paradoja en persona′. Para tratar de reconducir la situación creó un ′código′ para él basado en una serie de reglas, entre ellas que él enfoque su atención en aquellos criminales que han conseguido esquivar la ley, consiguiendo este propósito poco antes de morir. "Cuando ocurre algo inexplicable los ateos se transforman en creyentes. Creyentes en un poder superior′, afirma Dexter tras la muerte del ser humano que ha aceptado su peculiaridad y le ha confiado una especie de misión. En este momento Harry adquiere la autoridad de Dios para este depredador incapaz de sentir nada, obediente al ′Oscuro Pasajero′, una especie de conciencia que le dice cuándo debe pasar a la acción. Desde entonces, Dexter habla con Harry, ese poder superior que le ha dado un nuevo comienzo y unas normas de conducta; a lo largo de la serie busca la voluntad de su padre adoptivo, y se cuestiona qué haría él en su caso. Se hace un novio formal, un padre adoptivo modélico, un responsable funcionario de la policía de Miami, un hermano normal, un tipo que paga sus impuestos y compra en Dunkin’ Donuts… a la vez que dosifica sus escapadas nocturnas y libra a la comunidad de sus elementos prescindibles, si puede con estilo, aunque sin librarnos a los espectadores de un baño de sangre y de una violencia tratada por sus creadores como algo aséptico, con limpieza y precisión. "Es extraño tener una criatura ahí fuera, una versión mutilada de uno mismo, incontrolada y arruinándolo todo. ¿Será así como se sienten los padres?", se pregunta Dexter mientras tira desde su barca los trozos de su última víctima.

Ahora bien, lo que más distingue al personaje de Dexter de, pongamos por ejemplo, el Patrick Bateman de American Psycho, y a la vez lo acerca a la literatura de Memorias del subsuelo de Dostoyevski, es que sus conflictos no se reducen a las complicaciones de ser descubierto, ni se nos plantea si sus actos son justificables ya que sólo los criminales son asesinados… saltándonos la reflexión un tanto estéril de si es la sociedad la responsable directa de que estos seres humanos defectuosos aparezcan. Dexter Morgan ve cómo la comodidad y estabilidad de las que su vida presume cuando empieza a darse cuenta de que sus decisiones tienen consecuencias fatales, y cuando descubre que están floreciendo sentimientos en su persona, algo que antes no conocía, que ni siquiera sabía que existían, lo cual no le diferenciaba mucho de ser un depredador genuino. Más aún, sus verdaderos problemas estallan cuando tras uno de sus actos que acaban con la vida de un enemigo crucial en la trama y en su vida (en la segunda temporada), irrumpen los remordimientos. Ahí se pregunta: "¿Soy una buena persona haciendo cosas malas... o una mala persona haciendo cosas buenas?"

Lo cierto es que resulta paradójico que un personaje como éste tenga que hacer las preguntas que no solemos hacernos las personas ′respetables′ como nosotros, resultando por momentos que el asesino tenga una moral más formada que la mayoría de la gente con la que nos cruzamos por la calle. Ahí está quizá el valor de la serie, en poner de nuevo el dedo (mojado en sal) sobre la herida de nuestra frágil condición. Fallamos continuamente, y nos empapamos en remordimientos, pero somos incapaces de reconocer que erramos porque (como aparece en Marcos 12: 24) ignoramos el ′código′ que Dios ha dado a una humanidad que suele dividir entre ′monstruos′ (los que son muy malos) y ′normales′ (el resto y, por lo tanto, libres de responsabilidad). Un monstruo como Dexter nos da una lección cuando dice que ′la vida no tiene por qué ser perfecta, sólo tiene que ser… vivida".

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