David Wilkerson: La película La cruz y el puñal

Madrid, 30 de abril de 2011. La noticia de la repentina partida de David Wilkerson me ha hecho pensar en la película que dio a conocer su historia en los años setenta. Porque si el libro, que escribió con John y Elizabeth Sherrill en 1963, fue todo un fenómeno editorial que ha vendido más de quince millones de ejemplares, se calcula que el film ha sido visto por cincuenta millones de personas. Está en tantos idiomas como se ha publicado el libro, treinta -cuando las películas normalmente se doblan a doce-. Fue la primera producción evangélica, de hecho, que se recibió bien en el circuito comercial.
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La historia comienza hace más de medio siglo, cuando Billy Graham empezó a hacer películas por medio de la productora World Wide Pictures. Un hombre llamado Dick Ross había formado una pequeña compañía en los años cuarenta denominada Great Commission Films. Graham le propuso filmar alguna de sus campañas a efectos documentales. Ross tuvo entonces la idea de hacer historias de ficción, que dramatizaran la vida de personas que habían llegado a ser cristianas por medio de su predicación. Nació así Mr. Texas (1951).

La película transcurre, como muchas de las que vinieron a continuación, durante una de las llamadas cruzadas del evangelista. Como en Oiltown, USA (1954), el sermón constituye el eje de su historia, pero aquí ya no es en un estadio, sino en la televisión. Tras hacer otras películas sobre otras campañas, Ross piensa que han agotado la fórmula. Son historias sumamente predecibles. Al principio, los personajes se presentan escépticos al cristianismo, viviendo en clara inmoralidad, o sinceramente buscando respuestas para el sentido de la vida. Al final, la mayor parte llega a creer en Cristo, ayudados por amigos o familiares, normalmente después de escuchar a Graham.

Las películas del evangelista se habían concentrado hasta ahora en personajes adultos de clase media, generalmente matrimonios preocupados por el éxito económico. En Los inquietos (1965), se plantean hacer ahora una historia sobre jóvenes rebeldes, cínicos respecto al sistema, que experimentan con la droga y el sexo sin estar casados. Su producción tiene tal éxito que se logra exhibir en los cines, llevando a pensar a Ross en un proyecto más ambicioso, fuera ya de la organización de Graham. Tenía entonces 52 años. Había trabajado durante quince años como director de las películas del evangelista. Su idea ahora era iniciar un nuevo proyecto de mayor impacto social, que tratara más temas que un momento de decisión en una campaña masiva del famoso predicador cristiano.

UN DIRECTOR SORPRENDENTE

Don Murray es un hombre de fuertes principios, más sociales y políticos que espirituales. Estudió teatro, debutando en Broadway a comienzos de los años cincuenta. Como objetor de conciencia, trabajó con refugiados durante la guerra de Corea. Su nombre está siempre unido al Oscar como actor secundario en Bus Stop (1956), con Marilyn Monroe. Entre otras muchas películas y programas de televisión, Murray hizo en los años sesenta tres largometrajes en torno a algunos predicadores con inquietudes sociales, que marcaron la ciudad de Nueva York (el padre del pensamiento positivo Norman Vincent Peale, el antiguo pandillero alcohólico Tom Harris y el jesuita Charles Clark).

Murray se mostró al principio muy reticente, ya que no veía el cine como un instrumento de evangelismo. Fue por la recomendación de su amigo Tom Harris, el criminal que se había convertido en predicador en Harlem, que decidió escribir y dirigir la película La cruz y el puñal (1970). A la propuesta original de protagonizar el film, sugirió otro actor que se identificara más claramente con la fe de David Wilkerson, Pat Boone. Este cantante, actor, autor y presentador de un programa de radio se hizo un nombre con películas familiares a finales de los cincuenta, hasta iniciar su propia productora con Murray en los sesenta. Conocido por su fe evangélica, Boone era la persona ideal para encarnar al predicador de las Asambleas de Dios, que vino a predicar a los miembros de las bandas juveniles que llenaban las calles de Nueva York durante aquella época.

La búsqueda de una película evangélica que finalmente reflejara la vida con mayor realismo, llevó a Murray a escribir un guión que en la versión original suena con el verdadero lenguaje de la calle, como observa el crítico del New York Times. Los pandilleros que se enfrentan en estas peleas son auténticos miembros de las bandas, que incluye hasta un insospechado debut en el cine de Harry Reems (el pionero del porno duro, arrestado en 1974 por el escándalo de la película Garganta profunda) que llegó finalmente a la fe evangélica tras una vida llena de excesos.

En el casting que llevó a cabo Murray, encontró a Erik Estrada, un joven de origen portorriqueño del Harlem, que a partir de entonces llegó a ser un rostro habitual en el cine y la televisión. Su papel más conocido fue como protagonista de la serie de policías patrulleros de carretera en los años setenta, CHiPs, que se emitió en España hasta los años noventa por Antena 3. Este actor católico interpreta a Nicky Cruz, el jefe de la banda de los Mau Maus, que fue convertido por la predicación de Wilkerson.

UNA HISTORIA REAL

La cruz y el puñal, doblada a treinta idiomas, tuvo mucho impacto en países tan lejanos de la sociedad norteamericana como era Rusia. Su exhibición en los cines fue mejor recibida que ninguna otra película evangélica que se había mostrado hasta ahora en un circuito comercial. Su distribución internacional es un curioso ejemplo de cómo una historia, cuánto más transmite una realidad local, más valor universal tiene.

Es difícil pensar en algo más concreto que el problema de inseguridad que se vivió en Nueva York en aquella época -la película se desarrolla a finales de los sesenta, aunque Wilkerson llegó a la Gran Manzana a finales de los cincuenta-, sin embargo el asunto era conocido en todo el mundo, por las películas y series de televisión que se hacían entonces sobre los policías y bandas de delincuentes de esta ciudad.

El film actualiza el momento de la historia -porque las pandillas de la época de West Side Story (1961) están en un ambiente ya casi setentero-, pero el enfrentamiento entre los Mau Maus y los Bishops tiene un realismo hasta ahora nunca visto en las películas evangélicas. Aunque, al tratarse de verdaderos miembros de bandas, tuvieron serios problemas para que la violencia no fuera real.

Parte del éxito se debe a la colaboración de Tom Harris, el antiguo dirigente de pandillas alcohólico, que había sido convertido a la fe cristiana y ayudaba ahora a los jóvenes. Este había sido interpretado por Don Murray en una película que él mismo había escrito y producido, Cosas infantiles (Childish Things, 1969) -donde también actúa la famosa actriz de la serie Dinastía, Linda Evans, con su marido entonces, John Derek, como director-.

EL LEGADO DE WILKERSON

Al año siguiente de aparecer la película, el dibujante Al Hartley -convertido a la fe evangélica y conocido por el personaje de Archie- hizo una adaptación al cómic, que se hizo muy famosa y tuve yo mismo de niño, en lengua inglesa. Mi padre estaba entonces viviendo en Nueva York, cuando se hizo la película La cruz y el puñal. Residía en iglesias latinas que había en los barrios donde transcurre esta historia, Harlem y Bronx. Mi infancia está llena de historias de los peligros que vivió mi padre durante aquellos años. Veía desde la ventana cómo las bandas se enfrentaban en medio de la noche, o escuchaba cómo un predicador había sido muerto a navajazos junto a una máquina de refrescos del metro, donde se había despedido de él el día anterior, después de haber estado juntos en un culto.

Mi padre conoció entonces el centro de rehabilitación de David Wilkerson, que llevaba ya su hermano. Él era un predicador famoso, que podía, como Nicky Cruz, recorrer el mundo contando su historia. Lo sorprendente fue cuando andando un día por la calle 42, dominada entonces todavía por la pornografía, decidió volver a los orígenes. Alquiló un cine y comenzó la iglesia de Times Square. La renuncia de Wilkerson a convertirse en una personalidad evangélica, mostró una integridad y coherencia que le ha hecho ser admirado por muchos, aunque no compartan su perspectiva profética.

La historia de cómo este pastor decidió ir a Nueva York en 1958, cuando vio la fotografía en la revista Life de siete adolescentes culpados de asesinato, es un impresionante testimonio de la fuerza de la compasión y el poder del Espíritu Santo. Su trabajo pionero en la rehabilitación de drogadictos sigue siendo un ejemplo para todos aquellos que creemos que Dios se complace en mostrar su gracia, no para con los poderosos de este mundo, sino con los humildes. Es a los que han destruido su vida y son conscientes de su miseria, que el Señor presenta su misericordia. Puesto que ′los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos′ (Mt. 9:12; Mr. 2:17; Lc. 5:31).

Wilkerson fue también singular en su oposición al evangelio de la prosperidad. Cuando muchos en su medio se volvían a una concepción de la fe que ′hacía mal al pobre y al necesitado′. El autor de La cruz y el puñal denuncia a estos predicadores como ′lobos que han sustituido el dinero por la cruz′ en un famoso sermón de 1999. En ese sentido por lo menos, su ministerio fue verdaderamente profético.

Aunque la colisión con un coche, se lo haya llevado ahora de este mundo, creemos que para Dios no hay accidentes. ′Aquellos que atraviesan un valle de sombra de muerte -escribió en su blog, horas antes de su partida-, escuchen esta palabra: Lloraremos durante oscuras y terribles noches -pero en las tinieblas pronto oiremos el susurro del Padre diciendo: Yo estoy contigo; Ahora no te puedo decir por qué, pero un día todo tendrá sentido. Verás que todo formaba parte de mi plan. No era un accidente. No fue un error por tu parte. ¡Agárrate fuerte!, ¡déjame abrazarte en la hora del dolor!′. No hay duda que ahora disfruta de ese abrazo eterno.

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Comentario de Lola

"Hace 15 años o más conoci a un hombre que habia sido drogadicto y pandillero aquí en Madrid, y la lectura del libro ′La cruz y el puñal′ le hizo tan tremendo efecto que se volvió a Cristo por completo. Rehizo su vida, conocio a una mujer con la que se casó y tuvo dos explendidos hijos, sirviendo a Dios radicalmente. Tenía el virus del SIDA dentro, sin el saberlo, y de eso murio a los 12 años de ′Sanar′, bendiciendo a Cristo."

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