Cuento de Navidad: Buenas noticias para Scrooge

Barcelona, 6 de diciembre de 2009. Se acercan las navidades y con todo su encanto miles de personas sufren aterradas la amenaza de otra triste celebración de la soledad. Entre otros Scrooge, el terrible personaje protagonista del famoso cuento de Charles Dickens, que servirá un año más -esta vez con la voz de Jim Carrey- para que los cines se llenen de palomitas, risas y buenos deseos para estos días.
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Charles Dickens no desconocía en vida la expectación que despertaban cada año sus cuentos de navidad. La industria cinematográfica no se ha mantenido al margen. Desde que se presentó la versión de J. Searle Dawley el 23 de diciembre de 1910 han llegado hasta nosotros durante estas fechas incontables versiones tan dispares como las de Abel Ferrara o la de Barbie.

El por todos conocido desenlace de la historia, donde el malvado cobrador de deudas, arrepentido de su pasado, comienza a mostrarse generoso con los necesitados, no debe dejar de recordarnos la historia de otro despreciado solitario que Charles Dickens debía conocer: Zaqueo. Zaqueo era en la Biblia un despreciado recaudador de impuestos al que Jesús buscó y bajo cuyo influjo acabó devolviendo todo lo que había robado por cuatriplicado. La historia de Zaqueo en la Biblia, por supuesto, no enseña a los lectores la necesidad de vivir el espíritu de la navidad, sino la capacidad que tenía Jesús de pasar por alto todos los prejuicios de la gente para poder llegar a las personas que le necesitaban.

La idea de un espíritu que se aparece para traer un aviso desde el otro mundo tampoco es ajena a la Biblia. Pero el espíritu en la Biblia no traía, como en el cuento de Charles Dickens, un aviso para pedir arrepentimiento sino para anunciar la muerte de la persona que le había invocado. En otro punto muy distinto de la Biblia el espíritu del rico que en vida descuidó al pobre Lázaro pedía a Abraham el derecho de poder ocupar a Lázaro en ese papel de mensajero pero le fue negado. La historia sucede exactamente así: "Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos."

Scrooge es posiblemente un esperpento con el que pocas personas pueden identificarse pero en general todos aplazamos la posibilidad de hacer justicia y misericordia a momentos improbables, como por ejemplo la aparición de un espíritu, que Dios se nos presente en persona, que nos vaya mejor en la vida, etc, no porque estemos dispuestos a hacerlo en ese supuesto momento, sino porque realmente no tenemos intención de hacerlo. Por eso un Cuento de Navidad es sólo eso, un cuento, y todos nosotros, que somos Zaqueo en mayor o menor medida, tenemos en el presente nuestra única oportunidad de arrepentimiento. El recurso que tenemos y del que podemos abusar, no tiene que ser necesariamente el dinero, en ocasiones puede ser el tiempo, el trabajo, el poder o hasta derechos civiles, pero en cualquier caso tenemos en el presente la posibilidad de arrepentirnos del abuso que hemos hecho de nuestros recursos.

Aunque ocupando la misma habitación que nuestros seres queridos de forma que ya no quede espacio siquiera para las bandejas de la comida sintamos sin embargo que estamos completamente solos. Aunque, por el contrario, estemos lejos, muy lejos de nuestros seres queridos, quizás tan lejos que ni siquiera viajando a desconocidas galaxias podamos reencontrarnos con ellos. Aunque suframos cualquiera de las infinitas formas de abandono no estamos solos ni debemos esperar la compañía de espíritus. Cuando Jesús pedía en oración no solamente por sus discípulos sino por aquellos que creerían a través del testimonio de ellos, estaba con ello confirmando que, por su Palabra y su propio Espíritu, aquellos que creen hoy no tienen necesidad de sentirse solos ninguna cena de invierno, de primavera o de verano -pues él no se avergüenza por lo que han sido y desea pasar con ellos toda una eternidad...

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