Bruce Almighty: ¿Como Dios?

Madrid, 25 de octubre de 2008. Las pantallas de los cines se suelen llenar en verano de películas comerciales americanas de un gusto más que dudoso, con las que se pretende entretener al público adolescente que está ahora de vacaciones. Una de las más taquilleras este año se anuncia con un provocativo título que juega con esa vulgar expresión con la que muchos describen su mayor idea de bienestar en la vida, al decir que uno se siente como Dios. La película, por supuesto no se llama así en inglés. Su título original es Bruce Todopoderoso, y la publicidad juega con la imagen del Miguel Ángel de la Capilla Sixtina, junto a sugerentes frases como Si pudieras ser Dios, ¿qué harías?. Pero ¿cómo es el Dios del que nos habla esta comedía?.
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El Dios de la película de Jim Carrey es Aquel a quien culpamos cuando las cosas nos salen mal. ′¿Por qué me odias, Dios?′, dice el protagonista nada más empezar esta historia, cuando empieza a tener problemas en su trabajo como periodista de una televisión local en Buffalo, Nueva York. El personaje que interpreta Carrey se llama Bruce Nolan, y usa constantemente el nombre de Dios en vano, para expresar así su descontento con la vida. Sus continuas maldiciones son soportadas con paciencia por una chica maravillosa, Jennifer Aniston, que trabaja en una guardería, mientras espera casarse un día con Nolan, que ahora sólo piensa en su carrera. Ella lleva el significativo nombre de Grace, Gracia, y le da un rosario a su novio, que le han dado los niños para protegerla. Éste lo cuelga en su coche, aunque de poco le sirve al conducir temerariamente, al ser despedido y golpeado por unos vándalos, cuando intentaba ayudar a un vagabundo, que exhibe continuos carteles sobre el sentido de la vida.

Un desastre detrás de otro le lleva a enfrentarse con el mismo Dios, encarnado en esta ocasión por el actor afroamericano Morgan Freeman. Éste aparece en las dependencias vacías de un edificio anunciado como Omnipresencia. Allí es convocado Nolan por una llamada a su móvil desde un numero desconocido, que parece hacer referencia al Salmo 23, según algunos exégetas de la película, amantes de ciertas lecturas cabalísticas. La cita es en respuesta a un desafío por el que el personaje de Carrey pide una señal a Dios de su existencia. Esta supuesta oración parte de una idea de Dios como Alguien que le ignora completamente. Es en sus propias palabras, como un niño malo con una lupa, que está intentando abrasarle, como si de una hormiga se tratara. Harto ya, Nolan le provoca rogándole entonces: ′¡Castígame, poderoso Castigador!′.

Dios en esta historia se muestra paciente. No responde a los desafíos de criaturas como Nolan, al que intenta educar una y otra vez con su presencia. Muestra para ello una triple personalidad como encargado de limpieza, electricista y jefe vestido de blanco, en una clara referencia a la Trinidad. Escucha sus quejas sin inmutarse, y le propone la singular tarea de ocupar su lugar durante un tiempo, dándole los poderes necesarios para hacer su trabajo a nivel local. Tras convencerse a sí mismo de que no está soñando, Carrey utiliza toda esa fuerza a su disposición como un mero instrumento para su disfrute personal, en una constante exhibición de efectos especiales. Sus muecas excesivas son ya a estas alturas de la película tan cargantes, que uno desearía una paralización facial, para verse libre de una vez por todas de tan extremada sobreactuación. Pero el mensaje de esta parábola da por supuesto que pensar...

Al utilizar el poder divino para sus caprichos, Bruce Todopoderoso lo que dice es: ′hágase mi voluntad′. Por eso logra triunfar de nuevo en su trabajo, se venga de sus enemigos, y seduce a su novia con su potencial sexual, pero olvida completamente las oraciones de tantos niños que se agolpan en su cabeza, dejándole cada vez más aturdido. Gracias a las maravillas de la informática, decide ordenarlas para poder así atenderlas, pero se siente tan abrumado, que acaba contestándolas todas positivamente. Los resultados son evidentes. Reina la anarquía en las calles, ya que la ciudad está en caos, porque todos han conseguido lo que querían. Ésta es tal vez una de las mejores lecciones de la película, que nos enseña más de la oración que del carácter de Dios.

La idea de Dios que tiene su director es supuestamente cristiana, ya que Shadyac se declara creyente (probablemente católico, a juzgar por algunas de las entrevistas que he leído). Pero su teísmo es de ese estilo que da tanta importancia al libre albedrío, que finalmente uno se pregunta si no estamos hablando del botones, en vez del dueño de la casa. Aunque en su encarnación se muestre limpiando los suelos, el modelo que se nos presenta es el de Alguien dispuesto a ayudar, pero lleno de limitaciones. Ya que no puede revelar su identidad, ni tampoco interferir con la voluntad humana. Cuando Nolan se somete finalmente a Dios, de hecho éste descubre en él una ′chispa divina′, por la que se puede entregar desde ese momento a buscar la felicidad de los demás. Es ahora compasivo y generoso, dándose cuenta que los verdaderos milagros no son en realidad sino gestos de aprecio y compromiso, como casarse con su novia o hacer donaciones de sangre. El final no puede ser ese sentido más decepcionante.

Shadyac dice que él y Carrey son en realidad ′buscadores′, que están constantemente preguntándose: ′¿Dónde está Dios?′. Pero por otro lado, el director le llama su ′hermano′ en la fe, y se presenta claramente como un cristiano que va a la iglesia (no sé a que tipo de iglesia, la llama Santa Ágata en algunas declaraciones que he visto, donde parece que escucha a un tal Padre Ken). Dice que admira el misticismo de Thomas Merton, habiendo leído muchos de sus Diarios. Por lo que ahí muchos elementos en la película de esa vaga espiritualidad por la que ′Dios está en todos nosotros′. Ve a Dios como una Fuerza Creativa, que lo mismo habla con Gandhi que con Nolan. Por eso creo, que aunque los críticos cristianos americanos se han centrado en las típicas cuestiones moralistas en torno su lenguaje y la práctica del sexo sin estar casado, el problema sin embargo es mucho más profundo.

Una y otra vez insiste Shadyac en que no quiere ser dogmático. Ya que asegura que no busca sino plantear preguntas, para las que no tiene respuestas. Se trata en realidad de una obra de entretenimiento, dice. Pero la verdad es que su historia parte de una cierta idea de Dios. Y en ese sentido es un buen ejemplo de cómo todos hacemos teología, aún sin querer hacerlo. Para él, Dios está limitado a la actividad y comprensión humana. Aunque Él es el Alfa y la Omega, sus juicios no son insondables, ni inescrutables sus caminos (Romanos 11:33). Sin embargo el Dios de la Biblia nos dice que: ′como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos′ (Isaías 55:9).

El Dios de esta película es demasiado pequeño. Ya que aunque nos hizo a su imagen, parece que nosotros le hemos devuelto el favor. Se trata de un Dios a nuestra medida, alguien que podemos manejar a nuestro capricho, un dios de bolsillo, que no importa si creemos en él, porque la cuestión es que él cree en nosotros. Por lo que nos dice: ′Sé tú el milagro′. Shadyac dice que su historia trata realmente sobre el poder. Pero no es el poder de Dios, sino el que nosotros tenemos. Ya que el relato que ha hecho con el guionista Steve Oedekerk (supuestamente otro ′hombre de fe y oración, que sigue los caminos de Dios′, según Shadyac) no es la narración de una conversión, sino de un viaje de maduración personal, por el que uno descubre lo que verdaderamente significa el amor y la responsabilidad.

Los autores de esta comedía hablan mucho de decisiones, pero no se ve por ninguna parte el milagro del nuevo nacimiento por el que una persona pase de muerte a vida (Juan 3). Pero ese es el Evangelio en definitiva: no que Dios vino a echarnos una mano, enseñándonos cómo debemos vivir, sino que Él vino a traernos vida. No se trata de nuestro sacrificio, sino del que Él ha hecho por nosotros, por medio de su propio Hijo, Jesucristo. Él vivió la vida que nosotros no podemos vivir, y murió la muerte que nosotros debíamos morir. Y lo hizo, no cuando éramos sus amigos, sino sus enemigos (Romanos 5:6-10). Por su poder Él ahora nos da vida, ya que no estamos débiles, ni enfermos, sino muertos en delitos y pecados (Efesios 2). Eso sí que es una buena noticia. Y ¡eso sí que es un milagro!.


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Comentario de Joe Luis Salinas Yabar

"Dale... buscando algo encontré esto. No hagas más drama de lo que nunca existió. Simplifica tu prosa, deja las palabras fluir, las palabras... no tu cabeza. Piensa como tus electores, que quisiera ellos? Suerte. "

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