Collateral: Dos monedas similares a ritmo de jazz

Barcelona, 13 de julio de 2005. Max (Jamie Foxx) y Vincent (Tom Cruise), protagonista y antagonista de la última película de Michael Mann Collateral (recientemente publicada en DVD), no son lo que se suele definir como las dos caras de una misma moneda. No son personajes opuestos del todo, ni se complementan el uno al otro; no de forma completa, al menos. Quizá aquí resida la particularidad y parte de la calidad de la película, y no en el hecho de ver a Cruise haciendo de villano.
Escrito por .



No hablamos de las dos caras de una moneda, sino de dos monedas, cada una de ellas, con imperfecciones. Porque los actos de uno y de otro crean efectos indirectos que complican la trama y su situación, cada vez más. Volvamos a la idea de las monedas. Ambos tienen parecidas características: son observadores, perfeccionistas, calculadores y precisos, y actúan primero antes que hablar. Ambos creen que nadie conoce a nadie. Pero tienen sus particularidades: Vincent no cree en los sueños, y siente una gran indiferencia ante lo que hace; Max piensa que todo ser humano tiene sus piezas y que a Vincent le falta las suyas.

En principio, no tienen motivos para enfrentarse entre ellos. Pero aparece algo inesperado: un cadáver que descubre cómo son ambos. Lo cual les obliga a improvisar. Como dice Vincent, ′dentro de diez años la vida será igual que ahora, pero no puedes saber qué ocurrirá dentro de diez minutos′. Lo interesante son sus posturas distintas frente a la situación. Ambos muestran el lado de la cara, es cierto, porque sabemos quiénes son desde el principio, pero como hemos dicho, son monedas distintas después de todo. La mayor diferencia entre los dos personajes está en su tendencia a dejarse caer. Monedas cayendo a ritmo de jazz. El jazz, como bien sabemos, se basa en la improvisación. Ahí se ve la calidad de un músico que no sólo muestra su talento y su concentración, sino que además ha de acoplarse a un ritmo y al resto de músicos, incluso cuando todo indique que va por su cuenta, el músico de jazz sabe escuchar. Así parece a simple vista el cine del director Michael Mann.

Cuando Woody Allen, en Maridos y mujeres (1992), usaba la cámara al hombro y aquellos encuadres tan imperfectos, fue muy criticado por ello. Ahora no hay película que no use la misma técnica. Tanto es así que lo que en principio era un experimento ahora contiene su significado narrativo. Michael Mann es todo un artista jugando con el enfoque, con los zooms agresivos, con el uso delicado de la fotografía. No suele utilizar planos intermedios como el americano, que son más cómodos. A él le gusta acercarse mucho y sabe imprimir una atmósfera muy trabajada e inquietante, aportando tensión donde la historia lo necesita. Esto se da en su cine especialmente desde Heat (1995), donde reunió a dos pesos pesados de la interpretación (cuando se embarcan en buenas películas): Robert deNiro y Al Pacino. Hay en esta cinta un punto de inflexión en su arte, que alcanza una cierta madurez con Collateral.

Como hemos dicho antes, no nos encontramos con personajes radicalmente opuestos entre sí. Se enfrentan justo cuando más cerca están el uno del otro, disparando a ciegas. Son, como Vincent reconoce, motas de polvo perdidas en una ciudad grande, Los Ángeles, dentro de un país grande, en un continente extenso y un planeta que se pierde en la inmensidad. Max pregunta: si ya nada importa, ¿para qué arreglarlo? Aquí es donde más se toca su pensamiento con la implacable máquina de destrucción que interpreta Tom Cruise. Es la dejadez. Es dejarse llevar, adaptarse (′Darwin, I Ching′, declara Vincent) a lo que nos rodea. Nos convertimos en monedas de poco valor que caen, sin saber si mostramos la cara o la cruz, cuando queremos obedecer nuestros propios impulsos y pretendemos movernos al ritmo de las calles, del neón, de la niebla. Es entonces cuando se da el siguiente paso: la ferocidad. Tenemos en el film a un león feroz, el personaje de Cruise, y una fierecilla domada, que empieza a despertar, que se deja llevar, cayendo cada vez más abajo. Vincent cuenta una historia estremecedora: un hombre que muere en el metro y tarda más de seis horas en ser descubierto; es la razón para odiar la ciudad, pero no le impide descerrajar tiros a inocentes, por llamar la atención.

La pregunta no es tanto si nuestra respuesta frente al mundo ha de ser cara o cruz. La cuestión es ′ser o no ser′ una moneda que gira al ser lanzada por una mano que no queremos notar. La cuestión es decidir si adaptarse, o fundirnos y convertirnos en una voz contra la indiferencia. Porque no sabemos qué pasará mañana, es importante decidir y tomar parte. Porque a veces nos vemos obligado a improvisar, ser coherentes con lo que hagamos de nuestra vida y nuestros acciones, tendrán efectos colaterales que no podemos controlar y en todos los que nos rodean. No disparemos a ciegas, como les ocurre a Vincent y a Max, ni creamos la gran mentira de que ya nada importa. Está en nuestras manos seguir limpios (con todo lo que esto significa hasta el final), y no girar sin más en la funda sucia de un saxo desgarrado, al fondo de una fría estación de metro descuidado.
Entrelíneas

CINE Collateral Escrito por el () . Hasta el día de hoy esta página ha tenido 3754 visitas. Puedes seguirle también en .


PALABRAS CLAVE:

TRADUCCIÓN AUTOMÁTICA DE GOOGLE:

Escucha y descarga cientos de PODCASTS


DÉJANOS TU OPINIÓN



ESCRIBE AQUÍ TU COMENTARIO (ÚNICO CAMPO OBLIGATORIO)

TU NOMBRE

EMAIL (NO SE MOSTRARÁ)

ENVIADME NOTIFICACIÓN DE OTROS COMENTARIOS:
NO

Por razones de seguridad, por favor, escribe las letras y los números de la imagen anterior en el siguiente recuadro.

¡Gracias!