Paulo Lins: Ciudad de Dios

Madrid, 4 de agosto de 2005. Paulo Lins nació en una favela de Rio de Janeiro en 1958, pero llegó a ser antropólogo. Sus trabajos con Alba Zaular entre 1986 y 1993 inspiraron la novela Ciudad de Dios. Este libro que acaba de publicar Tusquets sirvió de base a la impresionante película del mismo título, dirigida por Fernando Meirelles, que ha aparecido ahora también en DVD. Es una dura historia que describe con crudeza la delincuencia juvenil en la ciudad más turística de Brasil. Lo que cuenta hace tanto daño en el estomago, que nos hace olvidar la samba, el carnaval y la chica de Ipanema. Ya que no hay forma de escuchar el dulce arrullar de la bossa nova con tanto ruido de disparos como hace estas bandas de niños asesinos, que recorren las calles de los barrios periféricos de Río. Pero ¿dónde está Dios en esta ciudad?
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Esta narración es en realidad un auténtico documento sociológico, que muestra las circunstancias atroces de la vida de un grupo de jóvenes drogadictos, traficantes, criminales y violadores en una favela, a lo largo de unos pocos años. La novela se divide en tres partes, según sus protagonistas: Inferninho, Pardalzinho y Ze Miúdo. Su tema esencial es la violencia reiterada y la adición de unos personajes cuyas acciones son de un horror tal que supera lo imaginable. Aquí encontramos desde el descuartizamiento de un bebé (pág. 71) hasta el abuso sexual en una prisión (pág. 230), pasando por los asesinatos de niños (pág. 241). Ya que a los 19 años estos chavales llevan a sus espaldas decenas de homicidios a sangre fría. Son capaces de torturar hasta la muerte, con una crueldad tal que llega hasta la brutalidad con su propia madre. Y cuando vemos aquellos que representan la ley el orden, descubrimos que son tan corruptos como los policías que roban y matan delincuentes, o los carceleros que liberan asesinos por dinero y trafican con droga en la misma cárcel.

La película, como se pueden imaginar no es el espectáculo más apropiado para una tarde sentado delante del televisor, cargado de palomitas. Su visión es como un puñetazo, que te deja sin respiración. Es un film sólo apto para aquellos capaces de soportar emociones fuertes, ya que sus imágenes nos muestran una humanidad sin escrúpulos, pero real como la vida misma. Co-producida por ese otro gran director que es Walter Salles, autor de la maravillosa Estación Central de Brasil, la película de Meirelles recurre a un centenar de jóvenes no profesionales, en vez de actores. Uno de ellos, Neguinho, fue detenido hace poco, cuando estaba a punto de ser linchado, después de robar una cartera. La historia sigue el recorrido vital de estos chavales desde finales de los sesenta hasta principios de los ochenta, centrándose sobre todo en la década de los setenta. Cada época tiene un tratamiento fotográfico diferente, que acentúa los cambios de la niñez a la adolescencia, y de la adolescencia a la juventud, en este barrio marginal de Río de Janeiro que se llenó de realojados después de unas inundaciones.

′El primer día que visité el barrio de Ciudad de Dios′, cuenta Meirelles, ′un niño de once años trató de asaltarme con una pistola′. Así que ′para poder rodar allí, tuvimos que pedirle permiso al jefe de los narcotraficantes que, casualmente estaba en la cárcel′, dice el director. Pero ′al final, filmamos en un barrio muy similar, bajo la protección de otro narcotraficante que nos obligó a contratar a su gente y a informarle de todos nuestros movimientos′. Por eso la película transpira autenticidad, la apabulllante verosimilitud que surge de cada secuencia, plano y rostro, en un retrato hiperrealista y desolador de uno de los lugares más oscuros de nuestro mundo. Esta durísima historia es una de esas narraciones que uno cree conocer de antemano, pero luego sigue sin parpadear, en un estado de hipnotismo tal que uno no puede evitar envolverse en este negrísimo cuadro, que te acaba poniendo la piel de gallina.

Repleta de hallazgos formales, esta película se permite colocar la cámara en lugares poco corrientes (un enfrentamiento entre bandas es captado desde arriba), juega con la velocidad y el nerviosismo que da un aparato al hombro, al tiempo que muestra una compleja textura. Hay una larga serie de montajes, encadenados, alteraciones del punto de vista, además de un peculiar empleo del flashback y repeticiones alternadas de una misma situación, que hacen una auténtica deconstrucción de la narración. La cámara se ralentiza, se incluyen retoques digitales e incluso movimientos circulares al estilo Matrix. Todo esto produce una impresión vertiginosa y torrencial, que caracterizada por una intrépida cadencia, muestra a veces hasta dos situaciones o aspectos diferentes al mismo tiempo, que hace que nos sorprenda constantemente. Pero lejos de hacer una exhibición técnica, Meirelles, que proviene del mundo de la televisión y la publicidad, rehuye en todo momento tanto el artificio como la especulación demagógica de tanta denuncia social que acaba manipulando al espectador en aras a su supuesto mensaje.

Pero volviendo a la pregunta del principio: ¿dónde está Dios en esta ciudad?. En la monumental novela de Lins, que abarca un centenar de historias con más de trescientos personajes en casi seiscientas páginas, sólo hay dos personas que parecen escapar a esta espiral de violencia. Una es un carpintero, Luis Cândido, que se proclama marxista-leninista y consigue huir de la favela. El otro se llama Martelo. Se ha convertido al protestantismo, pero acude una y otra vez a este mundo a predicar a sus ex-compañeros. Esa es la diferencia que hace el Evangelio. No nos hace escapar del mundo, pero nos da una misión por la que el cristiano es sal y luz en un mundo (Mateo 5: 13-16), donde debe estar todavía, aunque ya no pertenezca a él (Juan 17: 14-18). Ese es el desafío de la contracultura del Reino.

No es casualidad por lo tanto que haya tantos marginados que reciban este mensaje, ya que ′lo necio del mundo escogió Dios, lo débil, lo vil, lo menospreciado, lo que no es, para deshacer lo que es′ (1 Corintios 1:27-28). Y ese es el escándalo del Evangelio, que a Dios le ha placido dar el Reino a los pobres en espíritu, que lloran, porque tienen hambre y sed de justicia (Mateo 5: 3-6). No es para los que viven ricamente satisfechos de sí mismos, sino para aquellos que quebrantados de corazón por su maldad, se ven faltos de esa justicia, sin la cual nadie verá a Dios. Así que no son por lo tanto los que no han robado ni matado, los que irán al Cielo, sino aquellos que reconociendo su pecado, no tienen otra justicia que presentar ante Dios que la que Él les ha dado en Cristo Jesús. Es entre éstos que Dios quiere establecer su Ciudad. Pero ésta vendrá de lo alto, y allí ya no habrá muerte ni dolor, porque Él enjugará cada lágrima.
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Comentario de alejandro palta mejia

"me parece bacanisima la peli porque habla de la realidad y tiene mucha accion"

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Comentario de Yuri Vladimir

"Ciudad de Dios me parese ser una pelicula fantastica por el acercamiento crudo que muestra la realidad de nuestros barrios bajos en latinoamerica. Es en los ghettos de tan marginal calidad en donde la verdad del evangelio y la existencia de Dios se pone a prueba a diario, por lo tanto es el mejor lugar para demostrar la eternida y omnipotencia de un Dios que se hace inmanente aun en las mas decadentes miserias humanas."

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