The Sandpiper: Castillos en la arena

Madrid, 3 de marzo de 2010. Aparece ahora en DVD la película de Vincente Minnelli, Castillos de arena (The Sandpiper, 1965), sobre la relación de un pastor episcopal, interpretado por Richard Burton, con una artista que es una madre soltera, encarnada por Elizabeth Taylor. Las imágenes de esta singular pareja, en la casa que tiene la pintora en la playa, contrastan con la sobriedad de la escuela que dirige el pastor, junto a su atractiva esposa, la rubia Eva Marie Saint. El orden de las convenciones sociales del protestantismo tradicional norteamericano, se enfrenta aquí a la libertad de las pasiones redescubiertas por la generación beatnik, en la California de los años sesenta
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A muchos les cuesta entender la atracción que tiene el personaje de Richard Burton por la oscura madurez de Elizabeth Taylor, frente al escultural gélido platino de Eva Marie Saint. Sin embargo esta película no trata del poder de fascinación de las morenas -frente a las rubias-, sino del material con que se construyen las fantasías -los Castillos en la arena del título español-, que hacen que sea una locura intentar vivir dentro.

Esta historia nos cuenta con pudor el drama de una relación imposible, que muestra el contraste entre dos mundos: la religión y el libre pensamiento, el orden y la pasión. El pastor Edward Hewitt conoce a la pintora Laura Reynolds, al tener que hacerse responsable de la tutela de su hijo, escolarizado obligatoriamente en la escuela episcopal de San Simeón. Las relaciones son hostiles al principio, porque el niño es arrebatado del cuidado de su madre, pero paulatinamente van dejando paso a una mutua comprensión. Se acercan así dos mundos irreconciliables…

EL PAJARO HERIDO

El pastor que interpreta el actor galés, se ve lleno de dudas, atormentado y confuso. Su esposa Claire es una mujer fiel, racional, pero también cariñosa. La metáfora que da título original a la película, es un pajarillo herido (el andarríos, sandpiper), que Laura recoge, para cuidarle y darle finalmente libertad. Por el desarrollo y conclusión de la película es evidente que el pajarillo es él, dando un nuevo giro a su vida.

Algunos ven otra dimensión religiosa en la película, simbolizada en los dibujos para unas vidrieras, que le encarga el pastor a Laura para decorar una nueva capilla, a pesar de que ella se declare atea. Estos bocetos, supuestamente le descubren una forma más libre y abierta de asumir ′el lado sagrado de la existencia′, fuera ya de ′la ortodoxia religiosa a la que ha encaminado su vida′ (J. C. Vizcaíno). El problema es que el pastor Hewitt no se muestra en ningún momento como alguien ortodoxo en su teología. Todo lo contrario, su fe es claramente humanista. El ideal que ha perdido es el del servicio a los pobres.

Es cierto que no es fácil interpretar la acción de los personajes, porque este es un relato en voz callada, basado en miradas, gestos y emociones contenidas. Los protagonistas dicen a veces más con su rostro, que con sus actos. En torno a ellos aparecen figuras que son presentadas como ejemplo de intolerancia e inaceptación -por un lado Charles Bronson, que da vida a un artista beatnik, y por el otro, Robert Webber, que hace aquí de un cínico antiguo amante de Laura-. La banda sonora es famosa por la música de la canción de Johnny Mandel, The Shadow of Your Smile (La sombra de tu sonrisa), una de las más hermosas del cine de los sesenta.

UN PASTOR EN CRISIS

Burton acababa de hacer el año anterior otra película de pastor en crisis, La noche de la iguana (1964) con John Huston, basada en la obra de teatro de Tennessee Williams, que venía también de una familia de pastores episcopales. Si aquella comenzaba con un sermón de despedida, ésta acaba con el que el pastor Hewitt hace al salir del colegio. Los sermones en el cine suelen tener bastante fuerza emocional. En ambas películas desde luego verbalizan lo que se va intuyendo a lo largo de la historia.

La predicación es más bien una confesión pública de Hewitt, ante el dolor que manifiesta Laura y la dignidad que presenta su esposa, asumiendo ya la inevitable separación que se cierne entre ellos. Su sermón nos desvela también el vacío espiritual de este pastor, cuya religiosidad es incapaz de dar ningún sentido trascendental a su vida. No es extraño que busque satisfacción en otra parte…

¿LIMITA EL CRISTIANISMO TU LIBERTAD PERSONAL?

¿Es la fe un enemigo de la libertad?, ¿no es cierto, que parece dividir, más que unir?, ¿nos esclaviza, o por lo menos infantiliza, diciéndonos qué debemos creer y hacer? Esta creo que es una de las objeciones más habituales contra el cristianismo, que se ve a menudo como algo limitador y restrictivo…

La libertad en la Biblia es sin embargo cumplir el propósito por el que hemos sido creados, no darle tú mismo el sentido a la vida que quieras. Ya que la libertad no se puede definir por la ausencia de límites o barreras. Es cierto que no toda restricción y disciplina es liberadora, pero pueden ayudarnos cuando se adaptan a nuestra naturaleza y capacidades. La experimentación y el riesgo te ayudarán a crecer, si te muestran tus límites y capacidades.

EL AMOR COMO LA LIBERTAD PLENA

¿Cómo podemos ser libres, como pez en el agua? Por medio de ese Dios que es Amor (1 Juan 4:8) de una forma que no es ningún otro de sus atributos. La verdadera libertad está en el amor de Dios que encontramos en Cristo Jesús (Juan 8:36).

Uno de los principios de cualquier forma de amor -sea por un amigo o románticamente-, es que tienes que perder tu independencia, para conseguir una mayor intimidad. Si quieres la libertad que produce el amor -realización, seguridad, aprecio-, tienes que limitar tu libertad de muchas maneras. No puedes entrar en una relación íntima, haciendo cosas sin contar con la otra persona -sea tu amigo o amante-. Para experimentar el gozo y la libertad del amor, tienes que renunciar a tu autonomía.

El ser humano sólo puede ser libre y tener una vida plena en relaciones de amor. A primera vista la relación con Dios puede parecer algo deshumanizadora. No parece reciproca. Él tiene todo el poder y nosotros nos tenemos que adaptar a Él y servirle. La cuestión es que aunque esto es cierto en la mayoría de las formas de religión, no es así en el cristianismo.

LA ENTREGA DE DIOS

El Evangelio nos presenta la entrega de Dios, que se adapta a nosotros en su encarnación y sacrificio. En Jesucristo Dios se limita haciéndose hombre, vulnerable al sufrimiento y a la muerte. En la cruz se somete a nuestra condición de pecadores, muriendo en nuestro lugar para perdonarnos. Si Él ha hecho eso por nosotros, no es extraño que ′el amor de Cristo nos constriña′ (2 Corintios 5:14), o sea nos motive…

Un amigo le preguntó una vez a C. S. Lewis: ′¿es fácil amar a Dios?′ Y él le contestó: ′es fácil para los que le aman′. Parece paradójico, pero es verdad. Cuando estás realmente enamorado de alguien, quieres agradar a esa persona. No esperas para preguntar qué puedes hacer por ella. Buscas y averiguas qué cosas le gustan, aunque no sea más que para darle pequeños regalos que muestren tu amor por ella.

Para un cristiano, es lo mismo con Jesús. ′El amor de Cristo nos constriñe′. Cuando te das cuenta lo que Jesús ha hecho por ti, no tienes miedo de darle tu libertad. Porque de ese modo encontrarás tu libertad en Él.

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