Castillo-Puche: Castillo-Puche, historia de una decepción

Madrid, 4 de agosto de 2005. La noticia del fallecimiento de mi antiguo profesor en la Universidad Complutense de Redacción Periodística, José Luis Castillo-Puche (1919-2004) me ha llenado de viejos recuerdos. Este escritor, amigo de Sender y Hemingway, no fue solamente el único docente que me dio una matricula de honor en mi mediocre carrera de Periodismo , sino tal vez una de las personas más extrañas que he conocido a lo largo de toda mi vida. Le veo ahora con su larga barba y melena blanca, recorriendo los largos pasillos de hormigón gris de mi Facultad, con su sombrero y su bastón… Todo en él era excéntrico, pero su indumentaria era como la de un viejo tirolés, perdido en una suiza tierra de nadie. Lo que pocos sabían es que toda su vida arrastraba el peso de una gran decepción con la iglesia católica-romana, que le llevó a abandonar su vocación de sacerdote, entrando en una crisis espiritual, de la que me atrevo decir que nunca se había recuperado.
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Nacido en Murcia, su extraña figura marca la literatura española de posguerra, desde que su primera novela fuera censurada en 1950. Sin camino es la historia de una vocación religiosa, que oscila ininterrumpidamente entre la duda y el deseo, en el siempre doloroso proceso que nos lleva a buscar nuestro propio lugar en este mundo. Es una obra realista, que muestra el complejo temperamento de Cástillo-Puche. Su libro pinta la vida en un seminario de jesuitas, con una galería de personajes que refleja un país en la más profunda miseria. Tremendos combates interiores desgarran secretamente al protagonista de esta obra, en la que se ve al propio autor luchando por consagrar su vida entera al servicio de Dios. Su fracaso le llevará a una gran decepción.

Su novela la publicó finalmente Emecé en Buenos Aires en 1956. Cuando uno la lee, una de las cosas que más te sorprende es descubrir entre todos aquellos seminaristas a una inglesita, ′que su padre era pastor protestante y estaba en la cárcel′. Por lo ′que nadie del pueblo se trataba con ellos′. A causa de ella ′se entabló la discusión sobre los protestantes′ (pág. 120). En aquellos días sin libertad religiosa, la preocupación de la iglesia católica-romana era si ′tendríamos a España dentro de unos años convertida en factoría de los protestantes′. Aunque algunos como Cástillo-Puche, parece que pensaban ya que ′unos pocos protestantes no nos vendrían mal′ (pág. 107).

Su poderosa narrativa tiene algo de desmesurado, tanto en su obsesión por esta crisis espiritual, como por su estilo bronco y apasionado. Su amplía obra es hoy difícil de encontrar, ya que se encuentra dispersa entre el periodismo, el ensayo y la ficción, pero ha sido sobre todo olvidada por una sociedad, que carece de lo que él llamaba una ′conciencia existencialista′. Aunque unos profesores de Murcia, José Belmonte y Rubén Cástillo, le dedicaron un homenaje el año pasado, editando una serie de estudios sobre su ya larga trayectoria, bajo el significativo titulo de El poso de la nada.

Su última obra, Roma, ramera y romera, publicada ahora por Tabla Rasa, es un libro póstumo, que esperaba fuera la segunda parte de una trilogía, que él llamaba Bestias, hombres, ángeles y había iniciado en 1986, con Los murciélagos no son pájaros. Su protagonista es un pintor en Roma, que busca captar la ′transrealidad′ de la vida, en una historia de intrigas, pasiones clericales y fanatismo religioso. Hay misteriosas asechanzas, extraños personajes, una rara aventura amorosa, muertes y sucesos poco explicables. Una mera anécdota para su interés de siempre, por una Roma espiritual y corrupta. Resulta por eso otra incursión más, agria y exaltada contra el catolicismo-romano, intentando eso sí, diferenciarlo de ese cristianismo basado en el amor, que él siempre buscaba y nada tenía que ver con todos esos trapicheos de la jerarquía eclesiástica y la Iglesia institucional. En esta ambientación de pesadilla aparecen otra vez esas inquietudes espirituales, que parecen hundirse en un pozo sin fondo, donde todo se confunde.

La tragedia de Cástillo-Puche es en definitiva la de una España insatisfecha con el catolicismo-romano, pero sin otra esperanza. Como para Unamuno, parece que en este país, sé es católico, ó no se es nada. No hay otra alternativa espiritual. El protestantismo para él sigue siendo cosa de ingleses. A pesar de que su vida refleja una profunda amargura, siempre marcada por su decepción con la iglesia. Sabía desde el principio que había protestantes en España, pero como se suele decir: ′si no creo en la iglesia católica, que es la única verdadera, ¿cómo voy a creer en cualquier otra?′…
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Comentario de Francisco

"Fue un escritor de Yecla (Murcia) y recientemente se ha creado una fundación que lleva su nombre en la que es posible encontrar toda su obra, o una gran parte de ella. http://www.laverdad.es/murcia/prensa/20061019/cultura_murcia/fundacion-castillo-puche-pone_20061019.html"

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