Bruce Springsteen: El sueño del Jefe

Madrid, 5 de marzo de 2005. La estrella americana de rock Bruce Springsteen, popularmente conocido como El Jefe, ha comenzado su gira europea con un concierto en Barcelona, junto a su ya mítico grupo, la E Street Band. En sus actuaciones presenta su disco homenaje a las víctimas del 11 de Septiembre. La canción que da título al álbum habla de un renacimiento, The Rising, por ′un sueño de vida′. Su protagonista, dice ′está en el río de la transición entre la vida y la muerte′.
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El Boss es un hombre de familia. Su vida demuestra en ese sentido que no es esencial al espíritu del rock la permisividad o las drogas. El trabaja con su mujer, y viaja con sus tres hijos. Y en cierto modo sigue usando el lenguaje que tenía cuando era monaguillo en una parroquia católica de Nueva Jersey. Su familia era de origen irlandés e italiano, por eso estudió en un colegio de monjas. No era particularmente religioso, pero asumió todo un vocabulario que sigue marcando muchas de sus canciones. Toda su obra de hecho es una búsqueda de redención. Por eso ′he intentado leer la Biblia un tiempo′, cuenta Springsteen en una entrevista, ′es fascinante, tiene grandes historias′.

El Jefe se dio a conocer con un disco llamado Nacido para correr (Born To Run, 1975), que él mismo describió como ′un álbum religioso, aunque divertido′. Nos presenta la mediocridad de la vida en una pequeña ciudad de provincias, que puede hacer a algunos ′dejar de vivir′. Sus canciones nacen de esos sueños rotos. Pero otros como él, muestran una pasión por trascender las circunstancias que les hacen vivir insatisfechos, rodeados de muerte, dolor y temor. Su huida en la oscuridad nace de una profunda convicción: hemos sido hechos para la gloria. Eso es lo que Agustín comprendió también cuando descubrió que ′el hombre ha sido hecho por Dios, y su corazón está siempre inquieto, hasta encontrar descanso en Él′. Por eso ′todos tenemos un corazón hambriento′, dice Springsteen, ′un hambre que no podemos resistir′.

En su disco del año 78, el jefe habla sobre La oscuridad al borde de la ciudad (Darkness On The Edge of Town). Describe nuestro mundo como ′tierras malas′, sobre las que escupe, como un lugar de exilio lejos del Paraíso. En Adán levantó un Caín nos da la razón. Hemos heredado los errores de nuestros antepasados: ′En la Biblia Caín mató a Abel / y fue expulsado al este del Edén / Naces a este vida pagando / por los pecados que otro hizo en el pasado′. Pero él no sabe como salir de ahí, y romper ese circulo de pecado. A veces parece cuestión de voluntad, otras es como si uno tuviera un sueño, y lo que nos falta es fuerzas para seguirlo. Pero lo que está claro es que ′tenemos que salir de este lugar / aunque sea la última cosa que hagamos / tenemos que salir de este lugar / porque, chica, tiene que haber una vida mejor para mí y para tí′.

Hay veces, que el cantante incluso suspira por ser limpio, usando la imagen evangélica del río, como tanto un lugar de bautismo, o la frontera final que nos separa de la tierra prometida. Así en Corriendo por la calle dice: ′Esta noche mi chica y yo / vamos a ir conduciendo hasta el mar / y lavarnos estos pecados de nuestras manos′. Hay una alienación que le hace sentirse extraño en esta tierra. Y es como si al reconocer esa esclavitud tuviera deseos de huir. Pero como ocurre tantas veces desde el origen del rock, son el coche o la guitarra los que se convierten en medios de redención.

′Alguna gente ora′, dice Springsteen, ′otras personas hacen música′. Y para él, el rock ha cambiado su vida: ′fue mi libertador′. Ese encuentro fue en cierto sentido su conversión. ′Con nueve años no podía imaginar a nadie que no quisiera ser Elvis Presley′, cuenta en una entrevista en 1983. Hay una historia que repite a menudo en sus conciertos sobre una visita a un cura buscando ayuda para decidir si quería ser abogado o sacerdote. Así Dios le dio un nuevo mandamiento, el onceavo: ′Es culpa de Moisés, se asustó después de diez, y bajó de la montaña′. Pero entonces: ′tenías que haberlo visto, hubo un gran espectáculo, truenos, relámpagos, y sólo dijo... ¡sea el rock!′.

Los coches de sus canciones están también sacramentalizados. No son meros medios de transporte, sino medios de gracia. ′Juro que he encontrado la llave del universo / en un motor de un viejo coche aparcado′, dice en Crecer, un tema de sus disco del año 73, Greetings from Asbury Park, New Jersey. No es ir en coche, es ′tener fe en tu máquina′ (Night). Ya no es recorrer las calles, sino ′atravesar mansiones de gloria′ (Born To Run). Teniendo un coche puedes escoger tu horizonte, canta en la Carretera del trueno: ′El Cielo está esperando bajando por ese camino / oh, oh, ven, toma mi mano / esta noche conduciremos a la tierra prometida′. Es el engaño escapista del personaje de la escritora católica sureña Flannery O´Connor en la novela Sangre Sabía: ′Cualquiera que tenga un buen coche no necesita justificación′.

Es evidente que la música de Springsteen intenta elevar a la gente, recordarles su dignidad. Pero al final de todo, cuando le quitas su poderoso lenguaje, y bajas el volumen, no queda más que pensamiento positivo. Es ′creer en ti mismo′. Dice: ′Creo en la esperanza que me puede salvar / creo en la fe / y oro por que alguien me levante / de estas malas tierras′ (Badlands). Pero fe, esperanza y oración, no es más que ′un sueño′. Hay no obstante momentos emocionantes, en canciones como la Mansión en el monte o La casa de mi padre en Nebraska (1982), donde suena como un auténtico hijo prodigo. Uno se conmueve al escucharle cantar como cae dormido en los brazos de su padre. Pero al despertar, se encuentra que ya no está. Nadie sabe dónde ha ido...

′La casa de mi padre brilla fuerte y luminosa / se levanta como un faro llamándome en la noche / me llama, y estoy tan frío y solo / ilumina esta carretera oscura, donde nuestros pecados quedan sin expiación alguna′ (My Father´s House). ¿No hay reconciliación posible?. Jesús nos dice que sí. El se ha entregado por nosotros, abriéndonos el camino al Padre. En su casa hay lugar para todo aquel que confía en Él. Aunque haya torres que se desplomen, hay un hogar eterno para todo aquellos que están en el camino, la verdad y la vida (Juan 14). Ningún sueño puede hacernos volver a nacer, pero sí el Espíritu de Dios (Jn. 3). ¡Mira la luz que se levanta sobre estas ′malas tierras′!. Nos anuncia una tierra prometida, una ciudad sobre un monte, más allá de estas ruinas... Es la casa del Padre, allí podemos encontrar morada, al final de la noche.

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