Salmo 137: Una nueva vida para Bob Marley

Barcelona, 29 de marzo de 2017. Ziggy Marley aseguró que las últimas palabras de su padre fueron estas: ′¡El dinero no puede comprar la vida!′. Eran unas palabras bastante bonitas para una camiseta, pero difíciles de imaginar en el lecho de muerte de Bob Marley. En su lecho de muerte del hospital University of Miami, según Judy Mowatt, Bob Marley se revolvía de dolor e invocaba el nombre de Jesús para que se lo llevase. Fue entonces cuando Rita Marley, sobresaltada, llamó a Judy Mowatt,... pero las dos jóvenes rastafaris ocultaron esos acontecimientos muchos años.
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Aquellos que hayáis vivido de cerca unos cuantos funerales, sabéis ya lo poco que le importa normalmente a la familia la última voluntad del que ha fallecido. Para que te pase eso no hace falta que seas una estrella del espectáculo, pero tratándose de Bob Marley había mucho en juego. Bob Marley había hecho grande el rastafarismo en todo el mundo y para la mayoría de los rastafaris el cristianismo era la religión del enemigo.

Judy Mowatt estaba convencida de que si estas últimas palabras se hubiesen conocido, muchos habrían querido lanzarse como él en los brazos del cristianismo. Rita Marley, además, todavía recibe diez millones de dólares americanos cada año del trabajo de Bob Marley; por lo que todos los que le rodeaban tenían buenas razones para seguir manteniendo oculta su apostasía.

Según Judy Mowatt, fue una enfermera cristiana del mismo hospital, quien se acercó para calmar y acompañar a Bob Marley durante esos últimos instantes. Algunos tienen la tendencia a dudar de una decisión hecha por conveniencia, como si pudiese haber alguna decisión que no sea interesada. La Biblia, al menos, deja claro que el hombre parte siempre de una situación de desventaja. ¿No fue acaso interesada la reflexión del bíblico hijo pródigo, poco antes de tomar su camino de vuelta a casa?: "Cuántos jornaleros en casa de mi padre -dijo para sí mismo- tienen abundancia de pan y yo aquí perezco de hambre!"

Bob Marley y la religión del opresor hombre blanco

Norval Sinclair Marley aseguraba que era capitán, judío de origen sirio que había sido enviado como capataz a unas plantaciones de Jamaica desde Essex, Inglaterra. No hay registros fiables de ese cargo de capitán, pero sí una mención a que se libró de luchar en el frente durante la Primera Guerra Mundial por su incontinencia de la orina.

Norval recorría aquellas fértiles colinas de Saint Ann, montado siempre a caballo como si fuese realmente alguien importante. Tenía más de 50 años cuando tuvo a Bob Marley de una de las trabajadoras que supervisaba: Cedella Booker. Cedella tenía alrededor de 16 años entonces, cantaba gospel en la iglesia y cuando nació Bob no volvió a ver al capitán.

Bob Marley hablaba muy poco de su padre, de quien había recibido poco más que el estigma de ser mulato. Creció con su madre en una zona empobrecida y superpoblada de iglesias que se enfrentaban entre sí. El biógrafo David Vlado Moskowitz asegura que la madre del músico había tratado de guiarle en un catolicismo tradicionalista, pero que tras el matrimonio con Rita en 1966 y su consecuente estancia en Estados Unidos, Bob Marley se posicionó claramente en contra de lo que reconoció como la religión del opresor hombre blanco.

Cuando volvió a Jamaica fijó sus ojos en la música de un grupo de ska formado también en el coro de la iglesia: Toots and the Maytals. Con 19 años Toots Hibbert llenaba sus canciones de afirmaciones piadosas sobre Jesús, pero con 50 años se había precipitado en un discurso ambivalente y sincretista propio de un entorno agitado como el de Jamaica.

Bob Marley se acostumbró a empezar sus actuaciones leyendo la Biblia y terminarlas con canciones como ′Get Up, Stand Up′, que eran jaques al cristianismo por no enfrentarse más activamente en la lucha contra la injusticia social. Había cosechado muchos frutos de aquella primera iniciativa cuando su disco ′Exodus′ fue nominado Disco del Siglo por Time Magazine. Como el hijo más joven de la parábola de Jesús, Bob Marley aprendió pronto lo que sí se puede comprar con dinero. ¡Y no estaba dispuesto a esperar en vano!

La vida junto a los ríos de Babilonia

Jesús no tenía dónde recostar su cabeza y para colmo decidió delegar a Judas Iscariote la administración del poco dinero que compartía con sus discípulos. Muchos en Jamaica pensaron que el emperador etíope Haile Selassie estaba más cerca de poder resolver los problemas económicos de su pueblo y comenzaron a darle culto como divinidad.

Bob Marley era estricto, cuidaba mucho de su cuerpo y agradecía que le tratasen como a un capitán. Era ambicioso, trabajador y llegado el momento negó a la prensa su matrimonio con Rita. El patrimonio de Bob Marley vale hoy un increíble billón de dólares americanos, pero ciertamente no tuvo tiempo de disfrutarlo.

Sus 11 hijos reconocidos de 7 diferentes mujeres nacieron los siguientes 14 años como prueba irrefutable de que el músico no se dedicó exclusivamente a pelear y ganar dinero. Lejos del discurso combativo que adoptó para vender su música en los países más desarrollados, su vida personal transcurría en realidad con el ritmo caribeño de preciosas canciones como ′Waiting in Vain′.

No era fácil verle con sus hijos pero le encantaba rodearse de mujeres por la noche, jugar al fútbol con sus amigos por el día y fumar marihuana Lambsbread mientras componía o leía la Biblia. Podías encontrarle continuamente leyendo hasta las copias que los Gedeones dejaban en los hoteles, pero su copia favorita de la Biblia era una traducción de King James, que había personalizado con fotografías del emperador etíope Haile Selassie.

Abuna Yesehaq Mandefro, arzobispo de Ethiopian Orthodox Church, había sido enviado a Jamaica por el emperador etíope Haile Selassie. Según el testimonio del arzobispo su misión era convencer a los rastafaris de que no debían adorar a la persona del emperador. Cuando Bob Marley se cruzó con Abuna Yesehaq Mandefro en 1980, el músico había sido diagnosticado de cáncer de piel y estaba bastante preocupado.

El final de la última gira

Después de dudar y frecuentar la Ethiopian Orthodox Church durante un año, según Rita Marley, su marido acudió al arzobispo para ser bautizado como cristiano el 4 de noviembre de 1980. Los testigos hablan de que pasó media hora llorando y celebrando una nueva vida más allá de la injusticia, la furia y la muerte que había visto debajo del Sol.

Bob Marley recibió ese día un nuevo nombre que lo vinculaba directamente con la exclusividad de la divinidad de Jesús: Berhane Selassie. Tommy Cowan, productor y músico jamaicano que también había trabajado con él, ha confirmado que ese acontecimiento llevó también a muchos otros de sus compañeros a reconsiderar la fe cristiana.

Ewart Walters, historiador jamaicano, destaca por encima de todas las pruebas que hay de la conversión de Bob Marley una en particular: ese interés en el Nuevo Testamento que ocupa las letras de sus últimas canciones. En su póstuma canción ′Redemption Song′ por ejemplo, Bob Marley abandona a todos los instrumentos eléctricos, todas las mántricas menciones a JAH y se concentra en la redención.

Cantar eso de ′tu vida es tu derecho′ en cada actuación, debía resultar menos creíble para todos a medida que el cáncer se extendía por todo su cuerpo. Bob Marley tuvo finalmente que interrumpir su última gira el 23 de septiembre de 1980. Al final apenas encontraba fuerzas para leer la Biblia, por lo que su madre y algunos amigos se turnaban para hacerlo por él. Su madre y su mujer le cantaban himnos junto a la cama del hospital y hacían oraciones junto a él, hasta que murió alrededor del mediodía del 11 de mayo de 1981.

Bob Marley era valiente y generoso. No había dejado testamento escrito pero durante su funeral las diferentes instituciones que le rodeaban, se lanzaron sobre el ataúd para incluir una de sus guitarras, un balón de fútbol, algo de marihuana y una Biblia abierta por el Salmo 23.

El regreso al futuro de la fe

Las recientes iglesias evangélicas que fundamentan la veracidad de su doctrina en función del tiempo que llevan abiertas, deberían considerar a la Iglesia Copta en Etiopía. Su fecha de fundación se remonta al 42 después de Cristo, lo que -si ese fuese el caso- dejaría en desventaja no sólo a la Iglesia Luterana sino incluso a la Iglesia Católica Romana.

En realidad durante los tiempos del Nuevo Testamento la iglesia no tenía nombre. Los cristianos eran entonces un molesto grupo de ateos bajo el punto de vista del Imperio Romano. A pesar de su falta de nombre y de la oposición del imperio que dominaba el mundo conocido, aquella nueva forma de fe incendiaba las comunidades judías de Etiopía o Siria, que es de donde procedía el abuelo paterno de Bob Marley.

Los registros hablan de que alrededor de 60.000 africanos fueron vendidos como esclavos por países de tradición cristiana como España o Inglaterra. No es que hubiesen inventado nada. Si retrocedemos aún más en el tiempo podemos recordar al caldeo Nabucodonosor II, que había ocupado la pequeña región de Judea durante Siglo VI antes de Cristo. Entonces el reincidente rey judío Sedequías había utilizado los ojos por última vez para ver masacrar a su familia. Miles de judíos fueron también llevados en cautiverio a un país lejano y desconocido para ellos, a Babilonia: ‘la tierra entre los ríos’ de los antiguos historiadores griegos, que ocupaba parte de lo que hoy conocemos como Siria.

Los judíos en tierra de extraños

Bob Marley le debe mucho de su sonido al productor jamaicano Lee "Scratch" Perry, pero el productor asegura con razón que el éxito se debía a que el músico "tenía el alma y el espíritu heridos". No fue Bob Marley sino los rastafaris Brent Dowe y Trevor McNaughton, del grupo The Melodians, los que compusieron la melodía que ha llevado el Salmo 137 a las pistas de baile, la radio y hasta los ascensores. Varios grupos religiosos utilizan la canción en sus ceremonias todavía hoy, pero la versión más conocida de esta canción es sin duda la del grupo Boney M. que fue editada en 1978 y permaneció como número 1 de las listas del Reino Unido durante cinco semanas.

El autor del Salmo 137 se muestra enfurecido contra su opresor en una línea que evoca claramente muchas de las canciones de Bob Marley como ′I shot the Sheriff′. El salmista lo escribió al volver de ese mencionado exilio. Estaba libre ya de la presión de esas circunstancias, por lo que algunos pueden pensar que podría haber omitido algunos detalles del final que lo hacen tan duro de leer. Es porque no omitió esos detalles que, todavía hoy muchos lectores no pueden dejar de leer el texto con cierta incredulidad:

Junto a los ríos de Babilonia,
Allí nos sentábamos, y aun llorábamos,
Acordándonos de Sion.
Sobre los sauces en medio de ella
Colgamos nuestras arpas.
Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos,
Y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo:
Cantadnos algunos de los cánticos de Sion.
¿Cómo cantaremos cántico de Jehová
En tierra de extraños?
Si me olvidare de ti, oh Jerusalén,
Pierda mi diestra su destreza.
Mi lengua se pegue a mi paladar,
Si de ti no me acordare;
Si no enalteciere a Jerusalén
Como preferente asunto de mi alegría.
Oh Jehová, recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén,
Cuando decían: Arrasadla, arrasadla
Hasta los cimientos.
Hija de Babilonia la desolada,
Bienaventurado el que te diere el pago
De lo que tú nos hiciste.
Dichoso el que tomare y estrellare tus niños
Contra la peña.

Los que nos pedían alegría

Hay cosas que no parecen haber cambiado tanto desde el Siglo VI antes de Cristo. El Salmo 137 muestra a las personas poniendo a la música al servicio de sus sentimientos. En unas circunstancias las intenciones son más elevadas y en otras más superficiales, pero en todas seguimos poniendo la música a nuestro servicio para nuestro propio provecho.

¿Por qué no aprovechó el salmista esa oportunidad de oro para hacer propaganda de su fe?, ¿no se supone que el temor de Dios debe producir alegría? ‘¡Los jóvenes -los jóvenes judíos, declaraba sin embargo el autor de Lamentaciones- dejaron sus canciones! Cesó el gozo de nuestro corazón. Nuestra danza se cambió en luto’.

No son pocas las similitudes de nuestra sociedad con la sociedad de Babilonia en aquel momento. Aun con sus pies de barro, Mesopotamia poseía en aquel momento un gran atractivo. Los judíos habían dejado una de las zonas más terriblemente empobrecidas de la tierra, para ocupar una civilización que aún hoy sorprende por sus tempranos avances culturales.

En Babilón, la ciudad más poderosa de su tiempo, se levantaba un zigurat de casi 100 metros de altura. Las puertas de la ciudad resplandecían con un renovado esplendor, recuperado tras cientos de años de decadencia. Sus gruesos muros no podían ofrecer mayor sensación de seguridad y comodidad al mismo Nabucodonosor II.

¿Qué mejores circunstancias podrían haber encontrado los babilonios para pedir canciones y alegría? Una enriquecida colonia de judíos aun permanecía en Babilonia después del nacimiento de Cristo, gracias a que con seguridad los judíos tenían libertad para pasear por esas cosmopolitas calles y abrazar a voluntad cualquier culto.

En aquellas circunstancias ciertamente podía ser más atractivo un culto como el de Babilonia, especialmente para muchos cautivos judíos que habían considerado el saqueo de su templo en Jerusalén como una derrota de Jehová. Dios había prometido poner su ‘nombre en ella para siempre′ según el Primer libro de Reyes 9,3 - pero ¿dónde estaba Dios entonces?

El silencio que rendimos a Jehová

¿Por qué dice el salmista que no podían cantar cánticos a Jehová? La supersticiosa idea de que los dioses no tenían la misma autoridad fuera de sus propios países, también afectaba el pensamiento de los judíos -como entendemos también del propio profeta Jonás. ¿No es cierto que aun después de la revelación del Nuevo Testamento, a veces nos resulta difícil creer que Dios está a nuestro lado en los momentos más difíciles?

Por lo que aquellos que deseaban permanecer firmes en su adoración al Dios de Israel, no debían encontrar demasiados motivos para alegrarse estando en Babilonia. ¿Acaso podía ser de otra manera, sabiendo que Jehová ya les había anticipado a través de Moisés en Deuteronomio 28,65 que: ′Ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; pues allí te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma′?

El Salmo 137 ya había sido evocado recurrentemente por los ingleses puritanos que huían de la opresión de la Iglesia Anglicana. La historia se repite continuamente. El cristiano se encuentra también hoy viviendo en tierra extraña, exiliado de su verdadera patria, envuelto en un mundo que comprende a duras penas y con el que encuentra difícil disfrutar. No obstante su Sión, su Jerusalén, su Nueva Jerusalén, no está construida de madera, piedra o mármol sino que es espiritual. Esta vez ningún poderoso monarca podrá derribar su ciudad santa.

A pesar de que la espera la hace acompañado de los demás exiliados, no es la distancia hasta el templo más cercano lo que les separa de esa nueva residencia. Les separa la muerte o el prometido regreso de su Señor. Es en esa esperanza donde los primeros cristianos, perseguidos, torturados y a menudo asesinados, encontraron motivos para levantar sus cantos.

El pago de lo que tú nos hiciste

La piadosa mente moderna no puede entender el final de este Salmo 137. ′Dichoso el que tomare y estrellare tus niños′ -escribe el salmista, para asombro de muchos de nosotros. Pero, pongámonos en contexto: ¿no es ′el que canta canciones al corazón afligido, como el que quita la ropa en tiempo de frío′ -como se dice en el capítulo 25 de Proverbios? ¿Qué no podría decirse de aquellos babilonios que además de pretender eso, cantar ′canciones al corazón afligido′, habían traído la más sangrienta de las destrucciones sobre la morada de su Dios, su pueblo, su familia y su propia vida?

El deseo de justicia toma diferentes matices, dependiendo a menudo del grado de dolor al que somos sometidos; y ciertamente puede ser subjetivo. Pero la historia y la Biblia nos confirman que ese oscuro deseo del salmista no estaba tan lejos de la voluntad de Dios. El rey de Media, Ciro el Persa, en el año 539 antes de Cristo, ocupó con sus tropas el imperio de los reyes caldeos y permitió el regreso de aquellos cautivos judíos. Ciro encajaba así a la perfección con el perfil de ese esperado y cruel vengador que se invoca al final del Salmo 137.

También el mismo profeta Isaías lo había previsto: ′He aquí que yo despierto contra ellos a los medos, que no se ocuparán de la plata, ni codiciarán oro. Con arco tirarán a los niños, y no tendrán misericordia del fruto del vientre, ni su ojo perdonará a los hijos′.

El final feliz de la Biblia

Los persas no eran perfectos como Jesús. Jesús es sin lugar a dudas el que traerá toda verdadera justicia sobre este mundo. Nosotros podemos engañarnos entre nosotros mismos, pero al final no podemos separar el amor y la justicia cuando hablamos de Jesús. ′He aquí yo vengo pronto, -decía el Señor Jesús- y mi galardón conmigo, a recompensar a cada uno según su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira′ - está escrito en Apocalipsis 22,12-15.

El rastafarismo enseña a sus seguidores a luchar por la justicia, tanto como a disfrutar de la vida. No es casualidad que sean dos de las asignaturas constantemente pendientes en la historia del cristianismo más ortodoxo. La Biblia termina con un banquete en una tierra y un cielo nuevos. Es en realidad una línea festiva, una abundancia en la vida que algunos confunden con exceso y que recorre toda la Biblia, sobre justos e injustos desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Yo puedo verla también en la vida de Bob Marley.

La copa del salmista no está simplemente llena, ¡está rebosando! Durante el Éxodo el pueblo podía comer el pan dulce que caía del cielo hasta reventar, ¡sin límites! Es una línea que continúa en las cestas de pan y peces que sobraban en el Nuevo Testamento o el vino en una boda cuando los comensales ya no podían distinguir los sabores.

Todo parece hablar al final de esa abundancia y de ese espléndido Dios. Y sobre todo: el padre que lo ofrece todo para celebrar el regreso de su hijo, sin omitir el banquete, la música y el baile - al que a todos invita, casi empujando. Quiera Dios que podamos seguir el ejemplo de ese padre cada día de nuestra vida.

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Comentario de S.moreno

"Muy buen artículo "

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