Antichrist: Un sueño muy oscuro

Barcelona, 22 de febrero de 2010. Los aplausos de unos pocos espectadores se vieron abrumadoramente ahogados por los abucheos del final de la proyección de la última película de Lars Von Trier, durante el festival de cine de Cannes. También la prensa y los blogs posteriormente han continuado generalizando la opinión de que la obra es deliberadamente provocativa: "No tengo que justificarme -respondía en la rueda de prensa. "Yo hago películas y esta es fruto de la voluntad de Dios. Además, yo soy el mejor director de cine del mundo".
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Lars Von Trier trataba de mostrarse seguro de si mismo ante las críticas pero lo cierto es que no había previsto esa reacción meses antes. Con 53 años, este director Noruego, hizo Antichrist para afrontar una depresión: "No estoy intentando decir nada... Es como un sueño convertido en película", agregó. "Es un sueño muy oscuro, sobre la culpa, el sexo y otras cosas". El sueño está lleno de imágenes bíblicas y esotéricas que no dignifican el sexo o la violencia sino que lo llevan al punto de lo grotesco. Los cuerpos esplicitamente austeros, desnudos y mutilados, tienen el claro objeto de producir repulsión; un rechazo muy similar al que debería producirnos las variadas formas de pecado, mostradas o no mostradas en la película. Formas que desgraciadamente en nuestro tiempo y civilización son especialmente objeto de burla o tabú. Podemos apenarnos del hambre en el mundo pero no podemos permitir que nos la muestren a la hora de comer. En esta, como en cualquier otra época, las personas que tratan de quebrantar las reglas son sólo una minoría marginada.

A diferencia de la historia de Cristo, la del Anticristo de Lars Von Trier comienza con la muerte de un niño. Con esta muerte en lugar de inaugurarse una era de paz, se rompe el idilio de una joven pareja en una analogía con la caída bíblica especialmente evidente cuando los dos tratan de volver a un lugar llamado Eden, donde intentan recuperar lo que han perdido. Pero entonces es demasiado tarde. Un enorme árbol podrido preside el jardín y las criaturas mueren al nacer. Como en la historia bíblica la culpa también enfrenta al hombre contra la mujer y viceversa. "Una mujer que llora es una mujer que conspira" -dice ella en la película. Pero el enfrentamiento es algo mutuo donde el orden de los factores no altera el producto. Sólo una lectura superficial como la que muchos han hecho del relato bíblico explicaría una misoginia explícita en la película.

El zorro, que es como la serpiente un símbolo del diablo por su astucia, aparece de entre los helechos al marido para advertirle que "reina el caos". No es casualidad que se lo diga a él, que tanto esfuerzo ha hecho por mantener el orden. A partir de ese momento hay un evidente aumento del delirio, la crueldad y la violencia. Alguien podría interpretar viendo la película que el mal es simplemente una respuesta natural al sufrimiento. Pero ¿qué fue primero el huevo o la gallina? La Biblia responde que lo primero fue el pecado y después el sufrimiento, es decir, primero se produce el mal que infringimos nosotros y luego el mal que sufrimos. Es, por eso, que Jesús no localizaba el pecado fuera sino en lo más intimo de las personas: "Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias" (Mt.15,19). Esa enseñanza bíblica es la que la esposa encuentra buscando justo la enseñanza contraria, en sus estudios sobre los juicios por brujería a las mujeres a lo largo de la historia.

La atracción de este director por las personas mentalmente dañadas, que no ha ocultado en la mayor parte de sus películas, reaparece también en ésta. La incapacidad que encuentran para ayudarles precisamente las personas que más las aman reaparece otra vez para recordárnoslo, como hacían cada hora los viejos relojes de pared. No en vano dice también la Biblia: "Maldito el hombre que confía en el hombre." Tras una esmerada búsqueda por encontrar al enemigo de su mujer, después de descartar al jardín de Edén, a la naturaleza y a Satanás, el protagonista descubre que su enemigo es realmente ella misma. A diferencia de ese Anticristo, Cristo -que es denominado también el último Adán- vino a vencer la muerte y hacer posible la paz. Sólo Dios mismo, que no es como nosotros, podría haber roto un círculo vicioso como el que acertadamente muestra Lars Von Trier. Pero esa historia, terrible y preciosa historia que aprovecho para recomendaros, no la cuenta Lars Von Trier sino los evangelistas.

Fue en esa esperanza que uno de los más terribles enemigos del cristianismo, convertido ya a esa misma fe que perseguía, podía decir una y otra vez aquello de que: "Sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados. Porque lo corruptible tiene que revestirse de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad. Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria.» «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!" (I Co.15)

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