Alexander McQueen: La penitencia de Jack el Destripador

Barcelona, 22 de enero de 2012. El 7 de mayo de 2007 la mansión de Isabella Blow en el condado de Gloucestershire se había llenado de invitados para otra habitual fiesta de fin de semana. Isabella se retiró anunciando que saldría de compras y poco después fue encontrada por su hermana en el suelo del cuarto de baño. Trataba una vez más de acabar con la angustiosa incapacidad de ′encontrar un hogar en un mundo al que había influenciado′.
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Isabella Blow había intentado ya quitarse la vida provocando accidentes de tráfico, ahogándose en el lago o tomando tranquilizantes para caballos, pero ese día consiguió lo que quería con Paraquat, un herbicida barato muy utilizado en el tercer mundo precisamente para quitarse la vida. Con 49 años era una prestigiosa editora de moda responsable del descubrimiento de Stella Tennant, Sophie Dahl o Alexander McQueen.

La formación de Jack el Destripador

Lee Alexander McQueen nació en Londres el 11 de marzo de 1969 en una casa de protección oficial. Su padre, un taxista escocés, quería que su hijo fuese electricista o fontanero pero Lee abandonó los estudios con 16 años y comenzó a perseguir su verdadera vocación como aprendiz en la tradicional sastrería de Savile Row. En Angels and Bermans, una compañía especializada en costura para la industria del teatro, dominó a la perfección seis métodos de corte del Siglo XVI que se convertirían en parte de su firma personal. Tras haber trabajado en Milán para Romeo Gigli, Alexander completó su formación con un Master en el Fashion Design del Central Saint Martin. Su muestra de 1992 titulada ′Jack the Ripper Stalks his Victims′ fue comprada en su totalidad por Isabella Blow quien, al mismo tiempo, pasó a ser una de sus mejores amigas.

En 10 años Alexander McQueen se había convertido en uno de los diseñadores más interesantes de las últimas dos décadas. ′No estoy interesado en gustar a la gente′ -decía a la prensa. Su apetito por la provocación le había llevado a mostrar a sus modelos con la apariencia de haber sido maltratadas. ′El suyo es un espectáculo duro de ver, pero al menos ofrece una solución a la crisis de identidad de la moda de Londres′ - escribía The New York Times.

′Yo diseño desde el lateral; de esa forma consigo el peor ángulo del cuerpo′ -declaraba Alexander McQueen. En ocasiones se hacían evidentes las alusiones a episodios históricos como las masacres de los ingleses en Escocia, a películas como las de Stanley Kubrick o a pintores como El Bosco. El estilo monstruoso de sus colecciones se convirtió en una de sus marcas personales.

Muerte para las víctimas

McQueen fue ganador del premio al diseñador británico del año durante cuatro años consecutivos pero sus disputas con sus compañeros, familiares e incluso con su propia amiga Isabella comenzaron a hacerse trágicamente habituales. Orgulloso de haber llevado el diseño a un punto en el que no había normas, declaraba sin embargo: ′Creo que gran parte del problema es que la evolución de la moda es demasiado rápida y de usar y tirar… No hay longanimidad′.

Su discurso era confuso y contradictorio. Unas veces creía estar siendo un canal de actividad creativa y otras un mero objeto utilitario para otros. ′Si tienes la suerte suficiente de poder utilizar algo que has visto en un sueño, eso es puramente original. Eso no está en ninguna otra parte del mundo, está sólo en tu cabeza. Creo que eso es impresionante′ -decía en unas ocasiones. ′No hay mejores diseños que los de la naturaleza′... -decía en otras. ′Desde el cielo al infierno y vuelta a empezar, la vida es bastante graciosa. La belleza procede de los lugares más extraños e incluso de los más desagradables′.

Isabella Blow, descorazonada por el fracaso de sus ocho intentos de inseminación artificial, abandona a su marido y establece en esta misma época una relación con un gondolero de Venecia. "Éramos como un par de frutas exóticas que no pueden reproducirse cuando están juntas" - decía a la prensa sobre su matrimonio. Alexander McQueen, por su lado, que estaba acostumbrado a vestir a las celebridades tanto del mundo del espectáculo como del mundo de la política como Mikhail Gorbachev o el Príncipe Charles, fue preguntado por un periodista en una ocasión: ′Si pudieses elegir vestir a alguien en el mundo, ¿a quién elegirías?′. ′Oh, Dios mío, no. Siendo ateo y anti-monárquico, ¿por qué iba a querer poner a alguien en el pedestal′ -contestó.

Su madre, Joyce, por quien sentía especial afecto, murió a los 75 años el 2 de febrero de 2010, después de haber sufrido cáncer durante mucho tiempo. ′La vida debe seguir′ escribía terriblemente afectado en Twitter mientras aguardaba el día de su funeral. Unas horas antes del señalado acontecimiento, el 11 de febrero, en su apartamento de Green Street, buscaba en Internet "cuánto tarda alguien en morir cuando se corta las venas". Poco después su frío cuerpo colgaba del armario y en una nota dejada a los mayordomos se podía leer: ′Lo siento… Por favor cuidad de mis perros. Lo siento… Os quiere… Lee′.

Vida para los desgraciados

En su póstuma exhibición titulada ′Savage Beauty′, Alexander McQueen continuaba destacándose por su preocupación por el bien y el mal. Según el Dr. Knapman, su paciente tenía un historial clínico que hablaba muy claramente sobre su deseo de autolesionarse. No hay que ser muy sabio para darse cuenta de que castigarse a uno mismo es mucho más fácil que resolver el problema del bien y del mal.

La penitencia, como forma de búsqueda de la redención, que a menudo había visto en cuadros medievales como los de El Bosco no es algo exclusivo de una época o una religión. La buena noticia de Jesucristo pone remedio a este círculo vicioso de locura y muerte. Él sí es capaz de conseguir para nosotros aquello, que ni siquiera nuestro más profundo egoísmo, ni siquiera cuando nuestro egoísmo está dotado con los más poderosos privilegios, es capaz de conseguir en beneficio nuestro.

Es por eso que en el Evangelio es la prostituta, sin una gran vocación, sin formación, sin recursos, sin palabras ni grandes ni pequeñas, quien vuelve a casa en paz; y es el elocuente y religioso joven rico quien vuelve atormentado.

Cuándo estamos cansados de buscar en nuestras propias fuerzas aquello que queremos que nos de la redención, cuando descubrimos que todos nuestros esfuerzos han sido inútiles, Jesucristo permanece firme. Donde nosotros no somos capaces de mostrar perdón ni siquiera para nosotros mismos, Jesús se inclina a nosotros recordándonos que es precisamente en nuestra desgracia cuando somos invitados a su banquete.

Comiendo en la misma mesa que unos religiosos que se creían justos, Jesucristo les contó esta historia: ′Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.′

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