Albert Camus: Un existencialista hastiado

Madrid, 29 de septiembre de 2010. Hace ya medio siglo que murió Albert Camus (1913-1960) en un extraño accidente de tráfico. Se han publicado ahora bastantes libros en torno a este filósofo que recibió el Premio Nobel de Literatura. Uno de los más sorprendentes es el del pastor metodista Howard Mumma, que cuenta su relación con el pensador francés justo antes de morir, cuando asistía a la iglesia protestante americana de París. El autor de El existencialista hastiado pretende nada menos que Camus solicitó el bautismo, poco antes de estrellarse el coche en que acompañaba a su editor -Gallimard-, cuando podía haberse vuelto en tren a París con un billete que llevaba en el bolsillo. ¡Extraños misterios de la Providencia!
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′Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé…′ ¿Quién puede dejar la lectura de un libro que comienza así? La novela El extranjero se desarrolla en el país donde nació Camus -la actual Argelia-, cuando era todavía una colonia francesa. El manuscrito que llevaba con él cuando murió -El primer hombre- reconstruye aquellos años de niñez y adolescencia…

El padre de Camus era un agricultor, que se murió al año siguiente de nacer él. Se cría por lo tanto con su madre en Argel en casa de su abuela. Ella era de Menorca. Aunque era analfabeta y prácticamente sorda, trabajaba hasta la extenuación para mantener a sus dos hijos. ′La pobreza -decía el escritor- no me ha enseñado el resentimiento, sino al contrario, una cierta fidelidad y una muda tenacidad′.

Albert estudia mucho desde pequeño. Destaca tanto en el colegio, que su profesor le ayuda a conseguir una beca para estudiar el bachillerato. Su abuela se opone a ello, pero el maestro logra convencerla, haciendo que Camus trabaje durante el verano. El filósofo se acuerda por eso siempre de su profesor, a quien considera como un padre y le dedica el Premio Nobel en 1957.

EXTRANJERO DE SÍ MISMO

Camus era un buscador. Como sus admirados Agustín y Pascal, tenía un corazón inquieto que no se contentaba con respuestas fáciles a las cuestiones fundamentales de la vida humana, pero estaba abierto al milagro de la gracia. Desilusionado y exhausto, espera encontrar un sentido a su vida, tras la separación de su mujer -con la que se había casado a los 21 años, sin que fuera realmente correspondido por ella- y el abandono del Partido Comunista -al que se había afiliado dos años antes, en los que constata la incoherencia entre el ideal y la práctica política, como el protagonista de La peste, Tarrou-.

′A menudo leo que soy ateo′, dice Camus. ′Oigo hablar de mi ateísmo, pero esas palabras no me dicen nada, no tienen sentido para mí′, escribe en 1954. Como el Calígula de su obra, siente ′la necesidad de lo imposible′, pues ′las cosas, tal como son, no me parecen satisfactorias′. Aunque considera la existencia como absurda, se rebela frente a ello con nostalgia por una inocencia perdida y un sentido de justicia.

En sus cuadernos habla de tres periodos en su pensamiento, relacionados con distintos mitos griegos: el absurdo (Sísifo), la rebeldía (Prometeo) y la justicia (Némesis). Al principio piensa que la situación de desgracia en que vive el hombre -causada por la injusticia- ha de ser afrontada y resuelta por el hombre mismo. Hasta que como Prometeo, se ve impotente en su lucha para suprimir las injusticias de este mundo, puesto que no puede impedir que los males se extiendan.

Cuando Camus conoce al pastor Mumma, dice: ′Durante mucho tiempo creí que el universo mismo era fuente de sentido, pero ahora he perdido toda confianza en su racionalidad. Mientras que siempre confié en el universo y en la humanidad en abstracto, la experiencia hizo que, en la práctica, empezara a perder fe en su sentido. Me he equivocado de una forma espantosa. Soy un hombre desilusionado y exhausto. He perdido la fe, he perdido la esperanza. ¿Es algo extraordinario que yo a mi edad, esté buscando algo en lo que creer? Es imposible vivir una vida sin sentido.′

ATEO PRACTICANTE

En una conocida conferencia a los dominicos en 1947, Camus dice que no es que afirme que la verdad cristiana es ilusoria, es que ni siquiera ′ha podido ingresar en ella′. El profesor de la Universidad católica Francisco de Vitoria, José Ángel Agejas -que ha editado el libro del pastor Mumma- cree que el filósofo nunca vivió la fe católica en que fue bautizado, porque en su casa no había práctica religiosa. Desde su juventud se considera un ′ateo practicante′.

′La religión no ocupaba lugar en la familia′, dice en su obra póstuma, El primer hombre. La madre nunca hablaba de Dios - ′esa palabra, a decir verdad, jamás la había oído pronunciar durante su infancia, y a él mismo le traía sin cuidado′ -. Considera que ′para ellos, como para la mayoría de los argelinos, la religión formaba parte de la vida social y sólo de ella′. Para él, ′se era católico como se es francés, y ello obliga a un cierto número de ritos, a decir verdad, exactamente cuatro: el bautismo, la primera comunión, el matrimonio y los últimos sacramentos′. Y ′entre esas ceremonias, forzosamente muy espaciadas, uno se ocupaba de otras cosas, y ante todo, de sobrevivir′.

La descripción de Camus es perfectamente comprensible para cualquier persona que se haya educado en un contexto católico tradicional en cualquier país latino. La abuela convence al párroco de que el escritor haga la primera comunión antes de estudiar bachillerato, pero como no tenía tiempo de ir a catequesis, recibe un mes de instrucción acelerada. Se enfrenta a ′un misterio sin nombre en el que las personas divinamente nombradas y rigurosamente definidas por el catecismo no tenían nada que hacer ni que ver′. El escritor identifica a la religión con la iglesia católica, y a esta con una estructura social y de poder, que nunca había hecho realmente suya.

ACERCAMIENTO A LA FE

′¿Cómo se puede vivir sin gracia y sin justicia?′, se pregunta Camus. La materia sola no puede más que sumir al hombre en el hastío y la insatisfacción. Cuando Camus publicó La caída en 1956, muchos pensaron que el famoso filósofo ateo estaba a punto de convertirse al cristianismo -dice el crítico francés Alain Costes-. Su acercamiento a la fe se vio sin embargo frustrado por su decepción con el catolicismo-romano. Según un cura llamado Lepp -que había sido marxista-, el conflicto vino porque algunos amigos suyos se enfrentaron a la Iglesia como institución. Lo cierto es que un día apareció en un culto protestante, en el edificio neo-gótico que había desde la Primera Guerra Mundial en pleno Quai d´Orsay.

Esta iglesia americana en la ribera del Sena era famosa por sus conciertos de órgano. Atraía a estudiantes de La Sorbona, turistas americanos, personal de la OTAN, políticos de paso y algunos embajadores, pero también muchos aficionados a la música. La iglesia tenía entonces un famoso organista llamado Marcel Dupré. Cuando el pastor Mumma llega a París, las reuniones estaban llenas, pero al desaparecer el músico, el local se llenó de sitios vacíos. No tardó en distinguir entre ellos a alguien tan conocido, que al acabar el culto, le rodeaba la gente, ofreciéndole el boletín de la iglesia para que le firmara un autógrafo.

Después de cuatro domingos, Camus mismo se presentó al predicador, proponiéndole comer un día con él. El pastor venía de Springfield (Ohio, EE.UU.) y sabía poco francés. Era atendido por un conserje español llamado Juan, que había venido como refugiado de la guerra civil. En la iglesia todos le conocían como Jacques. El escritor no tardó tampoco en hacer amistad con él.

El filósofo tenía la mala costumbre -desde la primera vez que vino a buscar al pastor- de aparcar el coche delante del edificio, en medio de este bulevar, que tenía mucho movimiento. Lo dejaba en marcha y corría a la secretaría de la iglesia, para que avisaran al predicador. Camus solía llevar siempre sombrero y gafas oscuras. Conocía muchos pequeños restaurantes en los alrededores, donde podían comer en un lugar reservado y tener largas conversaciones en inglés.

EL PROBLEMA DEL MAL

El pastor tenía una educación liberal. Había estudiado en Yale y estaba familiarizado con la filosofía contemporánea. Camus le confesó que al principio vino la iglesia por la música, pero que estaba ′buscando algo′ que no estaba ′seguro de poder siquiera definir′. Veía un ′conflicto entre la necesidad humana y el silencio del universo′, que ′ha producido un sentimiento profundo de alienación y exilio en los seres humanos′.

El problema al que se enfrenta Camus una y otra vez en las conversaciones con el pastor, es la existencia del mal. Le era imposible reconciliar la idea de un Dios bueno y todopoderoso con la realidad del mal en el mundo. ′Si hay un Dios, ¿por qué permite que tantos inocentes se retuerzan en agonía?′, le pregunta el filósofo. El pastor no le responde, pero simpatiza con su frustración y le confiesa su propia incapacidad para explicar el mundo.

A pesar de no haber podido responder sus preguntas, Camus continuó yendo a la iglesia. Se sentaba al final con gafas de sol. Y a veces se iba antes de terminar el culto, sin saludar a la salida. Mumma se empezó a preguntar si le estaba evitando, cuando un día volvió a aparecer con el coche delante de la iglesia. Le llevó a un pequeño restaurante de Montmartre -Le Coq, uno de sus sitios favoritos-. Al acabar la comida, sacó del bolsillo unos papeles con sus notas sobre sus sermones. Uno a uno, empezó a preguntarle por las cosas que había dicho y la literalidad del relato bíblico.

Es ahí donde la mayor parte de los evangélicos se sienten incómodos con el libro de Mumma. El pastor no cree en la historicidad del relato bíblico del Edén. Ve la historia de Adán y Eva como una parábola sobre el origen de la conciencia. Su visión de la Escritura es típicamente neo-ortodoxa. La Biblia es ′la Palabra′, pero ′no las palabras de Dios′. Eso quiere decir -según Mumma- que es ′un documento fiable, aunque no infalible, sobre el carácter de Dios y su relación con la raza humana y todos sus miembros′. Aunque le regala una traducción francesa de la Biblia para leer…

No es extraño que el escritor dijera: ′Hay palabras que no he comprendido nunca, pecado es una de ellas′. Porque el Evangelio es algo incomprensible, tal y cómo lo explica Mumma. Camus sin embargo está entusiasmado por la fe que ve en su amiga Simone Weil. Según le dice al pastor, para ella, ′la más alta felicidad de un ser humano consiste en la contemplación de la verdad eterna′.

ENCUENTRO CON SARTRE

Curiosamente, un día Mumma se encuentra con Sartre, que le invita a su casa con Simone de Beauvoir, que se queda escuchando. El autor de El ser y la nada, le explica que ′Francia es nominalmente católica, pero en realidad es pagana′. Y le pide que le hable de su iglesia, porque nunca ha escuchado nada sobre ella. Las diferencias con Camus pronto se hacen evidentes.

Sartre cree que no hay ningún dios. Sólo los seres humanos tienen una existencia que va más allá de la materia. Cuando Mumma le pregunta de dónde viene esa naturaleza, él se molesta, cortando la conversación. La idea de Sartre de moralidad le resulta totalmente relativista. Si el individuo decide libremente cómo quiere vivir, no hay ningún principio que nos diga lo que está bien y lo que está mal.

Para el pastor, Sartre es un hombre que cree haber encontrado la libertad en un universo sin Dios, mientras que Camus la busca en una lucha constante. ′La fe es -para el autor de La peste- menos una paz, que una esperanza trágica′. Un día le pregunta al predicador qué es eso de nacer de nuevo (Juan 3). Mumma le contesta que ′entrar de nuevo o por primera vez, en un proceso de crecimiento espiritual′. Es ′recibir perdón, porque has pedido a Dios que perdone todos tus pecados′ -le explica el predicador metodista-.

Con semejante claridad, no es extraño que en cierta ocasión Camus mostrara interés por el bautismo -′un compromiso simbólico con Dios′, según Mumma-. Según el pastor, el escritor le dijo un día: ′Estoy dispuesto, lo quiero′. Parece que la intención del filósofo era un bautismo privado. Algo que rechaza el pastor, primero porque reconoce el bautismo católico. Le dice que el bautismo es algo que se hace una sola vez. Aunque está dispuesto a confirmar su fe en la iglesia el verano siguiente, cuando haya estudiado un poco más y esté algo más preparado.

UN DESENLACE TRÁGICO

Aunque uno no logra simpatizar del todo con el pastor, el final del libro resulta emocionante. Cuando Mumma regresa a Estados Unidos, Camus le pregunta si le puede llevar al aeropuerto. Él le contesta que algunos miembros del personal de la iglesia se quieren despedir de él, pero le propone encontrarse con él allí. Descubre al escritor en el aparcamiento, que ha traído a la familia del conserje español en el coche. Camus le abraza y le mira detenidamente, antes de decirle: ′Amigo mío, mon chéri, gracias… ¡voy a seguir luchando por alcanzar la fe!′

Unos meses después, el 4 de enero de 1960, Camus está fuera de París con un billete de tren en el bolsillo -para regresar con su familia-, cuando su amigo, el editor Michel Gallimard, le ofrece volver con él en el coche. Aunque era un auto deportivo -un Facel-Vega-, Gallimard no iba demasiado rápido. La carretera que pasa por el pueblo de Villeblevin, cerca de Sens, es ancha y recta. El suelo no estaba mojado esa noche, pero el coche sin embargo se desvía, estrellándose contra un árbol, tras golpear otro. Gallimard queda herido, muriendo pocos días después. Camus sin embargo fallece inmediatamente. Tenía 46 años -la edad con la que escribo yo estas líneas-.

Mumma volvió a París unos años después y pasó con el coche por el árbol donde Camus se mató. Mucha gente se para allí para mirar, aunque no hay en él ninguna marca. No se ve que le falte ni un trozo de corteza. El pastor se lamenta entonces por su fracaso en devolver la fe al escritor, pero la pregunta es ¿cuál fe? El esperaba que la suficiente para evitar, lo que para él era un suicidio.

NADA HAY IMPOSIBLE PARA DIOS

Una de las grandes cosas que nos enseña la Biblia es que no hay un tipo de personas que estén más predispuestas que otras a ser cristianas. Todos estamos igualmente muertos e insensibles a las cosas de Dios (Efesios 2:1). Lo que no nos excusa delante de Dios. Somos culpables ante Él. El Evangelio nos presenta sin embargo cómo por Cristo Jesús, lo que es imposible para nosotros, es posible para Dios.

Nadie está demasiado lejos de Dios, como para no poder encontrarle. Cuando como pecadores desesperados, vivimos en este valle de muerte, nuestra única esperanza está en un Dios que se complace en una sola cosa que le podamos ofrecer: nuestra sed. La única forma que nos podemos acercar a Él es para recibir, no para darle algo. Porque la fe es un regalo (Ef. 2:8) de la misericordia de Dios (v. 4).

El Evangelio trae esperanza a aquellos que, como Camus, han llegado a perder toda esperanza. No sabemos qué pasó realmente la noche que murió, pero confiamos que ese Dios de toda gracia, cuyos caminos son inescrutables, le mostrara su gracia en esos momentos.

La respuesta que Dios exige de nosotros a sus buenas noticias, es en sí misma una buena noticia. El Evangelio no sería buena noticia si Dios nos ofreciera su salvación en Cristo, demandando a continuación que lleváramos una carga insoportable en un yugo intolerable. Creemos en un Dios que se deleita, no en hacer demandas, sino en satisfacer necesidades

Nuestro testimonio a veces -como el de Mumma- deja mucho que desear. No tenemos respuestas a todas las preguntas, menos aún para el misterio del mal. Y sin embargo confiamos que el Dios que nos habla por medio de Cristo crucificado, no es indiferente a nuestro mal -ni al del mundo que nos rodea-, sino que está dispuesto a dar todo -hasta su propio Hijo-, para que todo aquel que en Él crea, tenga vida eterna (Juan 3:16). ¿Confiaremos en ese Dios? Porque esa fe es la que nos salva.

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Comentario de josué

"Un Gran ejemplo de que los conceptos filosóficos sin Dios no llevan a nada, solo ahondan más el vacío del hombre pecador. La filosofía es pérdida de tiempo, la palabra de Dios es provecho total."

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Comentario de angra84

"Creo que no está de ms que deje mis palabras en esta gran pagina, ya que, a modo personal, en el momento en que decido leer publicaciones en esta pagina sobre autores y cosas interesantes, es porque en este preciso instante después de haber terminado una relación de casi 8 años con una persona que sin duda dejó una gran huella en mi, que ser casi imborrable de toda mi esencia, me siento triste, sin ilusiones, sin esperanza, sin fé, y es por eso, que deambulare por la vida de ahora en adelante en busca de esa fe, esperanza e ilusiones que me fueron arrebatadas por el amor. Ya lo veía venir, TANTO AMOR ME MATARÁ. A todas estas muchas gracias."

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